Las fiestas están llenas de placeres y peligros, el día de hoy Alejandro Díazdepardo nos comparte un cuento desde Bogotá , Colombia.

Parecía una luciérnaga. En la fuente que manaba aquella sustancia neón fluorescente se inyectaba en las venas el fluido que lo hacía ver como alguna extraña clase de humanoide luminoso. Scarlet vestida de rojo ceñido sólo veía como el tonto de su novio agregaba aquel tóxico brillo surrealista a su torrente sanguíneo. Decidió seguir bailando mientras el alcohol y los sintéticos durasen en las distintas conchas qué hacían las veces de titánicas poncheras llenas de vodka y ron con perlas brillantes en su fondo teñido.

El reloj de Hello Kitty dio la una, no sabía si era de la mañana o de la tarde. La fiesta en este sótano ajeno al mundo exterior, como si fuera en Marte o en Titán, se había prolongado por tiempo indefinido hasta el punto que ya no corrían las horas por este preciso lugar. La luciérnaga giraba. Scarlet bailaba al ritmo electrónico mientras las luces azules y frías centelleaban sobre su hermoso cuerpo y sus ojos verdes.  Identificaba muchas clases de personas y de seres. Vampiros y humanoides, licántropos y gente del común enfrascadas en un frenesí de drogas ya censuradas junto con el alcohol metílico y el sexo en una cúpula propicia para ello. Bebía, inhalaba, consumía. Era un círculo que le iba aburriendo. Su novio debía estar muerto por el fluorato de plomo en sus venas. Su rubio cabello se ondeaba al intentar peinarlo. Pensaba en salir, más le parecía frustrante volver a aquella realidad abstracta de ruina y fatiga. El tiempo no corría, el mundo no corría, ella ya no corría mientras la pastilla escarlata descendía levemente por su cuello de nácar…

Las ballenas eran audibles. Los murmullos en la fresca noche eran audibles por doquier. Sus ojos veían la luz y probaban el viento que corría desde lejano mar. Las alucinaciones se enmarcan de una forma increíble en las sensaciones humanas, así como en sus centros de placer, más esto no era una alucinación común… Podía sentirse en un devenir tenue, lleno de fragancias y aunada a vuelos que jamás había sentido antes. La liviandad de su mente era aterrorizante. Era un océano de sonidos, un piélago de seres en coros arcanos en sus oídos crepitando mientras las mariposas de un otoño lejanísimo le avivaban y le enviaban a lugares sin fin ni barreras… No era una alucinación… Todo eran recuerdos que discurrían mientras su sistema nervioso era excitado por los fármacos y el alcohol por litros. Su novio yacía en la fuente de neón mientras las doradas manzanas del Sol y las ardientes hojas de un otoño perdido se arremolinaban en su mente sobre estimulada como húsares en tremendas hordas de batalla.

Volvió en sí. Sus verdes ojos observaban la maquinaria de ternas mezclas de fiesta electrónica alternando dos ritmos muy populares.  Solo pudo distinguir ya las cansadas sombras de bailarines, drogadictos, alcohólicos y decadentes seres en absurdo mover a la luz albiazul… Y vio muchas cosas más…

La playa se recortaba en negro y blanco bajo la opaca luz de aquella estrella remota. El mar ondeaba como en una antigua cinta, con parsimonia y desidia, con hastío centenario sobre las arenas grisáceas movidas por el agua y por una presencia que avanzaba lenta por el lugar. El silencio imponía su ley con mano de hierro. Una cortina de melancolía que irradiaba una luz aciaga desde aquel astro extraño en el cenit del planeta se cernía sobre el paisaje que veía como se quebraba su mundo al paso fugaz del ser andante… Una ácida nostalgia invade el canto de las ballenas y el vuelo de las mariposas, como el caer de las hojas y el brillar de las manzanas. Es el recordar de la vida más allá del cerco que el LSD y las anfetaminas suscitan en cada terminación nerviosa. Es un recuerdo vivo de un arcano lugar y un arcano ser andante allende el tiempo y el espacio avanzan…

Sus ojos esmeralda se humedecen. Su alma se encoge. Su ebriedad se disipa al instante, así como sus alucinaciones que le llevan a reminiscencias etéreas bajo las incontables eones en aquel lugar de fiesta alienante y alegría falsa… Scarlet salía de la eterna y plástica ilusión para buscar en su mirada perdida las mariposas muertas, las hojas ardientes, las manzanas podridas y la luz cenicienta de aquel astro lejano que aquel ente vagabundo siguiese y que su impulso biomecánico le llevaría a buscar bajo el canto añil y frío de las cetáceos extintos en la oscuridad de un mundo derruido, en ruinas y que jamás regresaría a su mente positrónica más allá del recuerdo y de la alucinación…

Allí Scarlet cayó bajo el impulso muerto de la droga y el alcohol en la pileta fluorescente donde un tonto yacía lleno de fluido en su torrente sanguíneo en una eterna fiesta de luces albiazules y música sin final.

Acerca del autor

Wilson Alejandro Díaz, originario de Bogotá, Colombia, actualmente trabaja en el servicio postal de su país, lo que le da material en cuanto a vivencias, paisajes y pensamientos que se le van ocurriendo a medida que va trabajando.

Siempre ha gustado de la lectura, sobre todo de los grandes clásicos y del terror, el misterio y la literatura gótica. Ha publicado en Amazon los libros Los Discursos De La Desesperanza y Amando La Belleza Astral, actualmente se encuentra en espera de su primera edición en físico.