Por Renata Tapia

 

No recordaba jacarandas en febrero,

ni pisos mojados,

ni sueños morados,

ni luces eternas.

Qué bonito cielo aborregado,

Qué fría esta pared de mármol,

¿A qué sabe el helado sin sol?

 

No recordaba el silencio de dos desconocidos

que inventan que se saludan,

que se despiden,

que se atraviesan.

 

No recordaba el otoño

de dos veranos con prisa,

de dos anclas perdidas,

que en una banca,

se hirieron y perdieron

cuando fue antes todo risa.

 

Qué risa,

mi memoria funciona mejor si escribo,

si te escribo.

Hace que todo regrese al principio,

y el olvido ya no es más olvido.

 

Como si los domingos pensando,

las cosas que hemos vivido de pronto no hubieran pasado,

Y sólo tengo esta clase de presagio,

en el que lo sé todo y me tapo los ojos,

para no mirar lo que fuimos,

para no terminar en recuerdo,

en polvo, en nubes,

en cosas que barres de la mesa

Junto a un sillón en el que no cabemos,

una cerveza,

atardeceres morados,

pisos mojados,

jacarandas en febrero.