Hace un tiempo, cambiando los canales de la televisión, di con un documental sobre teatro japonés; por aquellos años me pareció bastante aburrido, pero recientemente y, debido a mi interés en la literatura japonesa, me vi sumamente interesada en todo aquello que involucrara a Japón, es así que aquel documental volvió a llegar a mí y una vez más, por pura casualidad. El filme cuenta la historia de tres hombres de la misma familia (abuelo, padre, hijo) que se dedican al Kyōgen, una de las grandes formas teatrales japonesas.

Creo que ya hemos mencionado la importancia de que ciertas artes conserven un linaje y es por ello que los miembros de una misma familia (especialmente los varones), tienden a continuar con las disciplinas que hayan cultivado sus familiares a través de los años; bueno, en el Kyōgen esto se nota mucho. Recuerdo que el miembro más joven de la familia decía que no importaba si le gustaba o no hacer teatro, porque su responsabilidad era continuar con el trabajo de los hombres que le precedieron desde hacía generaciones. Aquello me causó una impresión muy grande, al igual que los Rakugokas, de quienes hablamos en otra ocasión.

Los hombres que continúan con la tradición familiar tienen un maestro (casi siempre un familiar) que les enseñan a actuar las diferentes obras del compendio; es así que muchos pasan la mitad de sus vidas aprendiendo, al tiempo que van actuando lo que ya saben. Me pareció muy interesante que a los tres años, el niño que empieza a aprender debe interpretar el papel de mono en una obra, eso marca su presentación al teatro y el inicio de su vida en el Kyōgen; con los años, en edades importantes aprenderá algunas otras piezas cuyo simbolismo se ha conservado por generaciones.

El Kyōgen creció con el teatro Nō y es muy común que entre dos obras de Nō se inserte una pequeña obra Kyōgen, aunque son dos formas teatrales muy distintas. Se tiene la creencia de que el Kyōgen es solo comedia, pero esto tiene sus aristas, pues hay obras cuya finalidad es más bien adoctrinar sobre cuestiones morales mediante situaciones cotidianas o que rayen en lo satírico. Algunas obras carecen de diálogo y solo se basan en el movimiento, siempre exagerado, lo que permite la comprensión de las escenas.

A partir del periodo Edo, los grandes maestros establecieron un compendio limitado de historias que ha permanecido inamovible hasta nuestros tiempos. El número de obras asciende a 254 para la escuela Izumi y 180 para la escuela Okura en ellas reside la raíz de esta forma teatral; lo que diferencia a las diferentes compañías teatrales es básicamente la forma de ejecución, el linaje de las familias y por supuesto su estatus (todo esto tiene incidencia en el vestuario, las máscaras, la música, etc.).

El Kyōgen es visto como el complemento del Nō, pues mientras que el segundo apela más a lo conservador y sobrenatural, el primero apela a la realidad y lo moderno. Ambas formas escénicas sobrevivieron la embestida del tiempo y la crisis económica acaecida tras la Segunda Guerra Mundial y sus historias han trascendido hasta nuestros días, haciéndose famosas a nivel mundial.

La foto que les adjunto aquí es de la familia Nomura, cabeza de la escuela Izumi y los más grandes difusores del Kyōgen a nivel mundial; forman parte de una de las compañías teatrales japonesas más prolíficas y, son los protagonistas del documental del que les hablé en las primeras líneas, este lleva por nombre “Las tres generaciones de la familia Nomura Kyogen”. En caso de que puedan verlo, comprenderán mejor la naturaleza del teatro japonés, además de disfrutar algunas historias y narraciones interesantes. Su doblaje y difusión estuvo a cargo de Fundación Japón, quienes lo difundieron vía Canal 22 de México.

Estamos acercándonos al teatro Nō, aunque por ahora quisiera esperar un poco y hablarles de los inicios de la literatura en Japón, de lo cual estaremos platicando cuando nos encontremos otra vez; mientras tanto, aprovechemos para ver Kyōgen.