Chema Sánchez nos comparte una minificción (¿o no?) sobre la tecnología.

Con el sonido de una palmada podía controlar la iluminación, eso le causaba una alegría infantil poco común a sus 59 años. Después de una vida en las líneas de producción de la industria automotriz, los ahorros finalmente le alcanzaban para una casa digna, moderna, como la de los supersónicos en sus propias palabras. Con el control remoto abría ventanas, cerraba puertas, prendía la música, la calefacción. El frigorífico le enviaba mensajes de texto a su móvil cuando faltaba comida, el sistema de alarma le notificaba movimientos sospechosos en el perímetro, y el televisor le avisaba cuando estaban por iniciar los partidos de futbol. El día de su cumpleaños 60, justo la edad de su jubilación, la cama King envío dos SMS, uno a la funeraria y otro al seguro social.