Hasta hace muy poco, me percaté de que las escenas de corte erótico dentro de la literatura japonesa son muy poco abundantes. Muchas de las grandes historias románticas guardan su gracia en las cosas simples: tomarse de la mano (a veces solo tocarse con la yema de los dedos y por accidente), verse por largo tiempo y sonrojarse o apreciar la belleza en los gestos de las jovencitas que llaman la atención de los protagonistas. ¿Se debería todo esto al conservadurismo natural del japonés?, no lo creo, mucho menos si tomamos en cuenta la literatura del período Heian, tan cargada de referencias sexuales explícitas.

Lo que lo explica es, que los japoneses tienen una tendencia de apreciación a las cosas simples, lo cual engloba un sinfín de campos que iremos desmenuzando con el tiempo; algunas de sus manifestaciones pueden verse claramente en la pintura y también en el manga. Hoy, intentaremos hablar de otra de esas manifestaciones, ¿cuál?, la sensualidad que yace en los gestos menos elaborados.

Autores como Tanizaki suelen construir sus personajes femeninos con una sensualidad particular y sus descripciones detalladas se centran en aspectos que para muchos occidentales parecen poco comunes. En su cuento El tatuaje, por ejemplo, las imágenes más impresionantes y sensuales giran en torno a una jovencita a quien se le ha tatuado una araña de gran tamaño en la espalda mientras el kimono queda a medio vestir. En Los pies de Fumiko, nuestro protagonista pierde la cabeza por una chica cuya belleza no puede calificarse de “impresionante”, pero cuyos pies desbordan una sensualidad indescriptible para el lector.

La gracia de las geishas de alto rango, cuya piel apenas se ve, es también una manifestación de la sensualidad, que implica además un concepto del que hablaremos en otra ocasión: la belleza en aquello que no vemos, pero existe. De ahí que muchas descripciones de estas mujeres, conlleven imágenes sobre su postura, la gracia de sus manos, la forma en que se mueven sus pies o el color de sus cuellos.

A lo largo del tiempo, diversos autores han hablado, tanto en poesía como en prosa, de lo hermoso que era ver los pies o las manos de las cortesanas de los barrios rojos a través de las rejas y, muchos escritos de corte erótico se basan en este tipo de descripciones mínimas, porque para los japoneses “la parte es un gran indicador del todo”. Si bien, existen expresiones del erotismo japonés que brindan descripciones mucho más amplias (e incluso pinturas de corte explícito en varias épocas importantes), la sensualidad discreta tiene una mayor presencia en el arte japonés, no solo en la literatura, también en las puestas en escena, la pintura, el cine, entre otros. Les dejamos de tarea repensar aquello que han visto y leído con la mirada puesta en la sensualidad.