La noche siempre es misteriosa, llena de secretos y encuentros inesperados. El día de hoy Michell Natalia Gómez Sierra nos comparte un cuento desde Colombia.

Aquella mañana como de costumbre, iba retirando su pie izquierdo de la manta que todas las noches la abrigaba, la parsimonia de tal movimiento contenía irónicamente la lucha demencial entre el agotamiento que produce las jaulas de la rutina y el afán derivado de los sueños por alcanzar. De tal modo, luego de una contienda poco percibida, pero presente en el inicio de cada uno de sus días, continua sus acciones matutinas, esperando en el parador de la calle diecisiete, el bus que la llevará a su trabajo como chica del mantenimiento del hotel, labor que desempeña hace cuatro años y que constantemente promete dejar.

Antes era una mujer idealista, optimista y con una fuerte confianza en sí misma, sin embargo, la monotonía en la que su existir se fue enredando, fueron apagando esas características de vivacidad presentes en ella y poco a poco, entre las responsabilidades, necesidades y transcurrir del tiempo, la esperanza del ser consciente que está viviendo empezó a desaparecer. Su existencia siempre pintaba una misma tonalidad, un gris que la acompañaba siempre y a pesar de hacer intentos por recordar en qué momento cada aspecto de su realidad se había vuelto tan insípido, fue infructuoso. Sencillamente sabía que cada paso que daba no conllevaba un avance o cambio, sino que estaba cargado de profunda inercia.

Sin embargo, en las ilusiones que todavía aguardaban en su interior; inapreciables por el estado de adormecimiento en el que se encontraba, permanecía el anhelo de una sorpresa, de un cambio o ruido abrupto que llegara a modificar su realidad por completo, aunque no lo evidenciara ni en sus pensamientos o acciones, tal deseo la acompañaba permanentemente.

Los cambios entre el amanecer y atardecer continuaban dibujando la belleza de sus ciclos, en la salida y caída del sol, mientras que la vida de tal chica no presentaba ninguna turbulencia, agitación o nueva emoción. Era aquel momento del año, donde el sol se oculta pronto y la noche se hace más larga, salió de su trabajo con el agotamiento y la carga de llevar una vida deprimente, que inevitablemente provoca la necesidad del olvido. De este modo, encauzada en encontrar el medio adecuado para este propósito, se dirigió al bar más cercano de la zona y entre sorbos amargos de licor que remojaban su boca, intento ahogar su realidad asfixiante, por lo que a medida que cada gota recorría su garganta, un par de lágrimas irrumpían su rostro y sus ilusiones profundas se revelaban ante ella.

El amargo licor iba produciendo sus efectos de compañía distorsionada y brindaba el consuelo que da al afligido o solitario; acompañada de una botella de vino la chica sale del bar, con una actitud impetuosa, dispuesta a no seguir en la sumisión de su vida. Sus pasos se hacen rápidos y fuertes, avanza a través de las calles enlodadas por la lluvia que caía en el momento. Tratando de escapar de sus demonios a través de su andar tropieza con un hombre alto, de tez blanca y ojos profundos al que hace tirar una libreta con varias notas. Cuando se fija en el hecho que acaba de causar, intenta recuperar las notas tiradas en el suelo mojado, sin embargo, su propósito de remediar las consecuencias del suceso, terminan por hacer que el papel se disuelva en el agua de la lluvia. Sucede entonces un evento inesperado, la tinta del contenido de la nota, desbordándose en el suelo negro, ocasionó en ella tal efecto de magia y belleza que solo pudo ser contrarrestada con la mirada del autor de esas notas con la que observaba tímida pero intensamente la figura de la chica torpe recogiendo los escritos.

Tal sensación de pérdida y fascinación en los ojos negros de ese desconocido había causado una conmoción interna en ella, que acompañada de un escalofrío por su cuerpo quedó sin la posibilidad de pronunciar palabra alguna, por ello, cuando el hombre se fija en tal escena, a su parecer graciosa, decide presentarse, agregando que su nombre es Joaquín y que si se había tomado la molestia de destruir sus notas, podía brindarle la confianza para que lo llamara Joaco. Ella aunque fascinada por el encanto emanado de aquel personaje, decide continuar su camino, empero tal cosa no sería tan simple, ni tampoco sería fácil deshacerse de ese extraño y sus notas; el hombre intrigado por la torpeza que reflejaba la gracia de esa mujer, sigue sus pasos tratando de acompañarla e insistiendo que en lo poco y como medio para tratar de disculpar la perdida de sus notas, le otorgara saber el nombre de la mujer que como niño curioso observaba como se mezclaba una simple tinta con la lluvia.

