¡Que nos roban!

¡Que nos están robando!

Se lo llevan todo.

¡Llamen a la poesía!

Y si no viene, inventen historias infantiles.

-S. Ruíz Cabrera.

La literatura oral africana se ha dirigido, de una forma u otra, desde tiempos muy antiguos al público infantil. Como ya mencioné en una columna anterior, los cuentos para niños retoman figuras y enseñanzas del pasado, ya que conforman una parte de la memoria histórica de los pueblos africanos. Dichos relatos fueron recitados durante siglos en las distintas comunidades por los griots, maestros en el arte de hablar. Sin embargo, aunque estos cuentos se destinaron principalmente a los más pequeños (pues reflejaban la identidad y los valores que se buscaban transmitir a las siguientes generaciones), las niñas y los niños casi no aparecían representados en la narración. Porque eran cuentos en los que, paradójicamente, los destinatarios resultaban invisibilizados. En ese sentido, el relato “El rey que quiso suprimir a los ancianos”, rescatado por el etnólogo Amadou Hampâté Bâ, sirve para demostrar este hecho: en él se intenta explicar la importancia de una institución tradicional africana, el Consejo de Ancianos, que acompañaba y guiaba a los monarcas en la Antigüedad (de ahí el valor actual de los ancianos en la sociedad africana). La narración, recordada por el griot de Bandiagara (en Malí), inicia con el proverbio “vivir en un país sin ancianos es como viajar en una noche sin luna” y se centra en la historia de un inexperto rey de Tula-Heela que subió al trono tras la muerte de su padre. Este nuevo monarca, cegado por el poder, quiso ejercerlo sin límites y mandó a los jóvenes a asesinar a cada viejo del pueblo, pues siempre se oponían a su caprichosa voluntad. Todos cumplieron la orden excepto Taasi, quien después de esconder a su padre en una cueva prometió visitarlo por las noches. Así, en los días que siguieron, el joven rey solicitó a sus súbditos un sinfín de proezas imposibles (entre ellas, la construcción de un palacio flotante) que fueron resueltas una y otra vez por Taasi, cuyo actuar se regía por la sabiduría que su padre le proporcionaba durante la noche. Finalmente, el soberano comprendió que un viejo había orientado a su vasallo:

– Sólo la experiencia de una larga vida puede inspirar las respuestas que me has dado. Yo, M´ Bomki, rey de Tula-Heela, declaro por mis antepasados que si uno de ustedes ha escondido a su padre, me lo puede confesar sin miedo. Le salvaré la vida al anciano y le ofreceré un puesto de honor junto a mí, pues acabo de comprender que un rey sin consejeros mayores es una fuerza ciega que golpea sin medida y se dirige a la muerte.

Se cuenta que a partir de aquel momento, los reyes africanos siempre se rodearon de un Consejo de Ancianos.

Cuento “El rey que quiso suprimir a los ancianos”, 2014.

Así entonces, aunque el cuento está destinado a los oídos de los más pequeños, éstos no juegan un papel en la historia. Ahora, a pesar de que este hecho es cierto en la mayoría de los ejemplos, también existen relatos en los que se reconoce la importancia de la niñez. Como muestra, el cuento procedente de Tanzania, “El ave mágica que hechizaba con su canto”, recogido en los inicios del siglo XX por el pastor Julius Oelke, nos introduce a un poblado sin nombre al cual cierto día llegó una extraña ave. A partir de ese momento, los sembradíos desaparecieron y el número de animales para la ganadería menguó con cada mañana. Ante esta desdicha, el pueblo se reunió para decidir la mejor forma de acabar con su sufrimiento. El jefe de la aldea ordenó a los ancianos afilar hachas y machetes y atacar al ave como un único hombre. Sin embargo, al acercarse a ella, “el ave entonó una canción dulce como la miel que caló en el corazón de los hombres al hablarles de un pasado que nunca habría de volver” (p.18). Desalentados por el canto, abandonaron su propósito y regresaron cabizbajos a casa. Molesto, el jefe mandó a los jóvenes a cumplir el mandato. Nuevamente, una melodía volvió a resonar entre los cerros. Los muchachos “escuchaban hechizados la canción que les hablaba de amor, de valentía y de las heroicas hazañas que les depararía el futuro. «Aquella ave no podía ser mala», pensaron” (p.18) y emprendieron el camino de vuelta. Desesperado, el jefe recurrió finalmente a los niños. Se dirigió junto con ellos al pie del árbol en el que se encontraba posada el ave y entre todos acometieron. En respuesta, el ave rompió a cantar, pero sólo el jefe detuvo su movimiento: los niños continuaron golpeando hasta que el ave huyó.

