Texto: Jazmín Ramos
Imagen: Ogai (2001), Trotta.

Hemos ya mencionado que la literatura moderna japonesa floreció gracias a las obras de dos grandes escritores cuyo trabajo se vio mayormente desarrollado durante la era Meiji (1868-1912), los nombres de estos hombres son Natsume Soseki y Mori Ogai, de quien les hablaremos en la columna del día de hoy.

La literatura moderna en Japón tuvo un inicio turbulento, pues mientras una facción (la de Soseki) abogaba por una escritura en cuyas características pudiera distinguirse el espíritu japonés, había otro grupo de letrados que, gracias a su conocimiento de las letras occidentales, abogaban por un tipo de literatura como el que ellos habían visto en Europa, entre ellos se encontraba Ogai, quien había vivido varios años en Alemania debido a sus estudios en medicina.

Mientras que para Soseki, la lejanía de su país le había dejado clara la necesidad de crear una literatura puramente japonesa, Ogai abogó por la introducción de las letras occidentales a Japón, creando un tipo de escritura basada en las corrientes que había conocido en Europa.

Esta etapa de Ogai no habría de durar mucho, pues cedió para dar paso a su defensa de la literatura en Japón, justo cuando fue mandado al frente, en la guerra Ruso-japonesa. Sus textos estuvieron siempre cargados de ansias revolucionarias, desde su primera obra La bailarina (1890), hasta sus últimos escritos de tinte histórico. La obra de Ogai, siempre compleja, debido a la inclusión de terminología extranjera (escrita en katakana y por ello más complicada de entender), pasaría a ser un tipo de burla para aquellos aristócratas que se jactaban de poder leerlo.

Ogai fue además un gran cuentista, traductor y ensayista, que aportó una visión interesante que habría de revolucionar la crítica literaria en Japón, siendo seguido por varios poetas y novelistas; su influencia puede verse en escritores posteriores a él, quienes crecieron inmersos en su obra y filosofía. El autor habría de morir, enfermo, a los 60 años.

El día de hoy queremos recomendarles algunas de sus obras, entre las que están Vita sexualis (1909) que es su novela más famosa, además algunos de sus cuentos como Hanako (1910) e Ilusiones (1910). Los invitamos a leerlo como una forma de comprender el inicio de la era moderna en Japón y cómo las diferentes vertientes dieron origen a las letras japonesas actuales, de ello les hablaremos más adelante.