Hemos explorado la estética japonesa en muchos de sus ámbitos y, como ya hemos dejado claro, todos ellos funcionan como un todo que se reduce a una necesidad implícita de sentir, de percibir las cosas en su mayor expresión: la natural.

En japonés existe el adjetivo Shibui (渋い), que se refiere a la sencillez, a la naturalidad de las cosas y la necesidad de apreciarlas como tal. Recordemos, por ejemplo, que el Mujōkan nos invita a ver el tiempo como algo inevitable, es así que el musgo, la madera roída, la laca roja de los templos que se cae con el pasar de los años, son hermosas por ser naturales. Aquí es donde entra también el shibui que señala la sencillez que se alberga en todo aquello que existe y que solo por existir ya puede ser bello y apreciado como tal.

Es posible, claro, que algo que existe no sea bello a los ojos de todos, pero es susceptible de serlo. Muchas formas artísticas como la cerámica, el ikebana, el Rakugo e incluso el manga (por sus líneas y uso del blanco y el negro) son sencillos, pero en ellos albergan una elegancia que es apreciable como bella.

El shibui alberga además una interpretación relacionada con la imperfección que viene con la naturalidad de las cosas. En occidente estamos acostumbrados a buscar la perfección para poder apreciar la belleza: la simetría, la luz, el color, etc.; sin embargo, en Japón esto no ocurre: los japoneses tienden a ver la belleza en la imperfección de lo simple, que no por ello deja de albergar elegancia, inclusive muchas artes se esmeran por agregar estas “imperfecciones” que hacen todo más hermoso.

En literatura es un poco aparente que muchos críticos se han esmerado en señalar la “sencillez” de la narrativa japonesa; sin embargo, esta idea no puede ser más errónea. Los escritores japoneses ponen especial esmero en retratar la naturaleza humana, al tiempo que dibujan las relaciones de los personajes con su entorno, de manera que las descripciones parecen simples, pero terminan por ocultar una singular belleza.

Hasta ahora, habiendo revisado ya varios principios estéticos japoneses, se vuelve importante hacer un espacio para analizar nuestras lecturas y replantear nuestros estándares occidentales, para así brindar una nueva mirada a los personajes y situaciones que conocemos.

Yo les recomiendo un par de lecturas: Bailando con elefante y gato (Ogawa, Yoko, 2015) y Al sur de la frontera al oeste del sol (Murakami, Haruki, 1992). Cuando los leí hace ya unos años, me pareció que la belleza oculta en la simpleza de la narración, podía enamorar a cualquiera y espero que así sea.