Conforme nos acercamos al final de marzo, han venido a mi mente varias mujeres japonesas que han contribuido en gran medida al mundo de las letras japonesas actuales y, entre todas ellas, hoy me gustaría hablarles de Akiko Yosano, quien no solo innovó la escritura de su tiempo, también el pensamiento de muchas mujeres que la sucedieron.

Yosano era el apellido de su esposo, quien también fue poeta, mientras que “Akiko” es el nombre que ella misma eligió como seudónimo. Nació como parte de una familia de comerciantes, ya iniciada la era moderna: el Meiji. Gracias a la biblioteca familiar se vio inmersa en las letras desde temprana edad y, después de su matrimonio se dedicó a escribir; su obra está compuesta básicamente de poesía y un par de textos en prosa.

Con la llegada de la guerra ruso-japonesa, su hermano fue enviado al frente y es a él que le dedicó su poema más famoso “no has de morir (a veces traducido como “no mueras” o “por favor no mueras”)”, que se convirtió en ejemplo de la poesía antibélica. Existen algunos fragmentos que me parecen realmente conmovedores:

Tú que naciste el menor de la familia,

el cariño de tus padres superaba todo,

mas ¿acaso ellos te han educado para matar a la gente

haciéndote empuñar una espada?

Hay también versos que muestran un rechazo a los ideales nacionalistas, mismos que ella no vio desfallecer, pues murió en medio de la Segunda Guerra Mundial; el verso que sigue me parece un claro ejemplo de su pensamiento, mezclado con una acidez que la caracterizaba:

No te mueras.

El Emperador nunca aparecerá en el campo de batalla.

“Que mueran como bestias,

que derramen mutuamente sangre humana,

que es el honor del hombre el morir”

¿Pensará así el Emperador?

No creo, pues tiene una benevolencia profunda.

Yosano contribuyó a una reforma de la poesía en Japón, que para el siglo XX permanecía casi inamovible, pues se negaba a cambiar sus modelos clásicos. Akiko dio vida nueva al tanka, que había sido casi olvidado (a diferencia del haikú) y abordó temas poco usuales, como la sensualidad, la muerte, la tristeza y el dolor de la pérdida. Algunas de sus colecciones poéticas abordaron el papel de la mujer inmersa en un mundo masculino, misma que ella experimentó. Su poesía, a veces dedicada al amor, otras a la pasión, abandonó la idea de la moral y, siguiendo a poetas occidentales, se expresó sobre la sexualidad femenina de manera segura y libre, algo inconcebible entre las poetisas de su tiempo. Tankas como el siguiente evidencian esta tendencia:

La primavera es fugaz.

¿Qué me importa una vida inmortal?

Toqué

con las manos

mis senos abundantes.

Su activismo dentro del movimiento feminista se vio marcado con la creación de una escuela mixta en la que ella misma fungió como directora, un puesto raramente destinado a las mujeres. Una de sus últimas obras fue el llamado Nuevo Man’yōshū, en que recopiló varios poemas de cientos de autores que abarcaban desde la época clásica en Japón.

Algunas otras de sus contribuciones están relacionadas con la traducción; Yosano sabía que la lengua cambia con el tiempo, así que tradujo grandes clásicos japoneses (como la historia de Genji) al japonés de su época, dando paso también a una reinterpretación de las letras antiguas.

A pesar de que en su tiempo fue criticada y censurada, con el tiempo muchas mujeres siguieron sus pasos, especialmente con los movimientos de posguerra. En la actualidad sus poemas y escritos han sido rescatados del exilio para recordar y criticar un sistema que cambia cada día más, permitiendo la reincorporación de las mujeres en las letras japonesas (recordemos que ellas llevaron el estandarte de la literatura en el Heian).

Esperamos puedan leer a Yosano, de quien se han hecho diversas traducciones al español. Aquí les comparto mi poema favorito escrito por ella:

Pregúntale al poema

quién se atreve a negar

el rojo de las flores…

¡oh, qué conmovedoras

las muchachas pecando en primavera!

Referencias: Atsuko Tanabe (2010), Antología de la poesía moderna del Japón. UNAM.