¿Alguna vez te preguntaste cómo es que el ser humano puede leer/escribir? El día de hoy Fáidel Son nos comparte un interesante ensayo al respecto.

Desde que el Homo Sapiens apareció en la Tierra, el cerebro de los antepasados comenzaron a leer, pero ¿qué se entiende por el verbo leer?, ¿la habilidad lectora es un concepto que se desarrolló gracias a la evolución, o el cerebro cuenta con determinadas áreas para hacer el ejercicio lector? La lectura es una habilidad reciente, es decir, es una acción nueva que el ser humano tiene en práctica con el alfabeto, pero sin el uso del abecedario, el hombre primitivo ha sido capaz de leer los movimientos corporales, los gestos de otros individuos e incluso, las emociones; de esa manera, el sujeto desarrolló la empatía hacia el prójimo. En términos condensados, la segunda manera de leer ya mencionada, es más longeva que con el uso del abecedario: “La lectura, con su alfabeto, sus materiales y sus escribas, debe tener unos 6000 años, pero su lector, el cerebro, ya cumplió unos 200 000 añitos”. (p. 9). (En El cerebro lector).

Hay factores que intervinieron para que el humano haya adquirido el don de la lectura escrita y fonética mediante balbuceos, sonidos y figuras que hasta el día de hoy continúan como base fundamental para la interacción entre personas, ya sea de manera oral o escrita, sin embargo, hay cuestiones que son necesarias mencionar: ¿Qué o quién inventó la escritura? ¿Por qué hay palabras que se leen con cierta facilidad y por qué hay otras acepciones que se leen con dificultad a pesar de ser del mismo idioma, en este caso del español?

Por lo tanto, leer puede tener dos enfoques: el camino del placer o la vereda del sufrimiento, pues hay quienes leen literatura por afición, tal como lo hacía el escritor zapotlense, Juan José Arreola:

Lo único que importa es que todas las páginas aquí reunidas me enseñaron a amar la literatura y por eso las amo y las reúno. Las leí por primera vez entre los ocho y los doce años de edad. Sólo he agregado unas cuantas que leí después, joven o adulto, y que tienen el mismo valor y la misma enseñanza: me devolvieron el candor y la ingenuidad primeras. (p. 9). (En Lectura en voz alta).

Mientras que otros codifican figuras (letras) por obligación; ya sea por motivos académicos o laborales. De cualquier forma que sea, se obtiene un aprendizaje, aunque forzada: “Saber leer bien es de gran utilidad práctica en nuestra sociedad y en todo el mundo. Por desgracia, sin embargo, esta es la principal razón que los maestros dan a los niños cuando les dicen que deben aprender a leer”. (p. 55). (En Aprender a leer. Zelan, Karen).

Este ensayo se pretende abordar los tópicos sobre las figuras de las letras como jeroglíficos, qué ocurre en el cerebro mientras se lee y por último, pero no menos importante,  el valor de los hemisferios cerebrales en la lectura.

Durante la época antigua de los griegos, aproximadamente en el siglo VII, los escribanos amplificaron un sistema de escritura con la intención de que las personas se pudieran comunicar, pues las letras que hoy se conocen, se escribían juntas, es decir, no había un espacio entre palabras. Con el paso del tiempo,  la escritura evolucionó en el siglo XII e inconscientemente, el cerebro humano se adaptó al régimen de ese escrito que se conoce hoy en día. Por consiguiente, la escritura mantiene su esencia “mágica”, ya que aumentó la capacidad de pensar en el cerebro humano; de ahí que las personas piensen que la escritura es un regalo divino, según su cultura:

La idea de que la escritura es un regalo de Dios se repite en las culturas de todo el mundo. Los babilonios pensaban que todas las formas de la magia, incluyendo la escritura, venían de Ea, el dios de la sabiduría. Los sirios reverenciaban a Nabu, el hijo de  Marduk, que le enseñó a la humanidad sobre el arte y el trabajo, desde la arquitectura hasta la escritura. En la religión hindú, Ganesh, el dios de la sabiduría con cabeza de elefante, inventó la escritura; ¡incluso rompió uno de sus colmillos para usarlo como lápiz! En la Biblia, fue Yahvé mismo quien le entregó a Moisés los Diez mandamientos escritos por su mano sagrada. (p. 211). (En El cerebro lector).

