Hace poco recibí de regalo un volumen sobre el teatro japonés y me enteré de varias cosas que me gustaría contarles, por supuesto en diversas entradas. Ya hemos hablado del teatro de muñecos y del Kyōgen, pero hay muchas otras formas teatrales en Japón, entre ellas el Nō y el Kabuki; todas ellas tuvieron orígenes particulares y, seguramente un ancestro común, que es de lo que hablaremos hoy: el bugaku.

Se puede decir que el bugaku no es aún una forma teatral completa, sino una danza con implicaciones religiosas y que, a través de sus movimientos representa algunas situaciones particulares. El bugaku tiene una historia de más de 1200 años, aunque actualmente solo se realiza un par de veces al año en eventos especiales que están ligadas a celebraciones religiosas (budistas y sintoístas) o de la corte japonesa.

El bugaku se realiza en una pequeña plataforma cuadrada, acompañada de música tradicional (tambores, flauta, laúd, cítara, entre otros). Los danzantes o actores visten kimonos de estilo antiguo, a la usanza de los trajes tradicionales budistas y siempre llevan máscara. Toda la escena guarda significados especiales que recorren a todas las formas teatrales japonesas e incluso muchas de las artes plásticas en Japón. El bugaku se compone de dos tipos de danzas: las saho no mai (de izquierda), que utilizan trajes rojos y, las samai no mai (de derecha), que utilizan trajes verdes o azules. El nombre viene de la dirección que toman los movimientos en el pequeño escenario y, representan pasajes históricos, como batallas legendarias o, religiosos, como historias de dioses o criaturas míticas.

El autor del libro, Javier Vives, narra la importancia del movimiento en el bugaku, que funciona como una imagen del tiempo. La lentitud del bugaku se asemeja al silencio, que se extiende y de pronto sigue su curso; en conjunto, el uso de máscaras, siempre brillantes e irreales, abonan al gusto japonés por representar lo irreal y fantástico, elementos que jamás los han abandonado. La máscara, utilizada en el teatro, se contrapone a la imagen estática de los rostros en las pinturas clásicas japonesas; en el teatro, el rostro se vuelve irreal, extravagante, llevando la expresión a su máximo esplendor y esta característica invade incluso al monólogo, como ya hemos visto en el Rakugo.

En el bugaku aparecen ya los elementos más importantes del teatro japonés: el espacio escénico (cuyo valor parece casi religioso, probablemente debido a su antecesor, la danza religiosa llamada Kagura), el vestuario, la máscara (en el kabuki el maquillaje, que funciona como otra forma de máscara), el movimiento y la música.

La música del bugaku se llama gagaku y actualmente existen un par de compañías que se dedican a este arte e incluso incluyen escenas bugaku en sus presentaciones, siendo esta una de las únicas formas de ver la danza fuera de Japón. Se sabe que el gagaku es la tradición musical más antigua de la corte; actualmente Tadamaru Ono es el encargado del gagaku en la corte del emperador y forma parte de una familia que ha desempeñado este papel por casi 1200 años de manera ininterrumpida.

Hace un par de años tuve la oportunidad de ver una presentación de gagaku, traída a la ciudad por la Universidad de Tenri en celebración de las relaciones establecidas entre México y Japón. El día de su partida, entre mariachi y música tradicional japonesa (además en nuestro imperfecto japonés y su imperfecto inglés) pude conocer a varios chicos de la compañía que incluso nos enseñaron algunas curiosidades sobre los instrumentos y la forma en que practican para sus presentaciones. En este enlace pueden ver la presentación que tuvo lugar en la embajada de Japón aquí en México.

Mi intención al contarles sobre el bugaku es que seamos capaces de notar ese hilo invisible que une las artes teatrales japonesas, pues todos a su manera siguen una línea tradicional que no se ha abandonado al paso de los años. El teatro en Japón, a diferencia del teatro en occidente, permanece vigente con historias clásicas que no pierden su brillo, pues siguen representando un lado de Japón que se apega a lo irreal y que, como ya vimos en la entrada del Kojiki, está ligado a la forma en que conceptualizan su propia existencia en el mundo.