Por Renata Tapia

Me pone triste enterarme que ya hace un tiempo has dejado de buscarme porque sabes que estoy cayendo por ti. Sé que no soy la única persona en tú vida y vivo aparentando que así es. Hasta tú has de saber cuántos viven de deseos que sabes de sobra producir. Sé que no soy el único que te habla con cariño, ni el único que anda a la espera de tú llegada. ¡Ah pero qué pérdida de tiempo dicen que es la mía! Porque puede haber compañías más gratas con quiénes puedas compartir tú día, que han de darte su abrigo y comprarte de vez en cuando flores o esos dulces de anís que tanto adoras. Ah y yo cómo te adoro.

Algo me dice que tus dedos se entrelazan de manera natural entre los míos, que conmigo todo se te hace más fácil y que a veces te aburre. Hasta sé cuándo y cómo te invades de recuerdos, qué bonito cuando se te llenan los ojos de eso. ¡Cuántas cosas no sé de ti!

Se me ocurre precipitadamente salir a encontrarte dónde sé que estarás siempre. Preguntarte cómo han estado tus días y decirte cuánto te he echado de menos. Pero no tengo permitido amarte por completo. ¿Por qué sigues sin querer verme sin peros? Qué difícil lo haces, te despides siempre de mí con un beso y me dejas como anzuelo en la boca algo que no te quiere dejar ir. Te has vuelto tan ingrata estos días que has recibido todo y yo que casi no tengo nada que darte sigo con eso que te hace, gracias al cielo, regresar a mí.