Seres bellos e increíbles que nos invitan a echar a volar nuestra imaginación, el día de hoy Antonio A. Huelgas nos escribe un pequeño cuento.

La miré mientras paseaba por el campo, por una simple casualidad voló frente a mí, y se posó sobre mi mano justo cuando la estaba levantando. Sus patrones de azabache, café y amarillo, se habían mezclado entre la vegetación. Me miró con sus brillantes ojos negros, y cantó, como esperando que estuviera junto a él.

Supe que era viejo, se veía en su desgastado plumaje. Me senté, pero no dejó mi mano, su canto era cada vez más débil. Sabía lo que pasaría. Me detuve para estar con el avecilla, quién aún trataba de cantar, acaricié su pequeña cabeza, y esperé.

Entre un trineo y otro, el pequeño se recostó sobre mi mano, me observó, como queriendo ser escuchado, como si llorara, y con un último trino, mi amigo expiró.

A veces paseo por el campo, para ver a las aves planear al atardecer, esperando algún día, quizá entre los espíritus, encontrarme de nuevo con esa pequeña avecilla.

Acerca del autor

Antonio A. Huelgas escritor y egresado de la licenciatura en Historia. Autor del libro Historias al viento. Escribe y administra su blog, Memorias andantes, con relatos de todo tipo.  Ha publicado en diferentes revistas y antologías.