En el oscuro bosque emití voces de lejanas sombras: cerré los ojos como despertando al cansancio, evoqué tiernos abismos que llevaban a los más tristes y glaucos ríos en los que el poema languidece: (aguas tan mojadas que ya no pueden ser más aguas) (y tan bosque es el bosque que ya no cabe en sí mismo). Ahuecada fue la noche en la que penetraron mis palabras, irguiendo altares de tinieblas, desde donde canté para las flores marchitas, canciones de abismo que crearon (penumbras tan sonoras que apenas y serán penumbras), -canciones- que se abren paso por el bosque, donde todos los ríos llevan al mismo lugar, donde todas las muertes son mi muerte. Y como naciendo a la muerte, he cerrado los ojos.

Matías Castillo, Lingüística y Literatura hispánica. BUAP