Estamos muy contentos de recibir desde Cuba un ensayo sobre Sor Juana Inés de La Cruz, cortesía de Yisel del Castillo Cruz, Estudiante de la Licenciatura en Literatura Española, en la Universidad “Marta Abreu” de Las Villas.

 

 

Juana Ramírez de Asbaje, mujer del siglo XVII novohispano, ha sido conocida por su nombre religioso como sor Juana Inés de la Cruz, nombre que se relaciona también con otros dos famosos epítetos que llevó en vida la monja jerónima que toma los hábitos en principio para poder estudiar; Décima Musa y Fénix de México. Los años de nacimiento y muerte han sido discutidos, sin embargo después de varios estudios se puede concluir que nació el 12 de noviembre de 1651 y murió el 17 de abril de 1695.

“La comprensión de la vida de sor Juana incluye necesariamente la de la vida y la de su mundo…” (Paz, O.  “Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe”, México, 1983, p.18.)

En el contexto histórico del siglo XVII donde sor Juana Inés vivió y escribió el poema Sátira filosófica el que será analizado en este trabajo, las mujeres se tenían que casar en edad temprana, no podían estudiar pues los estudios eran solo para los hombres y estos no más veían a las mujeres como objetos, porque eran consideradas amas de casa simplemente.

Las mujeres tenían prácticamente dos caminos, casarse y formar una familia o entrar al convento, y las que no tomaban ninguna de estas opciones y se quedaban solteras, eran de cierto modo, mal vistas.

En esta época del siglo XVII en México, gobernaba España, por lo que la religión católica era importante en este país como colonia española que era. Esta etapa fue conocida como “siglo de la depresión económica y del reacomodo”. El virreinato español tenía bajo su mando la ciudad de México la cual era el centro político, administrativo, económico y religioso más importante de la colonia.

Junto a su contemporáneo Carlos de Sigüenza y Góngora, sor Juana es quizá la figura más descollante de la literatura del barroco, cuyo género sigue la corriente literaria del “Conoceptismo”, la cual está presente en la obra de esta religiosa, de la llamada Nueva España durante la segunda mitad del siglo XVII.

Un barroco que consta de un lenguaje claro, conciso y grotezco, con juego de palabras, renovación de ideas, antítesis de palabras, frases o ideas. Los poetas barrocos dieron uso a la “Redondilla”, la cual es ilustrada en este poema que será analizado, de sor Juana.

Uno de los temas barrocos es la crítica y sátira reflejando un tono crítico y burlón. Sor Juana interioriza admirablemente las reglas más estrictas y definitivas de su sociedad, acepta y amenaza el orden establecido para la mujer, con la misma tranquilidad con que asimila a la perfección las métricas, los ritmos, las retóricas, en fin, el estilo de su tiempo y comienza a dar los preámbulos para el siguiente movimiento, la ilustración.

Dedica veinte años de su vida a escribir poesía, loas, ensayos, novelas y comedias de estilo barroco, contando con cuatro mil volúmenes.

Por último en el año anterior a su muerte, en 1694, ratifica sus votos religiosos y para el año de 1695, el 17 de abril, muere como consecuencia de la típica enfermedad epidémica de la época, el tifus. Se le sepulta en el coro bajo de la iglesia del templo de San Jerónimo, actualmente Ex-Templo de San Jerónimo, de la Universidad del Claustro de sor Juana. En el año 1700 se publican en Madrid sus Obras póstumas.

“Si se evalúa someramente el universo crítico, analítico y de opinión que la obra y la vida de Sor Juana Inés de la Cruz ha suscitado en diversos espacios de la crítica literaria y el pensamiento, se pueden ubicar algunos ejes de lectura, crítica, comentario e interpretación que son recurrentes: trabajos meramente de exégesis textual; aspectos de su biografía en relación con sus escritos; relaciones de su pensamiento y su obra con las ciencias, la filosofía, la teología y el conocimiento; reivindicación de su vida y su obra en diferentes marcos de las teorías feministas; finalmente, un considerable número de comentarios en torno al tema amoroso en su producción literaria.” (Sancho, L. “Sor Juna Inés de la Cruz ante la crítica canónica”, p. 2.)

Haciendo un análisis literario del poema Sátira filosófica de sor Juana Inés de la Cruz, publicado en el siglo XVII, se puede ver cómo la voz poética responde al ataque de la sociedad mexicana de esa época. Se queja de la falta de comprensión de los hombres hacia las mujeres. Hace un reclamo hacia los hombres en cómo ellos quieren que sean o cuando acceden a sus pasiones y las critican, cuándo ellos en parte son los propios culpables, o en algunos casos, hacen que las mujeres sean de esa forma.