Esta chica reconociendo el ingenio de Joaco y continuando la idea que él proponía como disculpa por sus notas, en tono altivo responde que su nombre es Martina y que de cierta manera eso era ya suficiente para que la dejara seguir su camino a casa.

—Esta noche es la más larga del año o bueno, es deber vivir todas las noches con el ansia de eternidad, la alegría del azar y la fascinación de la ilusión, porque es en este instante cuando lo que somos se desinhibe, se vuelve verdadero y sincero, la oscuridad y luz salen a flote para arrebatarnos los deseos y con ellos empujarnos a ser aquello que se oculta con el brillo del día y se duerme con el destello del sol— le dijo Joaquín. Ese tipo de afirmaciones, suscitan en ella tal impacto al vislumbrar que por lo menos en ese momento su vida no se comportaba como ya repetidamente lo venía haciendo, es por eso, que dispuesta a no seguir en una agobiante rutina, resuelve contribuir a que en esa ocasión el cambio se presente.

—Toda noche se hace larga si algo permite su extensión y evita que en su duración el sueño no se atreva a irrumpir— respondió Martina, con cierto porte de elegancia desbordante en sus palabras que impresionaron aún más a Joaquín.

Fue así como, generando una conversación con un extraño, la noche que cambiaría la vida de Martina dio inicio, mientras inesperadamente en la mente y ser de aquella mujer que había estado adormecida por mucho tiempo se impulsaba el deseo de vivir a partir de las formas misteriosas que la existencia humana propone, por ello su curiosidad por la otra persona con la que alternaba palabras fue tan solo la manifestación de esas formas.

A medida que Martina se dejaba conducir en una caminata en la que desconocía su destino, la percepción del espacio la iba perdiendo, la voz del otro interlocutor la hacía sentir con tal comodidad que por primera vez sentía que hablaba desde una perspectiva natural, despojada de los formalismos que le impone su trabajo, lugar único que empleaba para socializar. Las frases, al comienzo sencillas, se fueron convirtiendo en construcciones interiorizadas de sus miedos, sueños, ideales e historias de vida, donde lograron plasmar por medio de lo que compartían en su conversación el aliciente para sanar todos aquellos dolores que tenían guardados, pero sobre todo para revelar sus esperanzas.

Sumergidos en las influencias que un diálogo profundo genera, Martina y Joaquín se abrieron ante el otro, como cuales personas llevan años conociéndose. Así, Joaco fue descubriendo la belleza contenida en Martina, comprendió que aunque era una chica que había sufrido por los embates del camino y que situaciones como la muerte trágica de sus padres, la única figura de fraternidad presente en su historia, había marcado un estilo de vida solitario, en la que sobrevivir y responder a lo presentado en el día era su única opción.

A pesar de todo ello, era una mujer que escondía dulzura, a la cual le faltaba sonreír, hacer de cada instante de su existencia la ocasión correcta para ser feliz en la búsqueda de sus anhelos, deseos profundos y esperanzas acuciantes, elaborar su camino hacia la felicidad, dejando la repetición de lo que siempre hacia y conocía. Sabía que en ella la sensibilidad estaba intacta y que tan solo había sido anestesiada o callada por las exigencias de una sociedad que no acepta personalidades diferentes o que dentro de su desarrollo rápido solo permite la generalización de todos los individuos y los encierra bajo sus costumbres diarias, matutinas y cíclicas.

Joaquín veía en Martina esa alma hecha de arte temerosa a revelarse, puesto que en todo lo que habían hablado, pudo deducir que su gran anhelo estaba en ser artista, pintar, expresar su sensibilidad, liberarse y ser una entre trazos y pinceles, pero una mujer que por la necesidad de trabajar, las responsabilidades de los pagos de renta y comida, más su condición de cansancio ante la vida, sumisión ante su destino e ilusiones desvanecidas habían ido socavado sus intentos por actuar y corroído sus intenciones, ideales y sueños. Después, de apreciar y observar con atención quién era esa muchacha que había destruido sus notas, surgió en él, el deseo infinito de inspirarla y de hacer que retomara su verdadero sentido ante su existencia, aunque no sabía cómo, quería que ese fuera el propósito de esa noche que intentaban alargar.

