A principios del año pasado, por estas mismas fechas, tomaba un seminario sobre literatura testimonial y novela política. En las clases solíamos debatir temas como la representación y quienes son los adecuados para representar a “lxs-que-no-tienen-voz”. La frase “lxs-que-no-tiene-voz” siempre me resultó desagradable porque invisibiliza a lxs otrxs, lxs despoja de quienes son y lxs silencia en el olvido. Nunca llegamos a resolver el tema de la representación, porque la respuesta es simple: quien mejor representa es quien ha vivido y/o ha sido parte de la comunidad que se busca plasmar. Sin embargo, la práctica no es sencilla, los grupos “sin-voz” han sido silenciados sistemáticamente por años y es en ese punto donde muchos intelectuales han aprovechado para tratar de representar a los olvidados. Otro gran error.

En una de las últimas clases presenciales del seminario, debido a la contingencia que aún vivimos, fue tema la más reciente polémica de Yalitza Aparicio: una publicación de ella recomendando American Dirt de Jeanine Cummins. Yalitza ya había sido antes tema de conversación en la clase debido a todo el racismo sistémico que estaba recibiendo desde su revelación como actriz en Roma, pero esa sólo era una de las problemáticas que tocábamos ya que también nos interesaba el juego del marketing y el papel de la actriz como una subalterna excepcional.

Es ahí donde entra la importancia de la recomendación. Yalitza quien ha sido defensora de los derechos de los pueblos indígenas recomienda un libro que recrea todos los estereotipos que han hecho del mexicano una caricatura. Yalitza se daría cuenta de su error y rectificaría que antes de recomendar algo lo revisaría. Pero ¿a qué se debe la gran campaña publicitaria que recibió American Dirt? El libro no llegó a Yalitza como una elección propia, fue parte de una campaña publicitaria del club de lectores de Oprah Winfrey y antes de eso la editorial pagó a escritores bestsellers para que la recomendaran como la lectura del año.

American Dirt juega a ponerse el vestido de problemas como la migración y el narcotráfico para prometerle a su lector promedio que Estados Unidos es la tierra prometida para lxs latinxs. Es como una forma de decirnos que “de verdad” están interesados en las problemáticas de México y los problemas de los ilegales. American Dirt narra la historia de Lydia Quixano y su hijo Luca en una desesperada búsqueda por salir de México debido a que su familia fue masacrada por narcotraficantes. El problema de la novela no radica en el tema, sino quien lo está contando, la forma en la que trata las circunstancias y desde que ideología nos narra.

Alberto Chimal dice en su columna con respecto a la novela que “(…) Se puede escribir de la experiencia ajena si se le investiga, si se intenta al menos la aproximación a la conciencia de un “otro” (de lo contrario, ninguna ficción sería posible), (…)”.

Jeanine Cummins no intenta tener una aproximación a la conciencia del otro. Simplifica las condiciones y circunstancias que originan la migración a una serie de aventuras que cualquier película de Marvel nos puede ofrecer. Parece que para la editorial era una forma de poder demostrar que a los estadunidenses si les importan las políticas migratorias y las causas que originan el problema. La autora antes de la publicación de la novela se consideraba una mujer blanca, con la campaña de promoción publicitaria comienza a reconocer sus raíces “latinas” por parte de sus abuelas puertorriqueñas, como si aquella afirmación oportunista le diera la licencia de poder tocar temas que no conoce bajo la premisa de “querer dar una voz a los ilegales”. Y es aquí donde volvemos al punto de la representación y la “buena intención” de querer representar las dificultades de una comunidad. Todo ese amasijo de buenas intenciones sólo va creando una forma de mercantilización de la desgracia y un cúmulo de estereotipos con respecto a un grupo porque la mirada de su protagonista no es la de alguien que ha vivido las dificultades en México sino la de alguien ajeno que sólo observa de forma exótica.

Escritores como David Bowles, Myriam Gurba, Valeria Luiselli, Alberto Chimal, entre otros levantaron sus denuncias con respecto a la novela ya que sólo refuerza los estereotipos del lector promedio de American Dirt: blancos protestantes.

Y ante todo este panorama hay una preocupación más: el papel que las editoriales siguen jugando en la reproducción de ideologías. Que una persona blanca estadunidense hable de estos temas sin tener la mínima noción de conocimientos y se le otorgue una difusión con una campaña millonaria es preocupante.

Ha pasado un año desde la polémica ocurrida con American Dirt, también un año de replantearme la cuestión sobre una representación auténtica y de (re)encontrarme con textos como Desierto Sonoro de Valeria Luiselli en donde su solución al dilema de la apropiación cultural y la representación es contar las historias de aquellos que no llegan, aquellos que están perdidos, “la búsqueda de ecos y fantasmas”. Es necesario comenzar a escuchar las voces de quienes si representan a sus respectivos grupos y no replicar la mirada turística del que observa de lejos.