Refleja cómo el hombre tiene más poder sobre las mujeres en varias situaciones y las mujeres nunca pueden ganar, se quejan del trato de las mujeres y las desprecian de todas maneras.

Por lo que el poema tiene como objetivo satirizar las relaciones entre el hombre y la mujer, indicando el incoherente razonamiento de los hombres, dando a conocer un nuevo punto de vista feminista por así decirlo, resaltando la hipocresía de los varones. En este caso como se dice de la obra de sor Juana: “Considerada la lírica como sinónimo de poesía personal, pueden agruparse un gran núcleo de poemas de sor Juana clasificables como líricos en estricto sentido, con otros en los cuales la expresión de lo personal se asocia a la tendencia filosófica o la intención y el tono satíricos. Peculiaridad de la poetisa es fundir lo intelectual y lo emotivo, matizar efectivamente conceptos –inquietud, ansiedad, incertidumbres, placeres y amarguras del saber- y comunicar íntima y cordial solidaridad humana a la intención satírica.” (Lazo, R. “Historia de la literatura hispanoamericana”, 1985, p.  172.)

La primera parte del poema (primera estrofa) nos presenta a quien se dirige, es decir a los hombres tontos que acusan a la mujer de defectos que son causados por ellos. De ahí que el subtema puede ser: la necedad de los hombres que causa y acusa los defectos de la mujer. La segunda parte (Desde la segunda estrofa a la decimosegunda estrofa) nos especifica que los hombres incitan que la mujer pierda su honra y luego no las quieren para nada. Presenta una situación injusta ya que ellos nunca están a gusto con las mujeres: “A una culpáis por cruel y a otra por fácil culpáis” y afirman que los dos sexos tienen la culpa cuando se trata de pecar, uno por incitar y la otra por aceptar. Por lo que se puede sacar el siguiente subtema: la culpabilidad de los dos sexos al pecar. Y por último la tercera parte (desde la decimotercera estrofa hasta decimoquinta estrofa) el poema concluye dando un consejo a los hombres: “Queredlas cual las hacéis o hacedlas cual las buscáis”. Le dice a los hombres que no se quejen sin razón y finalmente explica que los tres enemigos (carne, diablo y mundo) del ánima siempre han formado parte del hombre. De donde surge el subtema: la carne, el diablo y el mundo son inherentes al hombre.

Se evidencian motivos poéticos asociados que impulsan el tema del poema con dinamismo como: hombres necios, incitáis, livianidad, desdén, desigual nivel, diablo, carne, mundo.

De acuerdo a los principios compositivos se encuentra el orden lógico- semántico. El principio de la analogía porque las ideas están en relación unas con otras presentando isotopías. El principio de la oposición porque hay vínculos entre elementos contrapuestos, contradictorios y se vale de antónimos. Y finalmente hay paralelismo antitético porque hay esquemas gramaticales iguales con diferente significado.

Este poema está compuesto por redondillas, es decir, tiene cuatro versos por estrofa, con rima consonante, abrazada abba, cuyos versos son octosílabos de arte menor y llanos. Hay presencia de licencias poéticas como la sinéresis “que a”, “la ocasión”, diéresis “acusáis”, “culpáis”, “ansia”, de sinalefa “si os” y de hiato “quejándoos”.

Las pausas (Estrófica, versal, hemistiquio y encabalgamiento) en el poema se presentan como estróficas al final de cada estrofa y pausas versales al final de algunos versos, con presencia de encabalgamiento: la idea sigue en el siguiente verso.

De acuerdo con su estructura (poema narrativo, lírico o dramático) es un poema narrativo y monólogo pues no es dialogado. No hay cambio de voz, manteniéndose el Yo lírico dirigiéndose a los hombres en general. Mientras que teniendo en cuanta el lenguaje empleado el tono (Serio, humorístico, irónico) es serio, de crítica y de queja.

