Los días pasan pero los recuerdos y sentimientos jamás se olvidan. Hoy Paulina Mora nos comparte un texto para avivar la nostalgia.

Aún te recuerdo. Es como si de repente todos tuviesen tus ojos color caramelo, y en cada uno de ellos me voy perdiendo un poquito más. Es inútil tener la cuenta de todos los días que han pasado desde que te alejaste de mi vida con un adiós que yo confundí con las flores que no crecen en otoño, es por eso que termino la cuenta con hoy. Con el día 119.

Hay días en los que apenas me invento tu nombre, digo otro sin querer cuando llegan a preguntarme de ti, y no voy a mentir, aún me arde en la garganta iniciar con esa vocal cada palabra que pronuncio en tu falta.

Pero ya no me atraganto como solía hacerlo, he dejado de revisar si estás en línea cada 10 minutos para no hacerlo ya desde hace tiempo, he borrado tu número y solo recuerdo que comienza con un 2 y le sigue un 5, ¿o un 8?

No diré que no extraño la forma en que me besabas la frente, primero me veías a los ojos, creyendo que todo era un sueño y que cuando posaras tus labios ahí, me esfumaría de repente. Pero me quedaba. Siempre me quedé. Ahora no puedo asegurar si lo haré.

Lo bueno de mi vida es que la tengo bastante ocupada como para llorar cada vez que escucho Andrés Suárez y aunque tú no lo sepas, ya no recuerdo qué música ponías cuando sobraban ganas y faltaban camas, cuando el barco que habíamos zarpado estaba demasiado lejos de la orilla como para hacer algo para no perdernos en la caricia de un nuevo mañana.

Quizá no lo entiendas y quizá te molestes cuando leas que he dejado de titubear cuando alguien me pregunta de qué color es mi risa y en cuántas promesas me he derrumbado.
Jamás podré olvidarte,
te lo aseguro, cariño.

Pero he dejado de susurrarle al viento la palabra «vuelve» con brío, con seguridad, con fogosidad, con vehemencia, con esfuerzo, con bestialidad, con discordancia, con fuerza, con ímpetu, con fuego.
Mierda. Vete.