Es común que las personas que conocen el alfabeto basado en el Griego y Latino puedan leer este código sin dificultad (depende qué lengua romance hable el individuo), sin embargo, alguien perteneciente del lado oriental, un coreano o un japonés como verbigracia puntual,  desubique esta escritura; por ende, desconozca cuántos trazos se conforma cada letra o si sólo se tratan de signos que no tienen significado como el auxiliar “do” en una pregunta en inglés (do you have money?):

Las mayúsculas, por ejemplo, tienen ya sea un trazo (C, I, J, O, S, U), dos trazos (D, G, L, P, Q, T, V, X), tres trazos (A, B, F, H, K, N, R, Y, Z) o cuatro trazos (E, M, W, Ñ), pero nunca más de eso. Cuando un sistema de escritura requiere más signos se crean nuevos signos mediante la invención de trazos más básicos para que la media ronde tres trazos. (p. 216). (En El cerebro lector).

Por otra parte, es imprescindible mencionar que en este ensayo no se puede profundizar sobre la paleoantropología ni en la historia de la escritura, sin embargo, es menester explicar cómo se desarrolló este increíble, pero necesario invento de comunicación. En las cuevas de Mesopotamia, encontraron pinturas hechas por el Homo Sapiens, es por eso que gracias a ese descubrimiento, se intuye que las imágenes localizadas pudieran ser el pilar para la invención de la escritura muchos años más tarde:

En la antigua Sumeria y el antiguo Egipto apareció la pictografía, al menos transitoriamente, como una forma sencilla de enriquecer el léxico de las formas escritas. Su mayor ventaja consistía en que era fácil de leer. No hacía falta un escriba para explicar que el dibujo de una piga de trigo era el símbolo de la cosecha. (p. 223). (En El cerebro lector).

Debido que la escritura consistía sólo en figuras como los jeroglíficos egipcios, el cerebro humano tuvo que evolucionar el hemisferio derecho con el fin de interpretar figuras.  En los países donde ya se había generalizado la escritura, la cultura de las diferentes topografías llevó la comunicación escrita a símbolos diferentes hasta llegar a ser las letras que se conocen actualmente:

Cada una de las letras que usamos rutinariamente en nuestro alfabeto romano, entonces contiene un pequeño dibujo escondido, que data de hace cuatro mil años. Una “m” simboliza olas, una “n” una serpiente, una “i” un aguijón, una “k” una mano con dos dedos extendidos, un “R” una cabeza de res. La escritura echó a andar desde  los primeros dibujos realistas de las cabezas de bueyes en la cueva de Lascaux. (p. 232). (En El cerebro lector).

Ahora bien, después del proceso histórico y cultural de la escritura, el aprendizaje de la lectura escrita en los niños y en analfabetos mayores de edad, desarrollan ambos hemisferios de su cerebro, pues se activan los conceptos léxicos y fonológicos, ya que en el hemisferio izquierdo los aprendices  de la lectura fotografían palabras con la vista después de darle un significado mientras que con el hemisferio derecho, ya son capaces de crear imágenes en su cerebro relacionadas con la palabra:

Las imágenes cerebrales muestran que el niño que oye frases u oraciones de su lengua materna  ya desde los primeros meses de vida activa las mismas regiones que activan los adultos. En el bebé de pocos meses de vida el hemisferio izquierdo del cerebro, que es el hemisferio dominante para el lenguaje en la mayoría de los adultos, ya da cabida a circuitos neuronales que responden a la voz. (p. 28) (En Aprender a leer. Dehaene, Stanislas).

Aprender a leer induce a modificaciones muy profundas en la actividad cerebral, enlazada con la visión, sin embargo, cabe mencionar que leer también es aprender a recodificar los sonidos que el hablante escucha. Por ejemplo, las personas que no saben leer, son menos eficaces en la codificación de palabras habladas:

En efecto, los analfabetos son menos eficaces en la codificación de palabras habladas, y sobre todo de las pseudopalabras (esto es, secuencias de sonidos o letras semejantes a palabras, pero que no forman parte del repertorio real de palabras de la lengua), como paot. Al igual que los niños de corta edad, las asimilan a palabras conocidas, como pato. (p. 40) (En Aprender a leer. Dehaene, Stanislas).

Descifrar la escritura alfabética requiere que, en el interior de la palabra, se deba orientar la atención para detectar piezas elementales, en específico, las letras. Los aprendices de la lectura escrita, deben comprender que estos códigos no son numerosos y el orden de izquierda a derecha son un factor importante: “En un buen lector, esta región codifica no sólo las letras aisladas, sino también las combinaciones de letras en correspondencia con grafemas, sílabas y morfemas. Exponer al niño las letras no es suficiente”. (p. 47) (En Aprender a leer. Dahene, Stanislas).

Muchos de los niños y analfabetos que no consiguen comprender lo que leen cuando son aprendices, son víctimas de diversas apoplejías neurológicas (como la dislexia  o Alexia pura). Algunos padres o maestros, lejos de ayudar a los niños con estas patologías, optan por insultarlos por creerlos tontos; por ende el infante pierde interés por la lectura: “Me presentan un texto, ese texto me aburre, se diría que murmura. El murmullo del texto es nada más que esa espuma del lenguaje que se forma bajo el efecto de una simple necesidad de escritura”. (p. 12) (En El placer del texto).

