Cuando me planteé la idea de comenzar esta columna, me topé con un problema: el de ponerle nombre. Quería representar a una mujer fuerte, valerosa e inteligente. Reivindicar su historia para ser conocida en este lado del charco. En ese sentido, la vida de Nzinga captó mi atención pues es símbolo de la lucha por la libertad de Angola. Su papel en la historia africana inicia así: durante el siglo XVI, los traficantes portugueses de esclavos se dirigieron al Congo y el suroeste de África amenazados por la ampliación de las redes de trata de Inglaterra y Francia en el norte del continente. Se instalaron en el reino de Ndongo, actual Angola, con su principal centro para el tráfico de esclavos en Luanda. Sin embargo, su oposición más sólida llegó de una reina angoleña. Ngola (título real en lengua kimbundu que después daría nombre al país, Angola) Nzigna luchó contra los esclavistas por la independencia de su pueblo desde 1624 hasta 1660 (¡por casi cuatro décadas!). Dirigió ella misma sus propios ejércitos y, de hecho, derrotó a los portugueses en diversas batallas. Así, se convirtió en la cara de la resistencia a la colonización europea en África (“¿A quién rayos le importa su vida sexual cuando hizo todo esto?”, me pregunto cada que leo las pocas entradas en español que hacen referencia a sus posibles prácticas sexuales).

Motivada por su historia, inicié una búsqueda de voces femeninas en la literatura de ese país. Primero comencé por revisar las antologías más reconocidas sobre poesía angoleña, con base en las cuales se enseña la literatura africana en las universidades europeas (una selección de textos reunidos, cabe recalcar, por catedráticos portugueses). Y no encontré en ellas una sola mención a un poema escrito por una mujer. Sin embargo, no resultó sorprendente la supuesta inexistencia de mujeres poetas en Angola. Ninguna referencia a ellas en la colección de Pires Laranjeira[1] sobre poesía pre-independentista de Angola[2] ni en la obra 50 poetas africanos de Manuel Ferreira[3] (Lisboa, 1989). Nada. Y peor aún: en la antología Balada dos Homens que Sonham publicada en 2011 por la propia Unión de Escritores Angoleños (UEA) en Luanda, la capital del país, todos los autores incluidos son hombres.

Cierto día, sin embargo, me topé por casualidad con un poema de la angoleña Alda Lara que, extrañamente, estaba traducido al español. Era una composición desgarradora en la que una mujer, sentada como cada tarde a la orilla del mar, contempla en silencio el vuelo libre de las gaviotas, consciente de una soledad que la agobia:

Y mientras

las horas se hacen pedazos,

por encima de las ondas,

van restos de un sueño irreal…

La hermana de las gaviotas,

Mujer delgada como ellas,

anda vestida de blanco,

¡cual las gaviotas más bellas!

Mas nunca puede volar.

Nunca vio de cerca el cielo,

nunca vivió sobre el mar [4]

Movida por la curiosidad, poco a poco me interné en la vida y obra de la poeta. Su aportación a las letras, su amor por su tierra y por su gente, su activismo y su dedicación me llevaron a destinarle la columna de esta semana con la intención de traducir algunos fragmentos de sus poemas para así ampliar aún más el alcance de su obra poética (que, como verán más adelante, es brillante en sí misma).

Alda Lara nació en Benguela, Angola, en junio de 1930. Aunque murió joven con apenas 32 años debido a complicaciones médicas desconocidas, fue en su tiempo una prolífica escritora en lengua portuguesa. De hecho, a los 17 años se mudó a Portugal en donde estudió Medicina en dos de las universidades más importantes del país: las de Lisboa y Coímbra (instituciones que, posteriormente, elaborarían antologías sobre poesía angoleña en las que no reconocerían las contribuciones de su antigua estudiante). Mientras trabajaba en su tesis sobre Psiquiatría Infantil, Alda comenzó su carrera como poeta escribiendo para periódicos como Mensagem, una publicación realizada por estudiantes de la Casa dos Estudantes do Império (CEI). Dicha organización política, compuesta entre los años 1948 y 1964 por universitarios procedentes de las colonias portuguesas en África, le dio a Alda un nuevo propósito: sus integrantes eran activistas y buscaban conformar una resistencia contra el colonialismo portugués en su país de origen. Así, mediante diversas formas culturales, crearon un espacio de unión que desde Portugal fomentaba la participación en los movimientos de Independencia de Angola.

Como cabría esperar, el periódico resultó fuertemente censurado por el gobierno de Portugal, motivo por el que vieron la luz únicamente cuatro ejemplares en la década de los 50’s. Ahora, en uno de ellos se encuentra el poema representativo de Alda, Presença Africana ‘Presencia Africana’ (1953), en el que ella no sólo reafirma su identidad como africana, sino que también hace explícita su fuerza y resiliencia como mujer: 

Y a pesar de todo,

¡todavía soy la misma!

Libre y esbelta,

eterna hija de cuanta rebeldía

me ha consagrado.

¡Madre África!

Madre fuerte del bosque y del desierto,

aún soy,

la hermana-mujer

de todo lo que en ti vibra

puro e incierto… [5]

En efecto, Alda incluso manifiesta en su poema la conexión que, a pesar de encontrarse lejos, todavía mantiene con las poblaciones negras de su querida Angola:

¡Sí! Todavía soy la misma.

