La noche siempre es misteriosa y el día de hoy Alejandro Arenas nos escribe desde Zapotlán el Grande, Jalisco un interesante poema.

Destruir la noche
hasta hacerla escombros,
hasta volverla grito molido.

Destruir la noche a puñetazos
y beber de su miedo,
escucharla gemir como un cuerpo
a mitad del desierto;
derramada sobre las piedras y el vacío.

Destruirla toda, toda de una vez,
que no quede nada de su manto,
de su voz envenenada de silencio,
de su sangre de muerto.

Que se pierda, tan lejos,
entre las cavernas subterráneas que tiene el olvido,
en las galerías del sueño
donde se rompen las horas y la amargura.

Que se pierda, al fondo,
muy adentro de mi pecho,
aquí, donde la vida me duele.

Destruir la noche
hasta borrarla del cielo,
sin piedad, sin mirarla a los ojos.

Sin que nadie la recuerde arda su raíz más profunda,
su nombre en naufragio eterno
y que se derrumbe su alarido,
mil veces, tantas como lo quiera este dolor.