Siempre es un buen momento para la poesía y el día de hoy Erika Reygadas nos comparte desde Puebla un poema.

 

Si yo no hubiera nacido,
correría un río donde mis pisadas no fueron
y llovería entre las ramas en el lugar
donde ahora se ahogan mis cabellos.

Si mi cuerpo no erigiera con sus manos
toda la nula materia,
quizá una quieta sombra recostada
podría ver el inmenso bullicio del cosmos vacío,
con su ojo cristalizado
por la tierna melancolía de la lágrima y el frío.

Si mi cuerpo no se alimentara
de  la tierra y la madera,
su sombra no se expandiría por el suelo a contraluz
y una hoja verde recibiría la tibieza del solar,
ruborizada por el espectro que regala
el agua del inmenso océano.

Si mi caminar no sucediera,
el viento ondularía un precioso silencio a través de lo que nunca existió,
por no haber testigo ni prueba.

Si yo no hablara, las más inconexas partículas del espacio colisionarían,
brillando entre lo que no está destinado a coincidir.

Si mi antepasado eyaculara dentro de sí, sentiría, vibrante, un espasmo ínfimo,
suficiente para presentir otra mitad,
otro presente que no impusiera su verdad como genealogía
y el agua del sol, por fin, abarcaría toda la tierra.