Ya en una columna anterior, habíamos hablado que si el mundo ya es difícil por ser mujer desde que una nace (ustedes saben, eso de no saber qué hacer de cenar para tu familia, no tener el lápiz labial a la mano, nimiedades, pues), incursionar en el arte es mucho más complicado. Tu obra no es reconocida, no es tan difundida, siempre quieren poner a un hombre como el motivo de tu genio creativo o como tu mentor… Y si a eso le sumamos, dentro de una sociedad heteronormativa, el ser lesbiana, el amar a otras mujeres… Ni hablar. Al estudiar la historia de la literatura, es inevitable hablar de la vida de grandes autoras a las que se les niega o se les oculta su sexualidad. Comentarios como: “¿A quién le importa si Sor Juana era lesbiana?”, “Safo de Lesbos se llevaba muy bien con todas sus alumnas” o “Virginia Woolf y Vita Sackville-West sólo fueron grandes (muy grandes, diría yo) amigas” nunca van a faltar.  

Tampoco van a faltar todas aquellas mujeres que permanecieron en el anonimato o que se cambiaron el nombre, incluso que se hicieron pasar por hombres, para hablar de lo que más anhelaban: el amor entre mujeres. Tal fue el caso de la novela El precio de la sal, escrita por Patricia Highsmith pero publicada bajo el seudónimo de Claire Morgan en el año de 1951. Una de las pocas novelas lésbicas de la época escrita por una mujer y donde el final terminaba bien (pues ya saben, si son lesbianas están condenadas). Años más tarde, en 1989, esa novela sería reimpresa bajo el nombre de Carol[1], y con el verdadero nombre de la autora. Todo esto, como todo lo que implica ser mujer, artista y lesbiana, fue controversial porque, claro, ¿cómo una mujer va a escribir? ¿Cómo una mujer va a amar a otra mujer? ¿Cómo una mujer va a escribir sobre amar a otra mujer y que al final de la historia, ninguna de las dos se muere o se suicida o es llevada a un psicólogo por la fuerza? Impensable, pues pareciera que no hay espacio para los hombres.  Y pues sí, en la columna de hoy no habrá espacio para los hombres, pues nos centraremos en mencionar a algunas mujeres lesbianas que han hecho cosas geniales dentro de la fotografía y de la literatura.

Dentro del ámbito de la fotografía, son varias las mujeres lesbianas que destacan por su gran trayectoria, una de ellas es Paz Errázuriz. Chilena nacida en el año de 1944, desde su vida académica ha destacado, pues estudió tanto en el Cambridge Institute en Inglaterra y también en la Universidad Católica de Chile. Posteriormente, también realizó estudios en el Center of Photography en Nueva York. Su obra es bastante amplia, y se interesa en retratar a aquellos que no suelen ser retratados y explorar el cuerpo desde perspectivas distintas, como son sus obras de desnudos de personas de la tercera edad, prostitutas y personas trans. Es considerada de las fotógrafas más importantes de Chile, contando con varias exposiciones alrededor del mundo y varios premios, como fue el Premio Nacional de Artes Plásticas en el 2017.

Otra fotógrafa muy reconocida también, es la mismísima Annie Leibovitz. Nació en 1949 en Connecticut y su obra se caracteriza por ser aquella que retrata a las celebridades del ayer y hoy. Por citar algunos ejemplos de sus obras más emblemáticas, podemos mencionar la foto de Yoko Ono junto a John Lennon, Demi Moore resignificando la maternidad y los cuerpos desnudos de la mujer, y también el retrato que le hizo a Susan Sontang para la portada de su libro El sida y sus metáforas. Precisamente, Sontang y Leibovitz fueron pareja durante muchos años, hasta que la escritora falleció. Fue una relación centrada en lo intelectual y el crecimiento mutuo, pues ambas se esforzaban en ayudar a la otra a crecer dentro de sus carreras profesionales, sin rivalidades ni egoísmos (¿verdad, Octavio Paz?). Y bueno, es mucho lo que se puede decir de esta fotógrafa, que si es la mejor pagada del mundo, que si ha ganado muchísimos premios, que si fue la primer mujer en exponer en la Galería Nacional de Retratos de Washington… Es tanto pero con lo que me quedo es con el ejemplo que pone al ser ella misma, con sus geniales fotografías y reivindicando el papel de la mujer lesbiana.

