¿Alguna vez te has mudado? Los cambios siempre son situaciones difíciles y el día de hoy R.G. Astrid nos escribe desde Tamaulipas un interesante cuento.

Conocí a alguien encantador, sin embargo, tan pronto supo que tendríamos críos se esfumó sin decir nada. He decidido no verlo nunca más, esa es la razón por la que me dediqué a buscar un nuevo lugar en donde vivir.

Como no tengo dinero, planeo pedir asilo en una vieja casa que encontré más allá de lo terrenos baldíos que caracterizaban mi antiguo hogar. Estoy segura que si me escuchan por un segundo, comprenderán nuestra difícil situación y además planeo ofrecerles nuestra ayuda en el hogar. Tengo la esperanza de que los hospederos nos recibirán bien a mí y a mis amados hijos.

Cuando llegamos a nuestro objetivo observamos que la casa tenía la puerta abierta. En la entrada, estaba la señora de la casa. Levanté mi mirada y le dije:

—Mucho gusto, mi nombre es Julieta. Quiero pedirle que nos de asilo por algunos días. Le aseguro que no ocuparemos mucho espacio y ayudaremos en lo que podamos.

La señora no pronunció palabra y se metió a la casa dejando la puerta abierta, por lo que supuse que nos estaba dando la bienvenida. Me acerqué y le agradecí por su hospitalidad.

Tan pronto terminé de hablar, la señora me miró. Sin embargo, no recibí la respuesta que yo imaginaba, pues enseguida escuché un montón de gritos diciendo —¡Mátala! ¡¡Mátala!!—.

Una nube extraña nos rodeó. Mis criaturas salieron despavoridas tratando de escapar por su vida. Intente razonar con ellos, pero no me escucharon, no me quedó de otra más que huir.

Intenté esconderme debajo del sofá, pero estaban dispuestos a no dejarme escapar. Me perseguían con una botella que esparcía una nube acida. Todo comenzaba a verse borroso y una sensación de ardor recorría mi cuerpo.

A lo lejos podía escuchar lo que decían, mientras me quedaba inmóvil y el aire se escapaba de mí.

— Creo que ya está muerta… — Dijo doña Cleotilde, quien sostenía el frasco de veneno para insectos.

— ¡Qué asco! sácala de aquí mamá — Respondió su hija Hortensia.

— Esta es la tercera araña que encontramos en el día, ¡son una plaga! — Comentó doña Cleotilde a su hija.

Acerca de la autora

R.G. Astrid (Estado de Tamaulipas, México), estudiante de la carrera médico cirujano. Asiste al taller Alquimia de palabras. Participó en la antología de cuentos y relatos Alquimia de palabras y Cuentos cortos para noches largas. Ha colaborado en blogs y revistas digitales como Teresa Magazine y Revista digital Elipsis, con algunos de sus cuentos.