Si hablamos de la tradición literaria en México nos encontraremos con grandes temas que abarcan la historia de México y de sus ficciones. Muy dentro de esa tradición hay un tema que me gusta en especial: la literatura testimonial.

¿Qué es la literatura testimonial y cómo entenderla?

Hay una línea muy delgada entre la antropología y la literatura, esa línea es la imaginación. Miguel Barnet, autor de Biografía de un cimarrón, explica en una entrevista a Yanko González que la imaginación es parte de la memoria. Tratar de recoger el testimonio de un informante sin tener en cuenta este eje es caer en un error. El testimonio forma parte de lo que conocemos como historia oral.

John Beverly es de los primeros críticos en acuñar la palabra testimonio literario. Para el autor un testimonio surge de la urgencia de contar algo, de denunciar alguna situación. Los sujetos del testimonio por lo general viven situaciones de pobreza, marginalización, lucha y explotación. Por está razón muchas veces se ha dicho que el testimonio esconde fines políticos dentro de su narración, ¿acaso escuchar la voz del otro no es ya una forma de hacer política?

Gayatri Chakravorty Spivak, filósofa de la India, reclama en la literatura testimonial el papel de los intelectuales y cómo a pesar de las buenas intenciones en “dar voz al otro” se esconde una incomprensión por la vida del informante, del sujeto de resistencia, porque al final la ideología hegemónica no deja plasmar con fidelidad las palabras de quien habla. Los informantes se convierten en subalternos de la cultura dominante y al final su voz no se escucha más que como un eco. Pongamos varios ejemplos.

Josefina Bohórquez fue la informante de Elena Poniatowska para escribir Hasta no verte Jesús mío, novela testimonial en donde se relata la vida de Josefina y su travesía como guerrillera en la Revolución Mexicana. Uno de los primeros aspectos que visibiliza el nulo interés en realizar un texto de denuncia es la decisión de Poniatowska de ocultar el nombre de Josefina con el de Jesusa Palancares, acá vemos que en realidad no interesa el sujeto sino la ficción. Más tarde revelará que Josefina nunca estuvo de acuerdo con la publicación del libro debido a la gran cantidad de hechos que no le ocurrieron a ella.

Otro ejemplo es el de Juan Pérez Jolote, testimonio que nos cuenta la vida de un hombre tzotzil. La narración refleja las verdaderas intenciones de su autor. Un texto con fines políticos que busca retomar la narrativa del naturalismo francés, si naces en la miseria te mueres en la miseria y todos tus genes te llevarán a la mayor catástrofe de tu vida. Juan Pérez Jolote (personaje) queda relegado a las confines de la miseria. Nada le duele y nada sufre, porque el texto se configura para mostrarnos el personaje como un títere de sus desgracias.

Pero no declaro que el testimonio sea un género en donde la imposibilidad de reconocer al otro le reste méritos. Es cierto, debido a las cuestiones epistémicas que giran en torno al autor veremos textos con diversas ideologías, pero lo que no cambia en todos ellos es la posibilidad de vislumbrar historias no oficiales, historias de la alteridad.

El testimonio es una forma de conocer otras realidades, historias que no pueden ser contadas desde las narrativas occidentales tradicionales.

¿Qué ocurre con la voz del otro?

Darle voz al otro es una frase que repudio. Nunca he creído que las creencias de otra persona puedan ser reproducidas fielmente a través de la voz de un tercero y sobre todo si ese tercero pertenece a otro estatuto social. Ya lo había declarado en American Dirt, la mirada de otros está cargada del folklor, del que mira como un turista a la cultura ajena y se sorprende con todo lo que hacen. La mirada del otro muchas veces revictimiza, no entiende las circunstancias como una forma de resistencia y sólo critica sin comprender.

Hacia una posible pedagogía

Entender el testimonio no sólo desde la ficción sino también como una forma de conocer la historia puede ser útil para comprender los espacios en blanco que el canon nos ha dejado. También servirá para desestabilizar la historia única que nos han contado. Pero no hay que creer todo lo que digan los textos, siempre hay que poner las palabras en contexto y tener un criterio propio ante tal o cual obra. Ya lo dice Chimamanda Ngozi Adichie en El peligro de la historia única cuando habla sobre el gran peligro de las influencias extranjeras: no son malas, pero no conocer las distintas miradas de la historia te desapropia de tu entorno.

Es por eso que creo fervientemente que estos textos, vistos de una manera crítica, ayudarán a que más personas se identifiquen con lo leen, crearán un aprendizaje significativo y podrán reconocerse, desde la diferencia, los unos en los otros.  

Bibliografía

Beverley, John. “Anatomía del testimonio”. Revista de crítica literaria latinoamericana. 1987: 7-16.