Una de las preguntas que más me han hecho aquellas amigas interesadas en el mundo de la literatura japonesa, se relaciona con el papel que las mujeres han desempeñado a lo largo de esta historia literaria en Japón. Mi respuesta (que ahora intento escribir aquí) es que, básicamente, las mujeres han tenido sus épocas de brillo y otras de completa oscuridad, por razones no muy distintas a las que permearon ciertas etapas literarias en occidente.

Es interesante ver que, durante los inicios de la literatura escrita en Japón, fueron las mujeres quienes llevaban el estandarte, al igual que parece estar ocurriendo en nuestro tiempo, donde cada vez son más las mujeres que se llevan los galardones más prestigiosos de ese país.

Hablamos ya, en esa pequeña entrada sobre los sistemas de escritura japonesa, del papel que desempeñaron las mujeres de la corte no solo en la invención y desarrollo de los silabarios Hiragana y Katakana, sino también de formas literarias que seguirían desarrollándose a lo largo del tiempo en Japón.

Recordemos que, si bien Japón posee una cultura milenaria, la escritura llegó de manera bastante tardía (alrededor del siglo IV d.C.); es así que los japoneses utilizaron los ideogramas chinos para intentar adaptarlos a su propia lengua. Este proceso fue lento y al parecer no muy fructífero, pues los hombres seguían educándose bajo la lengua china. Los artistas, por supuesto, aprendieron formas artísticas y literarias clásicas chinas; es aquí que se adoptan formas poéticas que devendrían en el haikú y el tanka japoneses.

Ahora, el papel de las mujeres fue sumamente importante, pero debemos recordar también que dichas mujeres poseían el privilegio de saber leer y escribir, si bien no al mismo nivel que aquellos hombres cuya educación estaba encaminada a desempeñar puestos importantes dentro de la sociedad japonesa. Las mujeres de la corte vivían en pabellones divididos, pues muchas eran esposas o concubinas del mismo señor; sus sirvientas habitaban en pabellones distintos y, por supuesto, no poseían el mismo nivel de alfabetización.

La imagen es clara: mujeres de clase alta que poseían tiempo de sobra y que, además, tenían acceso a la cultura escrita de su tiempo. La literatura era leída en de ciertos grupos, dentro de los cuales era memorizada y posteriormente copiada; es muy probable que de este sistema nacieran distintas versiones de los mismos textos, con algunas variantes significativas, pues (como bien sabemos) no siempre es posible recordarlo todo en el orden original, además de que el vocabulario escrito podía ser limitado o distinto. Una mujer escribía, luego era leída y con el tiempo su obra podría llegar a reproducirse, aunque esto podía depender también de las mismas fricciones entre ellas.

La era Heian (S. VIII-XI d.C), también llamada época de la corte, marcó el desarrollo de formas artísticas que permearon la visión de la literatura en Japón: el waka, que es un conjunto de formas poéticas de las cuales hablaremos en otra entrada y cuya famosa representante fue Izumi Shikibu; el diario, género del cuál sobresale el llamado Libro de la almohada (Makura no Sōshi), atribuido a Sei Shōnagon y, por supuesto la novela, género en el que sobresale el clásico Genji Monogatari, atribuido a Murasaki Shikibu.

Todas estas autoras son reconocidas por sus aportes a la construcción de la estética literaria japonesa; Sei tenía una picardía y agudeza que sentó las bases para la sátira, pero también para la escritura secuencial característica de los diarios. Su libro, cargado de las situaciones de la corte, pero también de una visión hasta entonces desconocida de la vida de las señoras del emperador, sigue siendo por demás interesante y preciosa. Mientras tanto, Murasaki Shikibu puede ser la autora de la primera novela dentro de la literatura universal, además de apuntar al mayor tópico de la estética japonesa: el mono no aware, es decir, la sensibilidad que llega ante la percepción y contemplación de las cosas. Esta novela sería no solo referenciada, también parodiada, pintada y replanteada de diferentes formas hasta la actualidad. El príncipe Genji, nacido de la mujer favorita del emperador, su posterior camino de lascivia y amor por su madrastra, así como las historias de su descendencia, marcaron no solo su época, sino a la historia literaria japonesa.

El Heian fue la época literaria femenina por excelencia, si bien se ha hecho complicado discernir entre aquellos textos que fueron suyos y aquellos que pertenecieron a sus pares masculinos, pues al igual que ocurre en occidente, era muy complicado para algunas de ellas, hacer que sus textos vieran la luz más allá de las esteras de sus pabellones. La sensibilidad femenina y sus ideales permanecen a lo largo de la historia en Japón como un recordatorio de que las letras las necesitaron no solo para encontrar una mejor vía escrita de darse a conocer, sino para notar situaciones que otros no hubiesen sido capaces de notar. Los invitamos a leer a estas mujeres, en cuyos textos encontrarán pasajes sumamente interesantes e imágenes incapaces de dibujar por escritores de otras partes del mundo.