La naturaleza siempre es una fuente de inspiración. El día de hoy Carlos Antonio Quintanilla Obispo nos comparte desde El Salvador un interesante poema.

Nuestros zopilotes bailotean entre
los volcanes, el cielo y
el sudor; sus cuerpos no son más
que un traje de plumajes aborrecibles y punzantes.

Su hábitat natural son los ríos
contaminados de nuestras venas,
las llanuras de una boca
carnosa y podrida, las calles óseas
de un cuerpo moribundo, los viscerales montes de soeces pensamientos.

Posan entre las entrepiernas de nuestras
mujeres, en los vientres de
nuestras madres y en las cabezas
desprendidas de los nuestros.
De modo aborrecible aplastan sus garras
en masas desfiguradas solemnes a
identificarse en nuestros recuerdos, y alzan su pico en protesta a su mal sabor.

Entre sus fauces suelen encontrarse
ganados en descomposición, porquería,
prostitutas, lugareños, menores de edad,
cafetaleros, padres de familia,
milicias, descendencias, indígenas, inciviles,
y demás exóticas carnes que en El Salvador suelen encontrarse.

Acerca del autor

Carlos Antonio Quintanilla Obispo (Santa Ana, El Salvador, 21 de febrero del 2000). Estudiante de la carrera Licenciatura en Ciencias del Lenguaje y Literatura de la Universidad de El Salvador; su poesía y algunos textos han sido publicados en la revista El Camaleón (Guatemala).