Siempre es difícil dejar nuestro hogar y comenzar de nuevo, el día de hoy Katherine Quirós nos comparte desde Costa Rica dos poemas para todos aquellos que están lejos de casa.

Crónica de un campesino

Es cierto, vengo del campo. 
La distancia en llegar es juzgada por los que viven 
en las raíces de árboles de concreto
y miden el intelecto 
en el uso correcto de un Mouse.

Pero es extraño,
recorro las mismas calles, 
atravieso los mismos senderos 
y me sumerjo en los mismos ríos 
para llegar a San José.

En el campo
no hay UBER ni Walmart 
pero cosechamos la comida que es puesta 
en los platos
de los más instruidos
y adinerados habitantes.

Y durante las cogidas de café, 
el sol resplandece más
que las de vallas publicitarias
de un combo 2×1.

Si de naturaleza hablamos, 
esta fría ciudad fue reducida 
a palomas carnívoras.
En el campo, despertaba 
con el aroma de un café
y en vez de activar mil alarmas 
le daba de comer al gallo.

¡Qué triste es la ciudad! 
Hasta las cataratas 
están hechas de cristal
y todo lo comestible
se vende enlatado.

Quisiera poder encontrar 
el aire puro de la mañana, 
los charcos de lluvia en el barro,
las horas donde de niños
jugábamos en la plaza
y la señal de regreso, 
era la puesta del sol
o los gritos de la mamá de un vecino.

Es cierto vengo del campo,
¿o quizás aún vivo ahí?

Primer mes lejos de casa

Al haber finalizado mi carrera, 
quise venirme a la capital
a conocer esta ciudad 
de ruido extenuante y 
mano de obra barata, 
llena de sueños por cumplir 
en medio de estacionamientos en plena autopista.

Quizás llegar a las dos décadas y 
no conocer la ciudad
es como tratar de entrar a un laberinto 
donde Google Maps 
es la única guía para poder volver al destino 
donde se parte.

Cuanto duele
cambiar la buena comida 
por toneladas de chatarra.
Pasar frío y hambre en la noche
y tragarse una a una 
las lágrimas mientras
una voz en los adentros grita:
¿En dónde encontraré trabajo?

Cuanto duele despertar 
al escuchar una alarma 
y no el eco de las aves. 
Entrar a un cuarto vacío 
donde ni siquiera existe una cama 
y la única certeza del mañana 
es el ruido
del camión de la basura.

Acerca de la autora

Nació en San José, Costa Rica (1996). Estudió enseñanza del inglés en la Universidad Nacional de Costa Rica y culminó su licenciatura en la Universidad Hispanoamericana. Actualmente se desempeña como intérprete. Sus poemas hablan de migraciones y paisajes cotidianos. En el 2016 se integró al Taller Literario Comelibros. Cuenta con publicaciones en las revistas mexicanas  Juggernaut, Campos de Plumas, Larvaria y Materia Escrita y la revista argentina Tóxicxs. Ganó el segundo lugar del Certamen Literario Brunca 2018 en la rama de poesía y formó parte de la antología Hispanoamericana (1970-2000) de la revista Liberoamérica.