Estamos muy contentos de poder compartir un microteatro de Pamela Valdovinos Falcon quien no comparte una interesante obra sobre el mundo del box.

El texto y la fotografía son de su autoría.

 

Personajes:

Entrenador.

Julio.

Sebastián.

 

Escena I

Gimnasio de box. El entrenador se acerca a Julio, el cual se encuentra pegándole al costal.

Entrenador: Julio por favor deja tu entrenamiento y sígueme, tengo que comentarte algo.

Julio: Claro (Se quita los guantes y lo sigue) ¿Qué sucede entrenador?

Entrenador: Julio, sabes que llevar el nombre de un campeón no te hace serlo ¿Verdad? Mira quiero ser sincero contigo: no sirves para esto y creo que te deberías de retirar justo ahora.

Julio: Entrenador no me diga eso, pensé que había avanzado, llevo aquí desde los ocho años, no sea injusto. Ya estoy en mi mayoría de edad y lo único por lo que sigo sobreviviendo en esta miseria es por mi sueño de ser el campeón del mundo. Dígame ¿Qué puedo hacer? no me deje así, después de tanto.

Entrenador: Ay Julio, Julio. Mira tú sabes que esto no es fácil, que para llegar a la cima tenemos que sacrificar algunas cosas y lo que te pediré no es tan difícil. Tengo una pelea de exhibición para ti, el domingo en la ciudad.

Julio: ¿Profesional?

Entrenador: Así es, el único pedo es que te tienes que caer en el segundo round.

Julio: Pero entrenador eso va contra mis valores, a parte ¿Qué no es ilegal comprar una pelea?

Entrenador: ¡Cállate! Mira, si no quieres ser campeón mejor lárgate, me haces perder el tiempo y muchos chicos quisieran estar en tu lugar.

Julio: No me mal entienda jefe, ahí estaré.

Escena II

Julio y el entrenador se encuentran en un cuarto, después de la pelea. Julio se encuentra en estado grave.

Entrenador: Julio te dije que te cayeras no que pelearas. Ese boxeador solo necesitaba una pelea segura para ir por el campeonato, no era un debutante como tú, ya llevaba 17 peleas y todas por K.O.

Julio: No me iba a dejar vencer tan rápido, al menos le iba a dar pelea.

Entrenador: Como sea, te voy a descontar más de lo que me debías, toma esto es lo único que te sobró (Le da un billete de quinientos pesos).

Julio: ¡¿Qué le pasa?! Esto es como si me hubiera partido la madre de a grapa, deme lo justo, A mí me debían de dar diez mil pesos.

Entrenador: Silencio muchacho, eso es lo que obtuviste. Te tiraron en el cuarto round y juraste caerte por tu propia voluntad en el segundo, para la otra si quieres tu dinero completo, sigue lo acordado.

Julio: Pero eso es injusto.

Entrenador: Pero nada, ¿Quieres ser campeón o no? Mira tengo estas pastillas te van a quitar el dolor rápido, me las dio el foco.

Julio: ¿El foco? Ese wey es un drogadicto.

Entrenado: Pues el papá de ese wey tiene una farmacia y dice que esto es bueno. Toma una cada que te duela, pero no más de dos.

Julio: (Lee el frasco en voz baja y con dificultad pues trae los ojos muy hinchados por los golpes) vi, vi, vico, vicodin. (Toma dos y se acuesta)

Entrenador: (Le habla mientras se marcha por un taxi, antes de que Julio quede inconsciente) Te quiero en el gimnasio mañana y me vale madres si te sientes mal, ahí tienes las pastillas. Te quiero ahí porque tienes otra pelea dentro de tres semanas en Ciudad Juárez, este es el precio muchacho, este es el precio.

Escena III

Julio se encuentra con su entrenador en un cuarto donde se prepara para salir a pelear.

Entrenador: Vamos Julio con esa actitud pareces un zombi, estás así desde que tuviste tu última pelea. Cámara esta es la hora, da todo de ti allá arriba es ahora o nunca. Si pierdes te olvidas de mí y de mi ayuda.

