Yo vivo en Las Colinas; el corazón del mundo
palpitante y ubérrimo. Aquí vivo yo.
Permeable tierra de gloria, como las lluvias,
todo lo cubre. Yo vivo en Las Colonias.

Soy dueño de la tierra, soy dueño de los hombres.
Siembro azúcar, maíz, cacao, tabaco. Soy dueño
de la tierra. Mis esclavos, indios y negros, aman
su trabajo; sudan su alma y fatigan su carne.

Soy dueño de los hombres. Admiro sus espaldas
laceradas, su estoica sumisión. Todos ellos son míos.
Me pertenece esta tierra y me pertenecen sus hombres.
Mi parcela es todas las parcelas. La piel sureña y

africana goza el yugo dado, y sonríen ante el Sol.
El Sol que bendice mis valles y montañas. El Sol
que me mostró el oro de los incas y me hizo
dueño de la plata. Plata que está en mis cubiertos,

en mis espuelas, en mis dedos y en mis putas.
Adoro a mis putas. No se cansan de engendrar bastardos.
Ellos nunca serán dueños de nada. Para ellos la infelicidad,
para ellos las revoluciones de otros bastardos.

La mañana aparta la bruma y estalla el día
sobre el Zócalo, la catedral y estas calles que son
Las Colonias. Mi negra abandona el cuarto. Mi mulata
hace el desayuno y me lo trae a la mesa. La adoro.

La Habana, allá lejos, también ya ha despertado.
Desde Cartagena de Indias El Caribe brama, es iluminado.
Los Colonos de la Nueva España fumamos tabaco
y vemos al sol erguido sobre el cielo: nosotros lo hacemos
sobre América, las Indias nuestras.

Zahid Oliver Vargas, Lingüística y Literatura hispánica. BUAP

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