Todos tenemos a alguien que surge de nuestras memorias, de nuestros recuerdos y el día de hoy Emmanuel León nos comparte un texto al respecto.

 

Dice Benedetti en uno de sus muchos textos, que el olvido está lleno de memoria.

No podría estar más de acuerdo con tal afirmación.

Después de alguna ruptura amorosa, de algún fracaso del corazón al ver incompletos los proyectos de enamorar a quien nos conquistó, pretendemos andar por la vida como si no hubiese sucedido la historia que nos revivió por un momento y nos motivó a dar lo mejor.

Nos empeñamos en tomar esos sentimientos que una persona en nosotros suscitó, y nos afanamos en meterlos a las botellas que dejamos sin alcohol, como si fuesen a evaporarse como el remanente de la bebida que queda impregnada en las paredes del recipiente que a nosotros nos embriagó.

A veces damos pasos en falso por temor a decidirnos a avanzar, andamos con cuidado, vigilando a los lados por si llegan a aparecer esos ojos que nos llenaron de ilusión, andamos con las amistades disfrutando del momento, pensando en lo lindo que sería ver a esa persona e invitarla a unírsenos para que así la alegría esté completa.

El olvido está lleno de memoria, y es verdad, porque mientras nos centramos en nuestro acto de que “ya pasó”, la verdad es otra, porque nada ha pasado, siguen apareciendo los recuerdos de aquella sonrisa que nos cautivó, de aquella voz que nos tranquilizó el corazón, de aquellas manos que nos brindaron consuelo, que nos dieron calor, que nos reconfortaron el alma y nos llenaron de amor.

Así yo, voy fingiendo amnesia por las tardes en que salgo a caminar para tratar de despejarte de la mente, pero lo cierto es que lo hago para ver si te veo por casualidad, obviamente a nadie se lo voy a confesar, y si vengo a escribirlo es para no ir corriendo a decírtelo y ver cómo en tu mirada ni una muestra de interés aparecerá.

El olvido está lleno de recuerdos, pero yo no te quiero olvidar.