Siempre es un buen momento para la poesía, y el día de hoy Arturo Aguilar Hernández nos comparte tres poemas desde Zacatecas.

Ella, mi samsara

No fueron las ásperas y rígidas manos de la soledad o su destructiva presencia
lo que me llevó al abismo.
No fue la soledad carcomiendo mis tuétanos
lo que me llevó a ti, ni lo que me hizo buscarte.
Ni siquiera fue el corazón desgarrado ya de tantas veces y andrajoso y sin cura.
Fueron las ganas irrefrenables de irrumpir en tu templo,
las ganas bestiales de poseer tu cuerpo,
fueron las ganas devoradoras de almas
las que me arrojaron a ti.
Fueron las ganas de restregarte
−y descargarte−
mi furia, mi ira, mi irascibilidad, mi iracundidad, mi rencor, mi odio, mis deseos,
todas mis pasiones.
Deseé que las recibieras y las purificaras.
Soy un pecador que no ha asesinado.
Un desterrado de sus propios sueños, un hombre que se perdió en tus cabellos cuando tu voz de sirena lo sedujo y tus manos de cristal lo encerraron en ti.
Un enfermo entre los sanos. Sufro teniéndolo todo.
Tuve miedo de ser el único que te buscara, miedo de ser yo solo en este mundo.
Fue ese miedo que retumba en mi centro lo que me arrinconó en ti.
Me hiciste tuyo al necesitar un abrazo y fortaleza, fueron las ganas de verte sudando por mí, y cansada y agitada con tu templo sonriéndome y tu pecho llamándome.
Eres un vacío, un círculo vicioso.
Eres un vórtice eterno que jala y jala y no perdona hasta masacrar. Hasta herir.
Que lastima a sabiendas del cariño y la estima. Que hace gozar y luego llorar. Maldita ambivalente.
Aunque con alambre una tus manos a las mías mi alma no puede asir la tuya.
Mil veces maldigo. Mil veces maldigo estar otra vez atrapado en tu aro punzante y endemoniado.

 

Soy

Soy un eterno retorno que gira sobre sí mismo
y en cada tropiezo desencadena amarguras.
Siempre una nueva.
Un reflejo quieto de una tormenta
que ya pasó.
A veces soy ganas de sangre, cual Bundy, Gein o Gracy.
Hasta las venas me he reventado
y por más que me entrego a las plegarias
no para la agonía.
Neófito y desacostumbrado, como limosnero temeroso, la alegría me cansa,
me pesa.
Tengo cólera contra el mundo, odio contra el hombre. Cólera contra mí mismo.
Tengo todo y no me pertenece nada.
Soy un cerro que imponente y rudo es roído desde abajo por pequeñas criaturas
y carcomido por la lluvia.
Un monte que es devorado aún latiendo… por el hombre.
Un monte que odia al hombre
y sin embargo, se desvive por él
siendo recompensado con puntapiés e incomprensiones
con sonrisas y gestos.
Soy el vacío donde se derraman las angustias,
donde se olvidan de sí y buscan renacer.
Las hago mías y veo cómo la profundidad de la agonía
me tenta y me seduce con una puerta
a donde no hay risas ni llantos,
a donde no hay dolor ni muerte,
a donde mando cómo quiero que sea el mundo,
allá donde no hay cobardía,
y, quizás, me atrevo a entrar.

 

Ángela

Cuando suculenta y gallarda posabas
en los solitarios y blancos pasillos del hotel
donde te hice parte de mí y parte de mí fuiste
la lluvia cesó su furia y más rauda que la luz misma
las partículas de un rayo del sol cayeron directo,
y sin tapujos a tu molde, a tu cara y a tu punzante y perturbadora sonrisa.
¡Pensé en ese momento que esos labios de carmín ya eran míos!
En lo negro –y aterrorizantemente plagado de una emoción que trababa mis muslos- de aquella noche de miel
donde tus vainas doradas que adornan la luz
largas, sedosas, rubias me robaron el alma,
disipaste las dudas de por qué mi corazón
te veía bailar.
Más de una vez mis ojos te bebieron.
Y agazapados en tu pecho
quisieron chupar toda tu imagen y verterla hasta el fondo de mi corazón.
Fueron unos traidores: ordené sólo dejarte en mis costillas y ellos te enjaularon
dentro mío
para que siempre bailaras al son de mis latidos.
Te creía alta, te creía grande y sí lo eras, mas no como torre
Sí como acre.
Soberbia.

 

Acerca del autor

Arturo Aguilar Hernández (Zacatecas, 1991) es licenciado en Letras por la Universidad Autónoma de Zacatecas. En 2012 recibió el Premio Municipal de la Juventud, en 2016 fue galardonado con un premio al folclor municipal de calaveritas literarias; en 2017, 2018 y 2019 ganó distintos concursos literarios en el sector empresarial.

Ha escrito cuentos, poemas, ensayos y artículos de opinión política y social; ha colaborado en el periódico online Periómetro, en Regeneración Zacatecas, en La Soldadera suplemento cultural de El Sol de Zacatecas, en Efecto Antabús, en el proyecto independiente FA Cartonera y en la revista literaria virtual El Guardatextos.