Por allá del 2010 vio la luz un manga muy particular (Shōwa Genroku Rakugo Shinjū) que me enseñó sobre una forma artística muy particular del Japón que, a pesar del tiempo, sigue persistiendo no solo como entretenimiento de masas sino como una disciplina a la que se le tiene mucho respeto entre los círculos artísticos; en la columna de hoy hablamos del monólogo humorístico o Rakugo.

El Rakugo fue durante muchos años, una forma de entretenimiento que iba de pueblo en pueblo y consistía en contar historias de la vida cotidiana, pero pasó mucho tiempo para que se connstituyera como un arte. El Rakugoka, se sienta en el llamado estilo seiza (de rodillas) y viste ropa tradicional, cuenta además con un abanico y un paño o toalla (el tenugui), elementos que le permiten contar sus historias, pues deben interpretar varios personajes y situaciones, todo sin levantarse, solo por medio de gestos y movimientos de manos. La singularidad de Rakugo está en el final ingenioso, llamado ochi, sin embargo, las historias pueden tener contenidos diversos, especialmente una crítica social disfrazada de burla a la cotidianeidad.

El Rakugo cuenta con una larga historia en las artes japonesas, pues surgió a finales del siglo XVI y continúa hasta nuestros días. Su época dorada, al igual que el de muchas otras artes, fue durante el periodo Edo (1603-1868). Los estilos de Rakugo se han dividido en dos, aunque la diferencia entre ambos es la zona en que se practican, ya sea Kantō (Edo Rakugo) o Kansai (Kamigata Rakugo); anteriormente existía un estilo en la zona de Kioto, pero se cree que actualmente ha desaparecido. Además, existen muchos extranjeros que se han hecho famosos por practicar este arte de manera formal en sus respectivos países.

En la actualidad existen escuelas especializadas que brindan formación a los Rakugokas, incluso hay un registro específico del número de personas que se dedican a este arte de manera formal y, entre todos los que practican el Rakugo, aquellos de mayor rango y experiencia son quienes se encargan de enseñar, de hecho no se pueden tomar discípulos hasta haber alcanzado cierto rango; a aquellos que se encuentran en la cima se les denomina Meijin o gran maestro. A las mujeres no se les permitía aprender Rakugo, al igual que ocurría con muchas otras artes, pero de unas décadas en la fecha algunas de ellas han comenzado a ser aceptadas en escuelas para ser formadas y su número ha incrementado significativamente.

Debido a que las historias utilizadas son casi siempre de conocimiento general entre los Rakugokas, lo que llega a identificarlos es su estilo. Existen clásicos de antaño y también obras de creación de cada maestro, además hay muchos teatros especializados a donde se puede asistir, pues brindan función todos los días.

El manga del que les hablé al inicio, tuvo una adaptación animada en el año 2016, totalmente recomendada también. Sus personajes retratan la forma en que el Rakugo cayó en declive durante la era Showa y cómo los grandes maestros tuvieron que encontrar una manera de continuar con su línea de sucesión, asegurando así un futuro para el Rakugo. La serie se centra en un drama amistoso entre dos maestros y la forma en que esto afecta a su futuro; en caso de que quieran aprender un poco más de este arte, pueden ir y revisar lo que esta obra tiene para ofrecer.

Al ser una forma artística y literaria poco conocida en occidente, es casi imposible acceder a traducciones en español, pero sí existen algunos compilados en inglés y francés que pueden ser consultados. La radio japonesa NHK también tiene disponibles algunas grabaciones que pueden escuchar y, por supuesto, muchos maestros tienen vídeos online para ver.