Por Renata Tapia

Querido diario:

Qué pesado ha estado todo. Hoy es jueves y pareciera que es un lunes: Norteado, nublado, gris y mojado.

No escribo en mi libreta para que no se vuelen mis hojas, pero escribir en las notas de este celular es de verdad fastidioso. Otra salida rápida.

Pasan los días como si fueran los únicos con permiso de correr y jugar. Oigo sus carcajadas cuando alguien pisa un charco con sus zapatos llenos de lodo; y me veo, en el espejo que hay en el suelo. Haciéndome preguntas todo el tiempo, consternada por el efecto de los años, atrapada aquí debajo de los mismos árboles. En hipnosis con el segundero y clap. Una gota cae sobre mi cabeza.

Tengo frío en los dedos y sólo pienso en diciembre que, así como vamos la lluvia acabará en octubre y Navidad llegará en febrero. Clap, resbala por mi cara, esta vez no son lágrimas.
Qué extraño que no me atormente la lluvia. Tarareo, le llamo, y aparece con demora. Qué extraño, le extraño. Mis guantes, sus dedos, el tiempo, sus botas, las risas. Sobre todo el tiempo, que ahora siento que está todo perdido en cada rinconcito que no he visto de esta ciudad tan mía, en cada raya peatonal y en los techos y los campanarios.

Regresa pronto y traeme todo lo que te llevaste, lluvia.