Los finales siempre son dolorosos, y el día de hoy Paulina Mora Pérez nos comparte un interesante poema al respecto.

Me has matado.
De la manera más brutal
que pudieras imaginar.
Sangrando recuerdos imborrables.

La última vez que nos vimos,
le puse fin al caos que estabas
ocasionando en mi vida,
—y eso que ya tenía suficiente sin que
tú interrumpieras—, en este desastre.

Me miraste a los ojos y me pedías
una explicación
del porqué de mi partida.

Querías ruegos,
llantos,
gritos.
Pero el silencio nos invadió
por completo, amor.


Te dije que no había nada más que decir,
no había canciones que relataran el suceso,
ni poemas que quisiera ya dedicarte,
todos los habías agotado con rechazos.

Sí había razones para dejarte,
suficientes, déjame decirte.

“Te acordaste tarde que tenías que cuidarme,
amarme, quererme, mirarme.”
Omití mencionarte.

Me has matado.
De la forma más cruel.
Me dejaste ir con todas las palabras en las manos,
rogando una pena.
Uno no es libre hasta que las ataduras dejan
de doler, por más que uno intente apretarlas de más.

Oídos sordos,
labios secos,
rosas disecadas,
miedo impetuoso.

Ojalá supieras lo que pasó por mi cabeza,
miles de besos desperdiciados
en una carta con veintitrés puntos finales,
y ninguna verdad.

Te quise,
claro que lo hice,
pero tienes que entender que a veces
el amor se marcha sin avisar,
se esfuma por la rendija de la puerta que dejaste
entreabierta en una noche calurosa.

No te preocupes,
que a mí me va de maravilla,
cuando no se me ocurre en pensarte, está claro,
veo la luz al final de todo este amasijo de redes,
y pienso,
que estarás feliz de saber que no lloro más
por la ventanilla de los coches,
no susurro tu nombre,
y es que, era un mal innecesario.

Que tal vez podré borrarte,
del corazón, del móvil, de la agenda, de la mente,
pero te he escrito tantas veces,
que al final,
siempre acabo recordándote.