Algunos docentes emplean métodos (como el Lenguaje integral que causa una ilusión de estar leyendo), sin embargo, sólo ocultan por completo el amplio universo al que da acceso la capacidad lectora, asimismo, provoca que el niño vea la lectura como una obligación y fastidio:

La naturaleza de la respuesta que el maestro dé a los errores de lectura tiene mucho que ver con las consecuencias de los mismos para el niño: que el maestro tome tales errores como un fallo indeseable o que los considere interesantes determina que el alumno se sienta desalentado o alentado a leer. (p. 131). (En Aprender a leer. Zelan, Karen).

En conclusión, actualmente, la medicina ha evolucionado tanto que si un médico del siglo pasado estuviera en un quirófano en el tiempo actual, podría sentirse confundido por la cantidad de instrumentos, aparatos  modernos y avances en la medicina. Sin embargo, si un maestro del siglo XX estuviera en un salón de clases contemporáneo, a diferencia del médico, el profesor no se sentiría desorientado, pues podría dar clases sin problemas, ya que estaría cómodo con el pizarrón, las butacas y con los marcadores en lugar de los gises, es decir, infortunadamente, los métodos de enseñanza seguirían igual, sólo cambiaría el hecho que  el maestro ya no podría golpear al estudiante para “disciplinarlo”.

Ahora bien, el segundo caso del docente en la época actual, sería preocupante, pues si el pedagogo  del siglo XX  siente satisfacción con el material de nuestra época, quiere decir que no ha habido evoluciones  en los procedimientos de aprendizaje en la lectura.

La lucha por educar y enseñar a aquellos estudiantes que son de lento aprendizaje es obligación no sólo del profesor, también de los padres o tutores. Es menester mantenerse activo en las nuevas técnicas de pedagogía; así que, en vez de abandonar o humillar al alumno por no aprender de la misma forma (en este caso de la lectura) que sus otros compañeros, no es motivo para que los encargados de guiar al infante en su aprendizaje lo abandone.

Referencias

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Bettelheim, Bruno & Zelan, Karen. “La magia de la lectura”. Aprender a leer. Barcelona: Editorial Crítica, S. L. 2009. p. 55. Impreso.

Bettelheim, Bruno & Zelan, Karen. “Los errores de lectura y el maestro”. Aprender a leer. Barcelona: Editorial Crítica, S. L. 2009. p. 131. Impreso.

Dahaene, Stanislas. “Este libro y esta colección”. El cerebro lector: Últimas noticias de las neurociencias sobre la lectura, la enseñanza, el aprendizaje y la dislexia. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores. 2018. p. 9. Impreso.

Dahaene, Stanislas. “La invención de la lectura”. El cerebro lector: Últimas noticias de las neurociencias sobre la lectura, la enseñanza, el aprendizaje y la dislexia. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores. 2018. p. 213. Impreso.

Dahaene, Stanislas. “La invención de la lectura”. El cerebro lector: Últimas noticias de las neurociencias sobre la lectura, la enseñanza, el aprendizaje y la dislexia. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores. 2018. p. 216. Impreso.

Dahaene, Stanislas. “La invención de la lectura”. El cerebro lector: Últimas noticias de las neurociencias sobre la lectura, la enseñanza, el aprendizaje y la dislexia. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores. 2018. p. 223. Impreso.

Dahaene, Stanislas. “La invención de la lectura”. El cerebro lector: Últimas noticias de las neurociencias sobre la lectura, la enseñanza, el aprendizaje y la dislexia. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores. 2018. p. 232. Impreso.

Dehaene, Stanislas. “¿Cómo funciona el cerebro antes de la lectura?”. Aprender a leer: De las ciencias cognitivas al aula. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores. 2019. p. 28. Impreso.

Dehaene, Stanislas. “¿Cómo funciona el cerebro antes de la lectura?”. Aprender a leer: De las ciencias cognitivas al aula. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores. 2019. p. 40. Impreso.

Dehaene, Stanislas. “¿Cómo funciona el cerebro antes de la lectura?”. Aprender a leer: De las ciencias cognitivas al aula. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores. 2019. p. 47. Impreso.

Barthes, Roland. “El placer del texto”. El placer del texto. París: Siglo Veintiuno Editores: 1974. pp. 12 – 13. Impreso.

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Bibliografías

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Rodríguez Calzado, Raúl. “La adquisición y el desarrollo de la lectura. Un modelo psicológico y sus implicaciones para el proceso de enseñanza – aprendizaje”. Varona. Universidad Pedagógica Enrique José Varona. Julio de 2008. Web. 09 de diciembre de 2020.  
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