Lúcido, del latín lucĭdus: brillante y luminoso, con consciencia clara. No soy filóloga y pensaba que venía de la misma raíz que luz pero resulta que no.

¿La luz puede resultar contraproducente para la lucidez? La luz, en teoría nos permite ver, independientemente de la fuente de la que provenga: el reflejo de la luz en la luna, el calor de las fogatas, la pantalla de la computadora… Sí, pero la luz también nos puede llegar a cegar, incluso hasta quemar. ¿De qué manera se ve esto reflejado en la literatura y en la fotografía? (Pues ya saben, de eso hablamos en 18-55 letras). Alejémonos de la luz y vayamos a situaciones carentes de lucidez.

Dentro de la historia de la literatura, la censura ha sido un elemento recurrente ante las obras que representan “verdades transgresoras” o perspectivas ideológicas contrarias a las que se querían difundir en esos momentos. El ejemplo más representativo es la quema de la Biblioteca de Alejandría cuando Julio César estaba al mando. Según National Geographic, hay muchas versiones sobre la destrucción de  este lugar, unas afirman que en el primer atentado se quemaron aproximadamente 40,000 rollos y otras veces se dice que se quemó la biblioteca entera. Sea cual sea la verdad, es muy simbólica la utilización del fuego, una fuente de luz, para destruir otra fuente de luz, esta entendida como conocimiento: letras, palabras, literatura. Resulta horrorizante pensar en todas las verdades que fueron dichas y que nunca podremos acceder a ellas porque perecieron en esos momentos. Por eso mismo es que Borges en su cuento La biblioteca de Babel hablaba de una biblioteca universal, en donde todo lo dicho y por decir, en toda lengua posible, estuviese ahí, pero eso ya es un tema aparte.

Otro ejemplo popular de la quema de libros es en el capítulo 6 del Quijote, cuando el barbero y el sacerdote queman gran parte de la biblioteca del Caballero de la Triste Figura.  En este caso, volvemos a tener estos dos elementos presentes: luz para destruir más luz, fuego contra conocimiento. Pero el caso de don Quijote va más allá, pues él es el claro ejemplo de que el exceso de lecturas y, al mismo tiempo, de aparente sabiduría, puede perjudicar a la lucidez. Que bueno, eso no era más que una sátira pero esa premisa sigue siendo interesante, pues ¿cuántos no hemos oído que mientras más lees “mejor persona” te vuelves?  Creemos que leer no tendrá más que efectos positivos en nuestro intelecto y moral, pero esta obra nos demuestra que no es así. Muchas veces, el conocimiento nos termina cegando, ya sea por soberbia, ya sea por sentirnos iluminados (una metáfora más de la luz) y ajenos a esta realidad, ya sea por no poder soportar la realidad…

Bien, esos dos ejemplos anteriores comparten la carencia de un elemento: la volición. Don Quijote no quería ver sus libros arder y la Biblioteca de Alejandría no quería desaparecer. Además de eso, ¿quién en su sano juicio querría destruir todo aquello que construyó? Tal vez alguien que no estuviera lo suficientemente lúcido en dicho momento, lo cual nos lleva a nuestro tercer ejemplo y al más significativo.

Amo a Elena Garro. No es ningún secreto y tampoco es una afirmación muy única o novedosa, pero es verdad lo mucho que la amo. Más allá de su obra (que abarcó con genialidad casi todos los géneros literarios), siempre ha sido un personaje controversial, por lo que ya se han escrito muchísimos libros sobre su vida pero no profundizaré en ello. Sólo es en un momento muy específico de su vida en el que me quiero detener: Los recuerdos del porvenir, novela publicada en 1998, estuvo a nada de no salir a la luz.

