La naturaleza y el paso del tiempo son dos grandes temas para la humanidad, y el día de hoy Isaac Gasca nos comparte un interesante relato (y dos fotografías de su autoría) para pensar un rato.

 

 

El Zeitgeist de la época es la desolación. 15 de abril de 2020. 7:05 de la mañana. Los humanos contemporáneos sobreviven en aislamiento, bajo un telón de recelo y desconfianza. Confinados en sus guaridas como simios en cautiverio.

Las calles vacías, las playas desiertas. Un mundo deshabitado que los animales en pocos días recuperan. Sí, fuimos una plaga. Nuestras ciudades desde el cielo lucen como infecciones producidas por bacterias. ¿Has visto el hongo del pie de atleta, la sífilis, la furunculosis? Menos de cien días encerrados y los campos reverdecen; es primavera, es cierto, pero hace mucho tiempo no percibíamos olores tan intensos de las flores, de los árboles. Menos coches significa más pureza del aire.

Los pájaros pian y nacen, los nidos se balancean en ramas abundantes de fruta, algunas escuelas vacías son invadidas por serpientes en busca de comida, perritos de la pradera y halcones que los cazan a escasos kilómetros del puerto. Jabalíes en Roma, venados en Tokio, delfines y ballenas en las costas de Los Cabos, cerca de la playa donde hace no mucho pululaban catamaranes, cruceros, lanchas. La vida se regenera sin nosotros.

Ni con toda nuestra soberbia significamos algo para la naturaleza. Solo una especie desubicada que tuvo la osadía de llamar Antropoceno a la era que en estos días acaba. Quizá el virus lo desató la naturaleza. Siempre actúa de esa manera cuando los números de una especie superan el equilibrio del ecosistema. La naturaleza es neutral. No defiende ni ataca. Para ella tanto los animales como las plantas son especies pasajeras.

¿Alguien vio dinosaurios, comió carne de mamut, o fotografió a un gliptodonte? Existieron, pero la naturaleza los borró y ahora solo son recuerdo en nuestros libros de historia, nada más. Para el ecosistema ya no existen. Los olvidó por completo. Y eso nos ocurrirá hoy o dentro de mil años a las especies que ocupamos el espacio.

Hoy estamos aquí, pero mañana nos iremos, tal como se extinguió la vida de antaño. De hace 300,000 años queda poco. La evolución es la sustitución de una especie por otra mejor adaptada, no siempre más perfecta y la supresión de lo que no le sirve al equilibrio biológico.

El principio de la naturaleza es preservar la vida, pero no una forma en concreto. Para ella los sesenta siglos de civilización documentada son solo el susurro de un simio grotesco que aprendió a dominar el fuego, pero sucumbió víctima de su propio éxito.

Perspectiva de Monterrey desde el Cerro de la Silla