No,

no regresará mi juventud.

Encanecen ahora en mi pecho las auroras que sembraron tus besos,
soy ahora la piel desterrada de caricias, soy los zapatos rotos,
el viento que anuncia la llegada del invierno.

La soledad atraviesa mi cuerpo como un rayo silencioso.
En mi corazón crece un vendaval de hojas que arrastran lluvia.

Recuerdo,

añoro lo no vivido,

las calles de la infancia

como un columpio en medio de dos abismos,
las faldas de los colegios con su atardecer de trino,
las lenguas encendidas por la luna
que el aire repartió entre tus muslos.

El amor envejece más tiernamente.

Poco a poco se va quebrando.

En las exhalaciones de las gotas que el sol derrama,
en el crepitar de las alondras que se toman de la mano,
en los suspiros de los cuerpos ahogados por la noche,
en tus pechos de naufragios sobre la tierra,
en tu tierra de mares y ríos y tempestades,
en el dulce abismo de tu vientre

que no volveré a penetrar.

Jamás mi juventud regresará.

Iván Zurita. Lengua y Literaturas Hispánicas. FES Acatlán UNAM.