Esa noche el jefe organizó un gran festejo para recompensar a los niños por lo que habían hecho.

–Ustedes son los únicos que distinguen la verdad de lo que oyen y que ven con claridad –dijo–. Ustedes son los ojos y los oídos de la tribu.

Cuento “El ave mágica que hechizaba con su canto”, p.19.

“El ave mágica que hechizaba con su canto” del ilustrador Piet Grobler. Fuente: Mis cuentos africanos (2019), p.16.

Ahora bien, en los últimos años se ha comenzado a escribir en África literatura para niños (los dos casos anteriores pertenecen en sí al ámbito oral que se ha transmitido por generaciones). El primer relato escrito que quiero abordar se titula “Los reyes de Zookala” (2011) del autor camerunés Inongo Vi Makomè. Dicho cuento, a diferencia del próximo, sigue inspirado en la tradición popular de las narraciones africanas, pues aunque se ha dado una renovación de este género, muchos escritores actuales continúan con los esquemas y patrones típicos. El relato nos conduce a Zookala, reino africano que busca esposo para su princesa, de nombre Issoka. Cierto día se presentó en el palacio, sin embargo, un elefante dispuesto a pedir la mano de la heredera. La princesa y el Consejo de Ancianos aceptaron la oferta ante la promesa de Ndjoú, el elefante, de ser un buen rey y esposo. El pueblo festejó a lo grande el compromiso de Issoka, pero la celebración se llenó de comentarios sobre la curiosa unión que enfurecieron a la reina Meleka. Irritada, recriminó a su marido el aprobar esa boda. Akuta, el rey, contestó impasible: “-En este clan hubo matrimonios entre hombres y animales en el pasado. -Pero eso fue en el pasado. Hace mucho tiempo. Puede que ni siquiera sea verdad. Pueden ser simples leyendas -negó Meleka.” (p.39). En este punto, el rey Akuta le respondió con toda la sabiduría de sus ancestros (ya que, como en los cuentos orales, la intención del autor es transmitir la identidad y las historias tradicionales de su país a los niños):

-Esposa mía –dijo Akuta pausadamente-, ya te dije una vez que ningún pasado está muy alejado del presente ni del futuro. Los tres tiempos se relacionan. […] Yo soy un descendiente lejano del león y mis nietos serán hijos de un elefante. Son el pasado y el futuro que se unen pasando por el presente.

Vi Makomè, Cuento “Los reyes de Zookala, p.40.

Y, ahora sí, llegamos al caso de las nuevas narrativas para niños. En los últimos cuatro años se ha dado un auge de este tipo de literatura en todo el continente, con un mayor reconocimiento de editoriales en lenguas originarias que publican obras para niños (por ejemplo, la editorial ruandesa Éditions Bakame que difunde textos en lengua kinyaruanda). De hecho, en los países como Ghana, Nigeria, Malí, Ruanda, Burkina Faso y Benín existe un verdadero renacimiento del género en el que los pequeños son los actores principales. Una de las escritoras más célebres es Marguerite Abouet de Costa de Marfil, quien llegó a la fama con su Aya de Yopougon, la primera historia que ha dedicado al comic africano. En dicha línea, Akissi: Ataque gatuno es una historieta para niños en donde la autora reproduce sus memorias de infancia en Abiyán, capital del país. Con la intención de inventar un personaje con el cual las niñas y los niños se sintieran identificados, Abouet creó una verdadera aventurera que adora meterse en problemas mientras descubre el mundo que la rodea. En la serie de historias sobre Akissi, la protagonista educa en temas sobre la diversidad de culturas, la tolerancia y el compañerismo. Junto con sus amigos, Akissi enseñará a luchar contra los miedos, los rechazos, la discriminación y la segregación étnica-racial. De acuerdo con la escritora, su propósito era mostrar a los más pequeños cómo tratar a los demás con respeto, sin prejuicios ni distinciones de sexo, discapacidad, religión o raza. Así, la importancia de esta historieta africana ha trascendido su propio continente, pues las historias de Akissi han comenzado a traducirse a diferentes lenguas, entre ellas, el español. En ese sentido, la protagonista no sólo acerca a todos los lectores a la realidad de su país, sino que también interpela a los niños del mundo para construir una sociedad distinta. En sus propias palabras: “mis personajes son como cualquier otro, aventureros urbanos que deben vivir en el mundo que les rodea. Esto les exige una voluntad y una valentía enormes: el arte de vivir juntos, de tejer nuestros vínculos, de aceptarnos entre nosotros, es una lucha cotidiana”.