La fotografía de Susan Sontag tomada por Annie Leibovitz.

Otro proyecto fotográfico que me llama bastante la atención, es el de la revista Butch is not a Dirty Word. El término butch viene del inglés y se usaba de manera denigrante para nombrar a todas aquellas mujeres lesbianas que su apariencia o actitudes eran consideradas propias del hombre al ser tan “masculinas”. Sería un equivalente al marimacha, bigotona, tortillera, arepera, machorra, o a todos esos términos tan coloridos que siempre han existido en el discurso del idioma español. Esta revista busca visibilizar a todas aquellas mujeres que se autoproclaman como butch, pues se apropian de la palabra y de este discurso denigrante para resaltar que, en efecto, soy mujer pero mi expresión de género es distinta, y no por eso merezco tu odio. A través de fotografiar a todas estas mujeres y de escuchar sus testimonios de vida, se hace una visibilización e invita a la reflexión sobre estos temas. Aquí el enlace a la revista por si quieres leer más.

Ahora, en la parte de la literatura, son muchísimas las escritoras que como mencioné antes, eran lesbianas, ya hubiese sido abiertamente o no, callado o no, pero hay. Y en el caso de México no ha sido la excepción. Justo este año, se publicó la primera antología de poesía lésbica: Versas y diversas. Muestra de poesía lésbica mexicana contemporánea. El proyecto fue coordinado por Paulina Rojas y Odette Alonso, poeta cubanomexicana que ha ganado muchos premios como el Premio Nacional de Poesía LGBTTTI 2017 en Zacatecas, con su obra Old Music Island. Antes de pasar a hablar más sobre la obra de Odette Alonso, me parece importante recalcar la importancia que tiene la antología que se ha publicado, pues reúne las voces de más de 50 escritoras lesbianas en un mismo lugar. Así, con tanta diversidad (bien que les quedó el título), nos quitamos de los viejos estigmas y estereotipos de lo que significa ser lesbiana, lo cual es bueno para ayudar a esta concientización y representación sobre las identidades lésbicas.

Bien, regresando a la obra de Odette Alonso, en 2019  ganó el Premio Clemencia Isaura de Poesía con su obra Últimos días de un país, y después en 2020, publica el poemario La fiesta del dolor y otros cantos. Esta última obra, contiene poemas que me parecen bastante crudos, pues muchos de ellos hablan acerca de cómo se vive la homofobia principalmente en las relaciones lésbicas. Muchos de esos poemas me hacen pensar que por más que queramos siempre tener este discurso de love is love, el ser homosexual va más allá de lo bueno y de lo romántico, pues también engloba los contextos en los que nos desenvolvemos y la manera en que lo hacemos. Y por más que parezca que “lo de hoy en día es ser homosexual”, Netflix saque 7 series al mes con temática LGBTTT, Doritos se proclame el defensor de los, las y les jotes; la homofobia sigue existiendo y la violencia también. Por eso hay que leer más allá de consumir.

Nunca terminaré de hablar de todas aquellas mujeres lesbianas que me inspiran a seguir escribiendo, a seguir fotografiando y sobre todo, a seguir amando. Estas sólo fueron algunas de tantas y qué mejor que eso, pues no somos pocas. Pienso que es importante conocer más de sus obras, pues nos permiten entender contextos totalmente diferentes, y no sólo con lo que crean, sino también con lo que viven, seamos parte de la comunidad o no. Y si lo somos, justo como en el poema Yo me llamaba Osvaldo también de Odette Alonso, ¿cuántas no hemos sido “una muchacha con nombre de varón”? ¿Cuántas no hemos preferido negarnos a nosotras mismas lo que somos? ¿A cuántas no nos han obligado a negar ser lo que somos? Nos obligan a permanecer así, inexistentes, negando el amor, negando nuestras identidades, silenciándonos, condenándonos, regañándonos… menos mal que no hacemos caso. Por eso mismo, es importante recordar que durante el 2008, se buscó tener un día para conmemorar la Visibilidad Lésbica: el 26 de abril de todos los años. Visibilidad para poder decir, gritar, y reconocernos, autoafirmarnos y hacer ver que sí, somos lesbianas y existimos, somos lesbianas y creamos, somos lesbianas y amamos. Y nuestras vidas valen igual que todas las demás.


[1] Sí, una vez más hablo de Carol.