El amor desbordante

por los cargadores del muelle

sudorosos y confusos,

por los barrios sucios y durmientes

(Calle 11… Calle 11…),

por los niños negros

de barriga hinchada

y ojos hundidos…

Porque, al final, se mantiene esa firme convicción de luchar por la libertad de su gente:[6]

¡Tierra!

¡Todavía soy la misma!

Todavía soy

la que en un rincón nuevo,

pura y libre,

me levanto,

al acento de tu pueblo.

Asimismo, en su obra la poeta también abordó temas como la infancia, la identidad racial, la vida como inmigrante angoleña en Portugal, la lucha contra el colonialismo y la opresión e, incluso, la tensión entre ser madre y su trabajo como activista por la liberación de su país. Al contrario de lo que podría pensarse al estar en un país “primermundista” en donde el hambre, la marginación y la guerra eran sólo referencias lejanas, Alda no se dejó seducir por los tópicos recurrentes de sus contemporáneos europeos. En realidad, ella siempre añoró Angola, razón por la que sus poemas giran en torno a la nostalgia de África, su tierra natal:

No más la agitación vibrante

de una ciudad en convulsión,

no más esta visión,

ni el crepitar mordiente

de estos ruidos…

Mis sentidos

ansían la paz de las noches tropicales

en que el aire parece mudo,

y el silencio lo envuelve todo.

Sed…

Tengo sed de los crepúsculos africanos,

todos los días iguales,

y siempre bellos,

de tonos casi irreales…[7]

Así pues, en su poema Retorna ‘Regreso’ (1948), escrito durante su larga estadía en Portugal, se aprecia también una firme convicción de volver a África. Este deseo se vio cumplido hasta 1961, 13 años después de su partida. Sin embargo, Alda murió tan sólo un año después y fue su esposo, el autor mozambiqueño Orlando Albuquerque, el encargado de publicar sus poemas de forma póstuma en dos colecciones poéticas: Poemas (1966) y Tempo da Chuva (1973).

Por último, quiero abordar la relevancia que tiene la mujer para Alda Lara. En varios de sus poemas, especialmente en As belas meninas pardas ‘Las bellas chicas morenas’ (de Poemas, 1966), la poeta angoleña intenta reivindicar a las niñas negras de su país, señalando que son tan hermosas como cualquier otras. La composición en particular evidencia y critica de forma irónica un conformismo silencioso con la educación, los estereotipos y los valores impuestos a las jóvenes africanas desde la llegada de los colonizadores portugueses (una consecuencia poco reconocida, y mucho menos literalizada, del colonialismo europeo en Angola):

Miran con los ojos en el suelo,

hablan de forma suave,

no están felices ni tristes

Apenas son como son todos los días.

En los paseos dominicales

andan siempre bien vestidas.

Derechitas. Correctas.

No conocen el sabor que tiene una risa

(¡Parece mal reír en la calle!) [8]

Lo que la lleva a cuestionar:

Mas, son historias perdidas…

¿Por qué importan otras vidas?

¿Otras razas?… ¿Otros mundos?…

¿Qué importan otras chicas,

felices o desgraciadas?

De hecho, la influencia de Alda Lara en las letras angoleñas posteriores poco a poco ha sido reconocida. En efecto, se estableció en su honor el Prémio Alda Lara para poesía en la ciudad de Lubango, Angola. Asimismo, otros artistas han retomado su obra poética, como es el caso de Paulo de Carvalho, cantante portugués que grabó su poema Prelúdio/Mãe Negra en 2012. Sin embargo, quiero recomendarles la versión musicalizada de su poema Ronda por parte de la compositora y cantante, angoleña también, Aline Frazão, incluida en su segundo álbum de estudio Movimento de 2013:  

En la danza de los días,

mis dedos bailaron.

En la danza de los días,

mis dedos contaron.

Contaron, bailando

canciones sombrías…[9]


[1] Escritor portugués especializado en literatura africana. Es responsable de los cursos de Literatura y Culturas Africanas en lengua portuguesa de la Universidad de Coímbra desde 1981.

[2] Se trata de la Antología da Poesía Pre-Angolana (1948-1974), publicada en Oporto (1976).

[3] Fue un escritor portugués reconocido por sus ensayos literarios sobre África y sus antologías de poesía africana en lengua portuguesa. Impartió clases de Literatura Africana en la Universidad de Lisboa.

[4] Fragmento de su poema Acuarela Marítima (1951).

[5] Traducción propia. Para leer el poema completo en su idioma original: https://www.lusofoniapoetica.com/angola/alda-lara/presenca-africana

[6] De hecho, su papel como activista en Portugal fue tan importante que, incluso, la Polícia Internacional e de Defensa do Estado (PIDE) del país, en ese momento el brazo secreto de seguridad colonial portuguesa, mantuvo un archivo confidencial sobre ella (Dictionary of African Biography, 2012).

[7] Para leer el poema completo: https://poetassigloveintiuno.blogspot.com/2016/02/alda-lara-18046-poeta-de-angola.html

[8] Traducción propia. Para leer el poema completo en su idioma original: https://poetassigloveintiuno.blogspot.com/2016/02/alda-lara-18046-poeta-de-angola.html

[9] Traducción propia. Para leer el poema completo en su idioma original: https://www.lusofoniapoetica.com/angola/alda-lara/ronda