Esto no fue por cuestiones editoriales o por censura, no, pues se dice que Elena, al estar tan harta de la escritura (y posiblemente de la vida misma), lanzó el manuscrito al fuego para que se quemara y fuese olvidado por siempre. En teoría fue Octavio Paz, el eso entonces esposo de Elena Garro, el que rescató el escrito antes de que se volviera un montón de insignificantes cenizas efímeras. Sobre la obra, la trama gira alrededor de los acontecimientos que suceden en el pueblo de Ixtepec, teniendo al mismo lugar como narrador. Habla también de sus habitantes y los problemas que hay entre ellos: el General Rosas, su amante Julia, los Moncada, los sucesos de la Guerra Cristera… y entre todos estos eventos, lo que predomina es la nostalgia. Todo aquello que ha cambiado y todo aquello que ha dejado de ser. Incluso todo aquello que se prevé que en algún momento dado dejará de ser. Esa premisa sobre la finitud de las cosas, el olvido y la memoria ya las hemos ido desarrollando en las entregas anteriores de la columna, pero más allá de lo que dice la obra, lo interesante es lo que representa este acto en sí. Si se hubiera quemado completamente el manuscrito, ¿qué pasaría con todo lo que se pierde? ¿Qué con los personajes, las palabras, el mismo Ixtepec al ni siquiera ser olvidado, sino nunca conocido?

En este caso no estamos en un dilema de olvido contra memoria, no, estamos ante la problemática que sería el desconocimiento absoluto hecho cenizas efímeras. Los recuerdos del porvenir no serían olvidados, pues siempre vivirían en la memoria de Elena como el mayor secreto que haya tenido, guardando para sí misma una luz repleta de lucidez. Incluso el mismo título de la novela pareciera una especie de premonición para lo que significaría el hecho de ser escrito para después no ser leído por nadie. Menos mal que la obra si llegó a nosotros…

Ahora, pasando a la fotografía, de esta palabra sí me sé su etimología: foto (luz) y grafía (escritura), lo cual nos lleva a: dibujar con la luz. ¿Cómo si la fotografía es esencialmente luz, puede verse perjudicada por esta misma? Eso es necesario entenderlo desde una perspectiva técnica. Para tomar una fotografía, es necesario que la luz entre por el diafragma, y dependiendo de esto una imagen será más oscura o luminosa. Para eso existe un exposímetro, que es una herramienta de la cámara que te indica si una foto está sobreexpuesta (mucha luz) o subexpuesta (poca luz). Si queremos lograr una fotografía con la cantidad de luz necesaria, debemos saber manejar el triángulo de exposición. Pero bueno, explicar todo eso es información poco pertinente por el momento, así que prosigamos.

¿Han escuchado hablar de los tipos de cámaras? Dentro de los muchos tipos que existen, las más conocidas son las digitales y las análogas. Las diferencias entre estas dos son muchas, pero la principal es el modo de almacenaje, pues la digital guarda todas las fotografías –de manera digital- en una tarjeta digital segura (o SD) mientras que las análogas lo hacían a través de los tan famosos rollos o películas fotográficas. Esta diferencia hace que la cantidad de imágenes que capturas con una cámara análoga sea menor a una digital, pues por lo general los rollos permiten tomar de 36 a 24 fotografías, mientras que en las digitales puedes tomar centenares o miles dependiendo del espacio de las tarjetas.

Más allá de la capacidad de almacenaje, el funcionamiento de los rollos siempre me ha parecido muy complejo, pues implica muchos procesos químicos para revelar las fotografías, y posteriormente imprimirlas y hoy en día, digitalizarlas. Por la misma composición de los rollos, no deben de darle la luz directamente, sino pasa a lo que se le llama velar el negativo y todas las fotografías se pierden, resultando en destellos blancos. Los rollos se encuentran dentro de la misma cámara y se colocan manualmente, y cuando terminas de usarlos y los quieres sacar, debes rebobinarlos con una palanca hasta que toda la película quede dentro del barril en el que se encuentra el rollo. A todos aquellos que se dedican a tomar fotografías con cámara análoga, pienso que más de una vez les ha pasado que por accidente abren la tapa de la cámara antes de tiempo y dejan expuestos los rollos a la luz. Y cuánta frustración se siente en ese momento: memorias y recuerdos borrados por su contacto con la luz, ¿puede haber algo más paradójico que eso? Sin luz, no podríamos tomar fotografías, pero a veces esa luz termina por destruir todo aquello que capturamos.

¿Quién diría que en ocasiones, la luz y la lucidez pueden representar ideas contrarias? Con tanta luz, las fotos estarán sobreexpuestas y no serán más que cuadros blancos, si es que antes no se veló el rollo. Con tanto calor por el fuego, Ixtepec no sería más que el sueño que representa la Biblioteca de Alejandría, y los libros de Don Quijote no serían más que su locura. Manuscritos quemados intencionalmente, rollos velados por accidente. Al final, no todo lo que ilumina es conocimiento: el fuego destruye, la luz ciega…