La muerte es un proceso fuerte y el día de hoy Erika Reygadas de la FFyL de la BUAP nos comparte un interesante poema.

Saldrás de aquí con los ojos
vertidos de lluvia.
Y la tierra…
La tierra…
Tus alas no sabrán el ritmo celestial de las parvadas.
Tu voz perderá el sereno secreto de
los pleitos mundanos (ya no
correrás a los perros, ni espantarás  a las palomas).

Tus manos no limpiarán el polvo,
ni la mierda, ni las flores secas en el
jarrón de una tumba olvidada (no serás lo que has sido, pero serás la
carne está  destinada a ser [la  carne, el polvo, el aroma]).

Y tu voz…
Y tú voz …

Jamás volverás a recoger del suelo
los pedazos de furia tiernamente
estrellados por el desencanto
(porque en el sueño te ha dicho
que la fiesta ha terminado, pero no
hay que fregar el piso o levantar
los platos).

Y tus manos…
Y tus manos…

Jamás beberás del agua marchita
en los labios del desenamorado,
ni imaginarás cavando una tumba
en medio de la noche para
recostarte con él, con ella (olerás
el secreto que esconde la tierra,
nadie pronunciará de nuevo tu  nombre).

Y el olvido..
El olvido…

Reposarás entre el cálido hedor del
encierro y mascarás el sabor de la
hierba, como un fino polvo que
alimentará a las liebres ( las hoja
te darán el color de la naturaleza,
[ojos, corazón, epidermis])
Recorrerás los siglos reposando
y tu alma no divagará en el espanto
(Dios no encomienda tales tareas
desde su omnisciencia).

Y el espanto…
Y el espanto…

Dejarás el mundo siendo más bello,
más bella, con tu liviandad
panóptica, con tu pulso humeante,
con la suavidad de la tela
meciéndose al viento. Serás libre, al fin, por fin.

Y volviste…
Y volverás…

(La muerte es tan deliciosa).