Hay una rica presencia de figuras y tropos como la antítesis: “¿por qué queréis que obren bien si las incitáis al mal“? Poniendo la contradicción de que si los hombres llevan a pecar a las mujeres entonces no les pueden pedir que sean virtuosas y puras,  “para pretendida, Thais, y en La posesión, Lucrecia”, refiriéndose a Thais, cortesana griega con fama de ser liviana, es decir, prostituta y a Lucrecia por otra parte, romana, que se suicidó al ser violada por un hombre que no era su esposo, por ello representa el ser honesta, virtuosa  y fiel, de alguna manera. Otro ejemplo se ve en el poema en “quejándoos, si os tratan mal, burlándoos si os quieren bien”, resaltando que si la mujer lo rechaza, se queja el hombre, si tiene relaciones con él, también se burla. Y las antítesis: “Con el favor y el desdén” y “amantes penas”, “libertades alas”, “hacerlas malas” y “hallar muy buenas”, presentando ideas opuestas del todo. Hay empleo de la metáfora: “él mismo empaña el espejo”, donde se puede sacar que el espejo simboliza la virtud, la pureza y la virginidad de la mujer. La aliteración: “la que peca por la paga o el que paga por pecar” y el retruécano: “la que cae de rogada, o el que ruega de caído” donde se pueden extraer la ideas de “cae derogada” que cede, acepta, y “cae de rogada” como derrotada.  Los paralelismos: “si la que es ingrata ofende y la que es fácil enfada?”, “queredlas cual las hacéis o hacedlas cual las buscáis”

Como materia poética se puede apreciar que la autora toma la mujer de la sociedad del siglo XVII y el machismo; es una materia contemporánea. El asunto del poema es que los hombres son los que causan que las mujeres cometan pecados y ellos mismo son quienes las acusan. Mientras que el tema o idea central de la composición poética es que las mujeres no tienen toda la culpa porque los hombres son los que las hacen pecar y los que las acusan: la imagen errada y discriminación injustificada de la mujer.  Este tema lo revela el título, las imágenes, los símbolos y las figuras retóricas, ya que sor Juana desde el enunciado “Los hombres necios que acusáis” dirige su poema a esos hombres necios que acusan a las mujeres y el apóstrofe de hablar en directo a hombres.

De este modo el mensaje que quiere transmitir el poema es que si los hombres son los que causan a las mujeres pecar, entonces ellos no tienen derecho de acusarlas a menos de que dejen a las mujeres en paz. Es decir, si usted cambia a la mujer, acéptala, y si no respétala. En conclusión, no juzgar a la mujer.

Queda claro que primero al tocar la vida de sor Juana, no se  puede hacer más que tomar sus partes fascinantes en este caso como mujer que sobresale a las concepciones degradantes de su época, en un México machista, con restringidas oportunidades para el estudio y para la mujer como ente activo de la sociedad.

A la joven cortesana cuyas intenciones de entrar al convento no son las más transparentes y vocacionales, que incluso de cierto modo son intenciones quizás con un matiz narcisista porque nacen y van encaminadas a su deseo de avance intelectual y no desde una plena y auténtica vocación religiosa; hay que sobreponerle la joven profesa que adopta las reglas de su convento, reglas que no eran las más correctas, pero sí las contemporáneas a su tiempo. Hay que tomar a la sor Juana Inés de la Cruz que se centra en sus estudios, que indaga, analiza, observa y da su valiente opinión sobre no solo temas o puntos de vistas personales, sino de la sociedad y sus leyes. Una mujer de férreas convicciones, que nunca abandona su parecer porque está clara de su verdad y nadie se la quita, ni incluso una amenazante y cruel Inquisición.

Que es capaz de escribir con su propia sangre cuando la separan de sus libros y de su pluma y tinta, “Yo, la peor de todas…”, reconociendo su humanidad. Una monja apasionada que fascina con su capacidad de unificar conocimiento y emoción, lo religioso y lo profano, y todo esto reflejarlo de manera artística.

Pero si se va a la escritora, ¿qué resaltarle de negativo? sor Juana ha sido excepcional y auténtica desde pequeña en el mundo del conocimiento y de las letras, demostrado desde su temprana edad al leer y escribir. Por eso, nuevamente pesa más en ella lo maravilloso de sus capacidades.

Su poema Sátira filosófica es una fusión de lo que es el enigma de la personalidad y vida de esta monja, como dicen algunos críticos.  Sor Juana Inés de la Cruz es un buen manjar literario donde nos podemos topar con la joven, la religiosa y la intelectual.

 

BIBLIOGRAFÍA

Blanco, F. (1883-1884). Sor Juana Inés de la Cruz. Revista Agustiana, vols IV y V, Colegio de Agustinos Filipinos, Valladolid.

http://revistadefilologiaespañola.revistas.csic.es

Lazo, R. (1985).  Historia de la literatura hispanoamericana.

Ontañón, P. La crítica de la crítica: dos obras sobre sor Juana. Universidad Nacional Autónoma de México.

Paz, O. (1983).  Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe, México.

Sánchez, A. (1892). Sor Juana Inés de la Cruz, la ilustración española y americana, Madrid.

Sancho, L. Sor Juna Inés de la Cruz ante la crítica canónica.