Texto por: Amaranta Piña Lara

Fotografía: Gran Parque Río La Silla, Monterrey, Nuevo León

 

Aún le recuerdo, en cada luna desfallecida, recuerdo sus palabras y el eco que producía su voz adentro de mi pecho. Aún puedo recordar sus manos sosteniendo mi rostro, la primera vez que sus ojos sostuvieron el reflejo de mi mundo en sus pupilas, vía láctea.

Sus majestuosos labios pronunciando como si fuesen plegarias mi nombre mientras mis lágrimas temblorosas caían en su cálido abdomen, cuando era yo quien temeroso le debía la vida por regresarle la noche a mis días, en medio de la penumbra, la oscuridad donde encontré la hidalguía de mi corazón, mi desconsolado corazón que en sus brazos, dichoso.

Ahora, su aroma sofoca este desolado existir y las letras que dejó grabadas en mis brazos y cuello permanecerán como el cielo a mitad del mar sin poder contemplar, imaginando, luceros incomprendidos, la posibilidad de encontrarle ante el silencio.