I

¿Qué harás al respecto? Preguntó…

Y el año comienza contando sus trecientos sesenta y cinco días que cuenta diariamente

La conformidad provoca el trastorno de los seres ausentes.

El cielo convierte un mar reflejado en estereotipos de tiempo y derechos bien conservados

Sin pensarlo, caigo cuando subo. Mi rabia de encender una luz se encierra debajo de una ciudad caótica, inexperta.

Porque ya no gritan, ya no corren, ni caen divagando, tan solo se quedan ahí, viéndose morir, sentados, viéndose morir.

II

Quien fuese yo para interrogar y no preguntar, quien fuese yo para saber lo que no se sabe, quien mejor que yo para contestar a la cuestión, sin más que decir “no se” a lo que ya acepté, no salgo a dar cara ni palabra, sin frente ni espalda.

(Conformismo, nos quitas la pena/ clasismo, nos quitas la bendita lluvia ciega

Ya ni los niños salen a vagar, ya, ni los muertos salen a matar, los amantes no salen nunca amar sino a desconsolar.

Cada quien se va por su cada cuanto)

 

Olvidaron mencionar que avanzamos lo que caminamos, sin pies desgastados entramos de noche, bienvenido seas ciudadano a la ciudad del sueño frustrado, bienvenido seas ciudadano a tu noche de miseria y engaño.

Bendito seas ciudadano a tu conformismo inhumano.

III

¿Qué opinas ahora?

Quizá, en el breve intento de sentirnos presentes nos esforcemos por una causa Una mínima causa, una causa diminuta que nos atrape un sentir de aliento Un colapso de viento que sacie las ganas de vernos perfectos.

 

¿Qué te parece?

Llenemos las calles de ataduras cortantes, que engañen con gestos de profetas pensantes Sucios hablantes, malditos caminantes, caritas de persuasión, gemidos de excitación y frustración.

La cuestión es: ¿Dónde comienza a ser grande? Que palpite seres laxantes y expulse las habitaciones de diamantes, que comience a ser un encierro, un destierro, un abrazo colgante, un beso que pretenda amar al que sabe jugar.

Ahora pues, me doy cuenta que el conformismo no es grito desesperado, es el hecho que me forma para consolarlo y terriblemente es real. Peor aún, con repentinas vistas de impulso y espasmos.

Me dice entonces: -¿Qué harás al respecto?

 

Por Sebastián Ríos

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