Marco Eulalio Contreras de la BUAP nos envía un interesante poema para todas aquellas almas melancólicas.

 

La tendencia de buscar la imposibilidad
nos ha llevado a coincidir
con los mismos patrones
a encontrar en las personas
repeticiones de emociones
sensaciones habitadas
memorias en ciclo
(finales anunciados).

Cantamos una canción no aprendida,
rosamos apenas las notas
y ya sentimos que volamos
la impaciencia es la perdición
del romanticismo.

Qué será que las cosas siempre cambian de lugar
Y las ideas que habitaban son ahora tan sólo cenizas
de vagos pensamientos que en algún punto fueron algo más,
que sólo esto,
que no es otra cosa
que una duda:
un lugar que llama
pero que se oculta
¿Tras tus ojos?
Un momento, es,
quizá el punto dónde diáfanas sensaciones se encuentran
dónde todas estas emociones se vuelven contradicciones
y el tiempo dibuja la memoria con su peor pincel
No se trata de una persona,
la respuesta es tan simple.

La entidad no brilla por su ausencia
y se manifiesta en todos esos libros
por leer, en todas esas palabras que no has de escribir
y que han de pudrirse en tu cabeza como los recuerdos que guardas
para después, que sí, que en algún momento fueron presente
y ahora están tan ausentes como el refugio de tormentas
a dónde corre tu conciencia y sólo encuentra el precipicio de la incertidumbre
Analogías estúpidas caen en una cascada que inunda el valle de fragmentos.
Quedas flotando entre conceptos, la caída será dolorosa o peor aun, eterna.
Los murmullos de la esperanza se oyen como ecos lejanos que abandonan el alma.

Abandona este cuerpo,
deja que esté aquí, ahora, abandona la idea,
no hay más, sabes que es tan simple como dibujar estrellas en el mar,
tan simple como crear ficciones en los sueños,
reflejos de los deseos más inauditos, más predecibles.

La realidad es aquí, es ahora.
Tan simple, tan sola.