Cuando los anuncios ya no son efectivos, la poesía llega para mantenernos a salvo y el día de hoy Ricardo Durán nos trae un amable recordatorio.

 

 

“Solo me encerré para después poder salir de aquí”.

 

He pasado 37 años casi sin enterarme
Sigo aquí en la superficie redonda
He sabido que esta es la vida.
Hace unos meses, en el día de nuestro cumpleaños,
una amiga gritó “lo hemos logrado”
pero sé que aún no es así.

Creo en la transformación de la forma
en la continuación natural de la vida
tengo 37 años y 108 poemas.

No es suficiente este arresto
Ahora lo mejor que necesito es conocerme
Detesto el sueño amargo de la religión,
la imagen de los violadores y los metiches.

No queda otra medida que quedarnos en casa
dejar de vivir el exabrupto de esta ciudad,
de quejarnos del mal olor de las calles,
del fastidio de la gente acumulada;
pero sin dejar de ver robos y asesinatos,
campañas políticas y económicas
en las noticias.

Ahora tengo 38 años
un montón de hojas me quedan;
libros recuperados,
una computadora vieja,
dos trajes para vestir un poco bien,
unos tenis y una cuerda para hacer ejercicio,
un balcón por donde se desliza mi reflexión,
música que me recuerda
la vida anterior a mi nacimiento.

 

Hoy me preguntó mi sobrino,
-inquieto a la soledad que le parecía mi vida-
“¿alguien te acompaña?”
La respuesta no estaba clara para mí
Hace años, otro sobrino me había hecho la misma pregunta,
la misma respuesta deseche, discreto,
las generaciones viven, y nuestra vida está ahí,
al aire libre, sola, sin salir.

¿Cómo abrazar a los muertos este año
si estamos tan lejos de los cuerpos,
si estuvimos lejos de su vida estos últimos meses,
si acaso una llamada algún día les hicimos,
cómo abrazaremos a nuestros muertos?