El quince de marzo se conmemoró el aniversario de la muerte de H.P. Lovecraft, uno de los grandes autores de la literatura universal y padre del horror cósmico. Un autor imprescindible en el género del horror. El lector que se acerque a historias de este tipo verá la obra de Lovecraft referenciada en muchos contenidos actuales y no actuales, Lovecraft Country, Chilling Adventures of Sabrina y la futura Doctor Strange in the Multiverse of Madness

No hay duda de la importancia de la obra de Lovecraft para el mercado cultural y es en ese detalle en donde surgen dos facetas: el legado innegable de la obra y la ideología supremacista del autor.

Y es que este debate siempre se encuentra en la mesa de discusión cada que se habla de las características sociales de una obra. Pasó recientemente con El señor de los anillos y Lo que el viento se llevó. Cuando hablamos de este tema es inevitable mencionar el debate entre la separación de obra y autor y muchos a rajatabla con los postulados de Roland Barthes defienden la tan conocida “muerte del autor”, sin embargo, quienes defienden esta idea no toman en cuenta que en el acto de la lectura sólo existe el texto y el lector que lo consume.

No voy a ahondar en el tema de autores y “el arte por el arte” pero sí creo que cada producto es el resultado del contexto y la ideología con la que fue creado. Tratar de cancelar obras del pasado da como resultado una negación histórica de los contextos en los que fueron creados; revalorar y conocer el contexto no nos ayudará a cancelar autores y contenidos, sino entender el porque de su creación para evitar la reproducción de discursos racistas y discriminatorios.

El contexto en el que las obras, mencionadas anteriormente, fueron escritas, es uno en donde el racismo se encontraba normalizado, en donde la Ley de Inmigración de 1924 de Calvin Collidge sólo permitía la entrada a turistas bajo la premisa de que las manos extranjeras se robaban el trabajo. Entendamos que normalizar no es aceptar que aquel comportamiento deba de enseñarse, sino aquello que es habitual u ordinario (esto es tema de debate para otra columna). Y en este sentido los productos culturales estaban normalizados, las representaciones que realizaban de negros e inmigrantes no eran sino el resultado del entorno político y social.

Con esto no defiendo los discursos discriminatorios, pero sí busco que estos puedan verse desde una mejor lupa y desde un análisis crítico que englobe una mirada profunda al pasado y no sólo un análisis con los parámetros de las ideologías y convenciones sociales del presente.

Pero si algo hay de cierto es que una vez que esté análisis emerge es imposible volver a ver las obras con los mismos ojos. En este sentido, ¿se debería dejar de ver las series que se han inspirado en las historias de Lovecraft, a pesar de que la intertextualidad y el homenaje han servido como una forma de criticar las convenciones culturales y sociales de las obras aludidas? Yo creo que no. No hay que negar aquello que existió. Lo que si podemos hacer es evitar los discursos contemporáneos que sigan aludiendo a este tipo de discriminaciones porque me parece irónico que se cancele una obra escrita en el pasado y se realicen producciones como Cincuenta sombras de Grey y After, llenas de misoginia y relaciones tóxicas que tratan a la mujer como un objeto sexual.

Si los elementos misóginos o raciales en una obra no crean una verdadera red de consciencia y crítica, sólo me dan a entender que buscan el morbo y la provocación explícita. Una novela contemporánea que busca derribar los estigmas, prejuicios y cuestiones raciales con respecto a la comunidad africana es Americanah de Chimamanda Ngozi Adichie. La novela me parece espectacular tanto en forma y contenido, desarrolla cuestiones políticas y sociales mientras nos cuenta una historia de amor en medio de un contexto muy bien establecido.

Y lo vuelvo a repetir, no hay necesidad de cancelar (elemento que los medios de información saben utilizar en su beneficio) si entendemos el contexto en el que una obra es escrita. No, esto no justifica, pero si nos ayuda a entender mejor la creación del artificio. Siempre podemos dar visibilidad a obras contemporáneas y entender mejor los monstruos del pasado.