Galopo el corcel de Napoleón
y con la astucia de Morelos
me dedico a conquistar mi libertad.
Yo; preso del pesimismo de mi país,
la ideología con la que crecí,
mi infantil comportamiento;
me veo obligado a hacer algo radical,
me veo obligado a escribir.

La libertad es un camino solitario
pero no lo es el de las letras,
libre me pienso al escribir de amor,
pero ¿realmente lo soy
cuando escribo de alguna Dulcinea?
Ta vez lo sea por el hecho
de escribir lo que quiero
pero en prisionero de los recuerdos me convierto.

Por esta duda dejo el corcel de Napoléon
y decido montar a Rocinante,
pienso en gigantes y doncellas,
dragones, quimeras y ciudades
sepultadas por algo que no sé qué es
pero sé que no existe.

Soy un libre caballero andante
que por arma tiene un bolígrafo
y por escudo un poemario de Sabines.
en este momento pierdo mi libertad,
preso soy de un mundo fantástico
y de una vida que no soñé
y por lo tanto, no existe.

Libre de qué podré ser
si no me permito ser libre,
libre grito que libertad quiero
pero libertad le niego
a mi libre voz y a mis libres letras,
libre lo deseo y libremente lo niego
pero libremente amo
la libertad que libre detesto,
creo que eso me libera
de la libertad que preso me tiene.

Libre quiero decir que libremente
encontré en este manifiesto
la libertad que preso me tenía
y me libero de esta libertad rutinaria.

José María Campos Mata, Lingüística y Literatura hispánica. BUAP