Lo que él no pudo percibir es que ese deseo, tan íntimamente generado, estaba cobrando materia en la realidad, ya que Martina vio en él ese motivo por el cual la vida podría tener sentido, esa figura que se volvía inexcusable no retratarla, encontraba en él no solo el encanto que como hombre podía generar, sino que la introversión de la conversación, la repentina aparición de él y sobre todo el reflejo de ella misma en ese Joaquín, permitía hallar en tal forma aquello que no había realizado y una mirada directa a lo que alguna vez había sido su esencia, más que el hombre, se auto configuraba en aquella noche el impulso al que tanto tiempo había esperado y la clave para salvar su vida.

Llevaban caminando y hablando por más de tres horas, tiempo en el que no se había fijado, hasta que llegaron al lugar donde previamente se dirigía Joaquín, un jardín en el cual, adoraba escribir y componer en las noches, puesto que sobrevivía por medio del arte de las palabras y el sonido, de ser un escritor y músico bohemio, oficios en donde apenas se veían resultados para comer pero a pesar de tales dificultades amaba vivir y no había perdido la esperanza ante su existencia, ya que comprendía que actuaba y era todo lo que siempre había anhelado ser, era por ello que Martina encontraba tal fascinación.

—A pesar de haber alargado la noche, debemos hacerla eterna, inmortalizarla es nuestro deber— le propuso Joaco a Martina. Fue así como sintiéndose afortunados por la casualidad que ese tropiezo les había legado, en un reencuentro consigo mismo y en un impulso vital para Martina, cada uno, para perpetuar el instante, dio lo mejor que podían ofrecer.

Por su parte Joaquín empezó a cantar a Martina un bolero, que desgarraba el alma, que se metía en cada poro, alteraba los latidos, dilataba las pupilas y hacía de la música una de las mejores creaciones humanas. Sumado a esto, entregó un libro con sus mejores poemas, así ya no solo iba a ser eterno para ella entre melodías, sino que en el tiempo se transformaría en letras; del mismo modo mientras estas expresiones máximas de la existencia sucedían, ella lo retraba a él cantando y aseguraba en cada trazado, un dibujo del alma, así él sabría que se había convertido en ese impulso para volver a sí misma, logrando que fuera perpetuado en su mejor retrato hasta ahora creado.

Para sellar aquella noche solo faltaba una última cosa que diera testimonio de la vida que allí se había presenciado. Era un beso, el que marcaría el grito de la fuerza más intrigante, incomprensible y fundamental en la vida, el amor. Así sucedió, el beso entre la chica asfixiada por su vida y el de un extraño hallado en un tropiezo, concluyó el propósito de hacer de la noche una hija de la eternidad y justo en el momento en que arte, azar, amor, atracción e ilusión se exacerban, Martina despierta en la mesa del bar, donde había estado bebiendo, se había quedado allí dormida.

Todo esa eternidad de la noche, solo había sido parte de sus sueños, pero le habían mostrado las mejores expresiones de vida, ese trago y esa ilusión creada le habían revelado cual era el impulso que movía todas las cosas, la forma de rescatar su esencia y la felicidad, de este modo, entusiasmada con lo que había visto en el sueño y esperanzada en que lo podía llevar a cabo en realidad, se levanta de aquella mesa y recoge consigo una nota que expresa: es deber vivir todas las noches con el ansia de eternidad, la alegría del azar y la fascinación de la ilusión.

Acerca de la autora

Michell Natalia Gómez Sierra  (Cucunubá, Colombia-2001) estudiante de Licenciatura en Ciencias Sociales de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, amante de la literatura, la escritura, la música autóctona, las expresiones artísticas latinoamericanas y las narraciones e historias surgidas desde las comunidades y los pueblos, así como de la carranga, ritmo y género musical andino nacido en las montañas de la cordillera oriental Colombiana como música, pensamiento y forma de vida, quien a su vez ha cultivado en ella la pasión por la escritura, por el crear y ha sembrado las semillas que mueven su imaginación.

Integrante de la agrupación musical Ventarrón Carranguero, con quien actualmente desarrolla un espacio radial nombrado Pueblos en Conversa y llevan a cabo una investigación titulada Cantando Ando entre Historias Navegando acerca de la memoria artística, la transmisión oral de los territorios y las historias que aguardan a ser contadas desde cada ser y sentir.

A futuro espera consolidarse como escritora, investigadora y compositora en las músicas campesinas-autóctonas así como continuar recogiendo los saberes enraizados en cada cosmogonía y geografía latinoamericana, seguir expresando y libertándose entre letras y brindar con sus escritos la oportunidad para conectarse, viajar a otros mundos, sumergirse en personajes, historias, cotidianidades y sentirse apañados, recogidos y acompañados entre la belleza de las palabras.