Fuente: Abouet, Akissi: Ataque gatuno (2019), pp.6-7.

En definitiva, la literatura para niños en África ha comenzado a florecer. Ahora, para terminar mi columna, señalaré otro de los ámbitos en los que se ha desarrollado: la deconstrucción de los prejuicios negativos y falsos que rodean al continente. De esta forma, se busca que los más pequeños no perpetúen estereotipos y sean capaces de apreciar la diversidad cultural y natural que caracteriza al África. Dentro de dicha iniciativa se encuentra Atinuke, una escritora de origen nigeriano que se ha desenvuelto en el campo de la literatura para niños. Su último libro, ¡Esto es África! País a país, ofrece una pincelada de los distintos países que integran el continente junto con pequeñas descripciones caricaturescas sobre cada uno. Según la autora, su intención al crear la obra fue complementar la escasa información que lo niños tienen sobre las diversas realidades africanas, un hecho que los conduce a menospreciar sus propias culturas. Si bien se dirige a niños, el texto no dulcifica las historias que cuenta e invita a reflexionar sobre la pre-concepción que se ha mantenido durante siglos del continente africano. Así, se tratan temas actuales como los efectos del cambio climático (por ejemplo, en la disminución del lago Chad), la esclavitud, la modernidad, las guerras, la riqueza histórica, entre otros. Por tanto, su definición de la sociedad somalí resulta innovadora:

A los somalíes les encanta la poesía. La recitaban pastoreando a sus rebaños y pescando en el océano hasta que llegaron la guerra, la sequía, el hambre y las grandes traineras extranjeras que se llevaban todos los peces. Hoy, algunos de esos pastores y pescadores son piratas y atacan a grandes cargueros a bordo de lanchas motoras. Pero los auténticos héroes de la nación son los poetas somalíes, que siguen creando poesía.

Atinuke, 2019.

El mapa de África diseñado por Mouni Feddag en ¡Esto es África! País a país.


Bibliografía

Abouet, Margarite. (2019). Akissi: Ataque gatuno. Ediciones SM.

Bajo Erro, Carlos. (29 de enero del 2020). “¡Esto es África! …, de mil colores”. Wiriko. Artes y culturas africanas.

El ave mágica que hechizaba con su canto. (2019). En N. Mandela (Ed.), Mis cuentos africanos (pp. 17-19). Ediciones Siruela.

El rey que quiso suprimir a los ancianos, cuento recogido por Amadou Hampâté Bâ. (2014). Revista África Fundación Sur.

Flying Eye Books. (2019). An interview with the Creators of Akissi: Tales of Mischief.

Mestre, Jorge. (1 de octubre de 2019). Aya de Yopougon: recuerdos felices de una marfileña. Bacanika.

Ruíz Cabrera, Sebastián. (18 de noviembre de 2016). “Literatura infantil africana: antídoto para la liberación”. Mundo Negro.

Vi Makomè, Inongo. (2011). Los reyes de Zookala. En Historias de una selva africana para Muna (pp. 36-40). Ediciones Carena.