Cuando era niño había dos cosas que siempre me ponían nervioso y me hacían sentir incomodo; la primera es el miedo que siempre le he tenido a las alturas y la otra las constantes burlas de mi familia hacía los personajes que representaban hombres homosexuales en la televisión. La segunda me hacía sentir como la primera: con un gran miedo a caer y no soportar el golpe. Las burlas y parodias de Adrián Uribe y Eugenio Derbez habían creado un miedo constante. Si mi familia se enteraba que era gay yo sería el objeto de su burla y durante un tiempo negué mi homosexualidad ya que no me quería convertir en el estereotipo que veía en la tele.

La representación del homosexual dentro de la cultura popular siempre estuvo plagada de estereotipos que retrataban a la persona como una parodia femenina. Luis Zapata escribe en el prólogo del libro México se escribe con J “lo único que nos presentaban las revistas, el cine y el teatro era la imagen estereotipada del homosexual frívolo y amanerado, el lilo que sólo parecía interesarse por jotear” (18). Es por esta razón que la publicación de El vampiro de la colonia Roma en 1979 resultó una forma de refrescar la literatura gay que hasta entonces sólo tocaba el tema de forma satírica, burlesca o pesimista como en el caso de la novela El diario de José Toledo, que retrata la homosexualidad como un camino de perdición que terminará de forma trágica.

Se puede decir que la literatura gay en México comienza con la publicación de la novela Los 41 que toma como material de creación el arresto de 41 hombres, que pertenecían a la clase alta de la sociedad porfiriana, el 17 de noviembre de 1901. La novela tiene un tono homofóbico muy marcado pero Víctor Federico Torres señala: “Detrás de esta narración con un claro tono moralista hay un texto panfletario, de corte antiburgués, encaminado a exaltar las virtudes de la clase obrera.” (81). Pero aquel tono antiburgués sólo sirve para reafirmar que la homosexualidad es una amenaza a las buenas costumbres y la moral en el país.

La novela de Luis Zapata, si bien no es un texto panfletario, si tiene el mismo corte antiburgués que pone en cuestión a la clase dominante, además, logra alejarse de los estereotipos que la literatura había creado del homosexual en el siglo XX.

El texto no tiene los personajes estereotípicos de las novelas sobre homosexuales de la época: la visión fatal sobre la vida homosexual, el peligro de las buenas costumbres, el gay cuyo único ideal es ser mujer o ser afeminado y por eso vive frustrado. Cuando el testimonio recurre a retratar este tipo de personajes siempre lo hace en un tono de burla y sátira hacía lo que la sociedad heterosexual había creado de la figura del homosexual (lo que el autor denomina loca dentro de la novela), pero no sólo eso, el texto va más allá cuando pone en cuestión las prácticas masculinas de los “bugas” y su convivencia con los homosexuales.

(…) mi hermano en esa época estaba viviendo con una loca que trabajaba en el teatro blanquita en las coreografías ¿no?       en los bailes                y eso que mi hermano era      es         buga                para que veas a donde nos lleva la vida a veces    bueno              no buga buga              ¿quién es totalmente buga?              nadie ¿verdad?           cualquiera tiene un pasado que ocultar                     o por lo menos lo ha soñado               lo ha pensado             ahora él está casado y tiene dos niños ¿ves?             pero entonces si vivía con esa loca                        se llamaba efrén         efrén algo        pero le decían frenchi             imagínate        frenchi            qué horror ¿no?                      las locas son las que nos desprestigian a los homosexuales de corazón                       a los homosexuales serios (…). (41)                    

El vampiro de la colonia Roma (2012)

Adonis siempre se muestra como un chico indiferente a los problemas sociales que ocurren a su alrededor, sin embargo, el verdadero cuestionamiento de las clases dominantes se encuentra en la construcción de la masculinidad de los años 80. La figura masculina dentro de las representaciones culturales del México de ese entonces se configuraba a partir del macho mexicano: hombres que siempre se encontraban alcoholizados y que ejercían su poder mediante la fuerza. Este estereotipo se puede apreciar en el cine de ficheras que afianzaba esta construcción masculina.

Los rasgos que cuestionan la masculinidad entran en juego con la contracultura ya que con el discurso sexual y nada estereotipado (para la época en la que se escribió el texto) rechaza la cultura homosexual que la cultura dominante había tratado de imponer ya que existía una incomprensión de la homosexualidad. Sin embargo, este discurso no pudo ser aceptado en un principio, sino hasta un creciente auge por la aceptación de la homosexualidad en México. Uno de estos ejemplos es el noticiero 24 horas conducido por Jacobo Zabludovsky, en una de sus emisiones la activista Nancy Cárdenas declaro ser homosexual ante millones de televidentes mexicanos, las declaraciones no fueron bien aceptadas, pero algo estaba surgiendo: la comunidad LGBT dejaba de ser invisible para la sociedad y comienza a mostrarse en lugares públicos. Es en este contexto en el que se escribe El vampiro de la colonia Roma.

Una vez que el contexto histórico en el que se inscribe la obra ha quedado claro y la visión que el autor tiene con respecto a la configuración del homosexual en las representaciones culturales de esa época podemos responder a la siguiente pregunta, ¿cómo Adonis se autoriza para representar al homosexual en un nuevo contexto?

De la figura de Osiris Pérez, “famoso” chichifo de la Ciudad de México, sólo sabemos que es la persona que entrevisto Zapata en la vida real y con base en sus testimonios realiza la novela (testimonio creativo). Pero la configuración que tenemos de Adonis no es como la de los demás homosexuales que nos presentan: el narrador es un chico bastante guapo, un dios griego tan hermoso que hasta Afrodita quedó enamorada de él. Esa es toda la información que tenemos de Adonis con respecto a su físico, lo configuración prevalece de acuerdo con las actividades que él realiza y su origen. Todos los homosexuales que aparecen en la novela son tachados de locas o de bugas que a escondidas tienen sexo con prostitutos, Adonis es el único que no se identifica como loca, ni la actitud que lleva es la de una loca. Es de los pocos personajes que vemos prostituirse en Sanborns y en la Zona Rosa, los amantes que tiene son excepcionales, como el millonario que lo lleva a una fiesta en donde lo hace pasar como un chico francés.

y me decía “mi amor y yo era su marido       ¿mentiendes?              era su marido sin darme cuenta                     porque el cuate este pensaba que yo realmente era su marido ¿no?             ya ves la mentalidad de las locas (…) actualmente creo que no me sentiría satisfecho por lo que te decía ¿no? de que no puedo aguantar por mucho tiempo a la misma persona en la cama. (52)

El vampiro de la colonia Roma (2012)

No hay una idea del amor romántico, todo se resume en pasarla bien y sentirse bien. Si bien la novela ya resulta muy estereotipada para nuestros tiempos no cabe duda que en el contexto de su publicación da un respiro a los estereotipos de aquel México. Adonis no busca representar a los homosexuales pero sí dice que ninguno es la parodia que de nosotros se ha hecho. En este sentido El vampiro de la colonia Roma me recuerda a Chin Chin el teporocho, pero de esa novela ya hablaré en algún otro momento.