Las despedidas siempre son dolorosas y difíciles, hoy Paulina Mora Pérez nos envía un poema para ese amor que ya no fue.

 

Suficiente.
Ha sido suficiente.
Demasiado daño.
Demasiado rencor,
y demasiado amor echado a la basura.
Porque ninguno de los dos se atreve a mirarse a la cara y admitir que se ha equivocado.
Si los vieras, te juro que si los vieras dirías que lo que sobra ahí son ganas de quererse, pero tienen miedo de gritarlo al mundo, de dejar de herirse, de meter el dedo manchado en la llaga.
Demasiado.
Para él y para ella.
Quisiera hacerles saber que el tiempo es corto y succionará una de sus vidas.
Basta.
Por favor, basta.
Dejen de intentar remendarse el corazón en donde no hay aguja para coser y en donde no hay cariño que proteger.
Sé que se aman, pero a veces el tiempo lastima más de lo que cura.
Y se despiden con una fecha en el calendario, como quien busca una esperanza en un lecho de paja.
Y se prometen con la mirada.
Y se buscan entre la gente.
Y se lloran a escondidas.
Y se sufren con pinchazos.
Y se callan con pastillas.
Y caminan, cada quien hacia una dirección distinta, pero con una mano en el corazón y una daga para abrirse la cicatriz que hace tiempo se habían lamido.
Adiós, se gritan, pero no se escuchan.
Te veo en nuestra cita, entre un montón de gente que no nos conoce.
Sabe ella que, si él llega, su amor será por siempre.
Sabe él que, si lo cumple, jamás podrá desprenderse.
Quién sabe, solo ellos saben qué punto ponen en su historia.
Un punto seguido,
o un punto final.