Los cambios siempre son difíciles, más cuando se trata de llegar a un nuevo país. El día de hoy Yanira González nos comparte una interesante reflexión.

Tomar la decisión de mudarse de país no es nada fácil.
Se deja la tierra que nos vio nacer, donde caminamos sin rumbo más de una vez y otras tantas con paso firme; sus frutos no saben igual en otros campos, y si los llegamos a encontrar el precio por saborear un recuerdo no es barato.

Dejamos familia, amigos, vecinos, compañeros de trabajo o escuela; esto duele en los momentos más críticos del cambio, ya que tenemos que recurrir a consejos guardados por los abuelos, pensamos en lo que nos dirían nuestros padres, volteamos buscando el consuelo de un hermano o el apoyo de un buen amigo y no hay nadie. Los que tienen hijos y pareja duermen con los brazos doloridos por un vació imposible de llenar, los colegas que hacían eco de nuestra felicidad y tejían anécdotas siguen construyendo, sin nosotros.

Comprar maletas cuando sabes que el viaje no es por placer es triste, es diferente ¿Cómo guardas esa cama donde pasaste tantas fiebres? Los trofeos, regalos, muebles, mantas, lámparas, tazas, todo aquello que tiene un lugar en tu rutina, un valor sentimental y no puedes cargarlo ¿dónde lo metes?

Hacer el equipaje, intentar ser prácticos, dejar la nostalgia aparcada por momentos, tratas de recordar cada consejo, cada sonrisa, el más pequeño de los gestos de amor lo proteges porque sabes que en esas noches solitarias te hará falta echarles mano para poder seguir adelante, y no es que dudes de tu valentía o los planes que tienes, usas los recuerdos porque la soledad que escogimos no es la misma que te da la vida, esta la has elegido tú.

Pensamos estar preparados para lo que venga, pero un día te das de golpe con el racismo por ser extranjero, por trabajar en una tierra que no es la tuya, por mentes cerradas y opiniones que no tienen pies ni cabeza.

Amigo inmigrante, no eres el único que lo pasa mal cuando no puedes asistir al funeral de alguien que tanto amaste o cuando te pierdes esa boda, una graduación, una despedida, un nacimiento.

No estás solo cuando falta una semana para cobrar y ya no hay qué comer y tienes que robar una manzana o un pan de tu compañero de piso, cuando tu jefe no entiende tus necesidades y no hay adelanto de pago.

Esa soledad que no cura ni una mascota porque no podemos permitirnos que se ponga enferma o no hay tiempo para amar a un perro o un gato que nos espere al volver del curro.

Ni estamos solos ni todos los que viven en el país que nos ha acogido son malos, échame una mano, si me ves por la calle con piel negra, rasgos latinos, si voy con el pelo cubierto o hablo un idioma distinto al tuyo, sonríeme, regresare tu gesto con una sonrisa sincera y en silencio te diré: No estamos solos somos muchos y los españoles son nuestros hermanos, no el enemigo.

No te cierres, ya abriste las alas, ahora abre la mente y si no es mucho pedir, abre tu corazón.
No es sólo riqueza material lo que venimos a conseguir, empápate de nueva cultura y muestra con orgullo la tuya.
Somos ejemplo viviente de nuestra patria, tu gente estará orgullosa de ti y los demás querremos conocer más personas guerreras, como tú.