En occidente, se nos acostumbra a aprender literatura a partir de los clásicos griegos y romanos, de quienes se han heredado múltiples formas estéticas que han trascendido el tiempo y los estudios literarios; sin embargo, los países de Asia Oriental comienzan (en su mayoría) estudiando a los clásicos chinos. Japón y su literatura tienen gran influencia de la cultura china, lo cual se nota desde su escritura, que es nuestro tema de hoy.

Durante mis años estudiando la lengua japonesa, me he resignado a que, por mucho que estudie, siempre habrá algo que no pueda leer y es que, inclusive los habitantes del Japón tienen problemas para descifrar ciertos documentos debido a la constante inserción de extranjerismos y por supuesto, a la enorme cantidad de caracteres que van cayendo en desuso.

La escritura japonesa se compone de tres sistemas distintos (esto excluyendo el romaji, que es como denominan a nuestro sistema de escritura): el hiragana (ひらがな), el katakana (カタカナ) y el Kanji (漢字). Cada uno se utiliza para situaciones diversas y en la mayoría de los casos, confluyen en todo tipo de escritos; el kanji presenta además dos tipos de lectura: la china y la japonesa, lo cual aumenta las posibilidades de interpretación.

La escritura china fue introducida alrededor del siglo V de nuestra era, por los escribas y, alrededor del siglo VII el sistema ya se había extendido en los altos círculos de Japón. El hiragana y el katakana, a pesar de lo que se piensa, comenzaron su desarrollo de manera paralela durante la era Heian (794 d.C-1185 d.C) y deben mucho a las mujeres de la corte, pues al no tener acceso equitativo a la educación, no utilizaban tanto la escritura china.

Es justamente en el periodo Heian que se marca el inicio de la literatura en japón, ya escrita en lengua japonesa, pues antes de ello se hacían imitaciones de poesía china o se escribía según la estética y lengua china. Durante estos años, las mujeres de la corte comenzaron la adaptación de los silabarios, utilizándolos como medio de comunicación (se han encontrado muchos tankas y cartas de amor) y en la escritura de poesía, relatos cortos y algunas novelas (de este tiempo destacan El relato de Genji y El libro de la almohada).

Claramente la escritura llegó a Japón de manera tardía, pero desde su introducción las obras literarias no han cesado y, al igual que ocurre en occidente, las corrientes estéticas han aparecido una tras otra. Esto ha sido apenas una charla al respecto, pronto hablaremos de literatura femenina en el Heian, con lo cual podremos ahondar en los sistemas de escritura y las primeras formas literarias de Japón.