Julio: Sí entrenador, lo que usted diga.

Entrenador: No te hagas el pendejo, estoy hablando en serio, ven aspira esto te va a subir el ánimo (Le acerca a la nariz un polvo blanco y Julio lo aspira).

Julio: ¿Qué es esto entrenador?

Entrenador: Es la clave, ahora eres un arma de doble filo. No dudes de ti en este momento Julio, corre sube al ring. Ahora eres una bestia, lo eres todo y lo puedes todo. Nada da más miedo que tú en este momento, boxea o muere, siempre en  la línea como ya sabes Julio.

Julio lleno de euforia salió del cuarto se dirigió al ring y noqueó a su oponente al minuto del primer round, de la euforia que tenía no dejaba de saltar y de gritar que ahora era el campeón del mundo.

 

Escena IV

Pasaron 20 años de esa noche llena de euforia, Julio ahora era entrenador y le contaba lo vivido al mejor pupilo que tenía a su cuidado.

Julio: Sebastián, después de todo lo que te he contado nunca llegué a lo que sucedió después de esa noche, pues no tengo la mejor memoria y mi entrenador me había drogado así que es más difícil de recordar, solo sé que mi entrenador fue a dar a la cárcel meses después, pues la comisión y el mundo entero se enteró de que vendía a sus peladores y de cómo los drogaba antes de sus peleas.

Sebastián: Pero… ¿Qué paso con usted?

Julio: Yo me retiré unos años.

Sebastián: Y entonces ¿Cómo fue que se convirtió en campeón olímpico? ¿Fue fácil?

Julio: Claro que no fue fácil Sebastián. Viví en las drogas 6 años, ese entrenador me volvió un drogadicto. Después de esas peleas me volví un adicto, quería olvidar todo por un momento, quería que desaparecieran mis sueños pero nunca desaparecieron, sin embargo ya no tenía esperanzas.

Sebastián: Entonces… ¿Qué fue lo que lo hizo seguir?

Julio: Las ganas, me tuve que agarrar los huevos, pues estaba a punto de morir, ya no tenía para pagar las drogas de buena calidad y me fui por las peores. Cuando estaba en las últimas yo sabía que si debía de morir tendría que ser en la línea, arriba de un ring haciendo lo que más quería. Estaba envuelto por los delirios de las drogas me gustaba sentir que todo se movía y yo no tenía control alguno para hacer algo, solo me dejaba llevar, cuando tenía humo en la boca era como tener pétalos de rosas en lugar de lengua, era dulce y fuerte a la vez. Pero eso nunca se compararía con el sentimiento de pelear, de que te rompan la madre y lo disfrutes, de escuchar como crujen las quijadas, de sentir el golpe tan fuete como si golpearas una pared, de cómo ya no puedes avanzar pues ya no sientes, las piernas, los brazos, la respiración, pero aun así sigues peleando pues arriba del ring no es hombre contra hombre, son sueños y deseos contra sueños y deseos, es todo o nada. Estaba harto de conformarme, de ser un mediocre. Así fue que salí adelante, pues aunque me arrebató mi salud y esperanzas, ese entrenador nunca me quitó mis sueños.

Sebastián: Vaya entrenador su vida es más que una motivación para todos nosotros, estoy muy orgulloso de usted y me da gusto que usted sea quien me lleve a la cima.

Julio: Así será Sebastián, aún siguen ahí afuera esos entrenadores que solo juegan y lucran con los sueños de los peleadores. Los suben, los matan, les quitan sus ilusiones y los reemplazan. Aprendamos a reconocerlos y a alejarnos de ellos. Pues el boxeo ya no es un deporte, ahora es un negocio. Pero no para nosotros los peleadores.

Vamos Sebastián basta de charlas, ponte los guantes y empecemos a entrenar.

Sebastián se pone los guantes y el nuevo entrenador Julio lo ve de lejos, con una mirada de nostalgia y una nueva esperanza.

FIN.