Hay un camino muy largo de casa a Europa. Un pasado cruel, un presente extraño, uno o dos grandes desiertos, un mar, un océano, varias lenguas de distancia… -Aidoo, 2018, p.28.

Ama Ata Aidoo es actualmente una de las escritoras más revolucionarias de toda Ghana, una de las voces más contundentes que han surgido en la época pos-independentista del continente africano. Sus obras, tildadas de ‘radicales’, abordan un sinfín de temas desde la corrupción, el colonialismo y la opresión de género. Debido a la importancia de su producción, abordaré su primera novela publicada en 1977, Our Sister Killjoy, traducida años después como Nuestra hermana aguafiestas, la única que puede leerse hoy por hoy en español. Sin embargo, al momento de su impresión no gozó de gran reconocimiento ni siquiera dentro de los círculos literarios africanos, pues resulta una obra cargada de fuertes críticas no sólo al colonialismo, sino también a la era de las independencias en África y al sistema patriarcal que perpetuaron. De hecho, el texto evidencia la perversión que ha caracterizado a los regímenes resultantes de los movimientos de emancipación de cada país africano, y pone en descubierto a una Europa, paternalista y falsamente benevolente, que intenta borrar una historia marcada por la esclavitud y el imperialismo. A propósito, en un breve ensayo incluido en la versión castellana de la novela, Aidoo afronta la serie de dificultades que representa ser una escritora negra cuyos personajes principales son siempre femeninos (en un mundo literario acostumbrado al heroísmo de los hombres). Además, denuncia la poca aceptación que tuvo Our Sister Killjoy dentro de África, con autores familiarizados a una crítica realizada sólo por su mismo sexo:

Estoy convencida de que si Aguafiestas o algo similar lo hubiera escrito un hombre […] nadie hubiera cerrado un ojo en este último par de años (por culpa del ruido que se hubiera montado al respecto).

Seguramente mis hermanos y colegas saben de sobra que lo único importante es la recepción crítica de un libro, no necesariamente que reciba beneplácitos. Cuando un crítico se niega a hablar de tu obra es un acto de violencia. Te está deseando la muerte en tanto persona creativa.

Aidoo, 2018, p.208.

Así, con respecto a Our Sister Killjoy, la novela representa, desde una perspectiva “feminista” y poscolonial, una deconstrucción de la obra de Joseph Conrad, El corazón de las tinieblas, de 1899. En lugar de un joven blanco europeo que se adentra al exotismo de un nuevo continente, el texto de Aidoo tiene como protagonista a una estudiante que viaja a Europa para conocer el lado más oscuro del mundo occidental. Dicha crítica la realizará, además, a partir de un estilo narrativo poco convencional, entremezclando géneros, alternando entre la poesía y la prosa. Sissie, quien al igual que Aidoo recorre Europa durante su juventud, vive en carne propia el racismo con sólo poner un pie en el continente: “de pronto se dio cuenta de que una mujer le estaba diciendo a una niña pequeña, que debía de ser su hija: «Ja, das schwarze Mädchen». Con el poco alemán que le habían aconsejado que estudiara para su viaje, entendió que «das schwarze Mädchen» quería decir «chica negra». Se quedó desconcertada. ¿Chica negra? Así que miró a su alrededor, esta vez con mucha atención. Y le cayó encima de golpe” (2018, p.34). Y es que existe una marcada diferencia, no evidente a simple vista, en la concepción de los hombres y de las mujeres africanas. Debido a las mayores oportunidades que brinda el sexo masculino, ellos podían educarse o viajar (aunque también es cierto que miles fueron arrastrados a una guerra que no era la suya). Por tanto, como demuestra a lo largo de su novela, la sola presencia de Sissie resultaba todo un fenómeno que congregaba multitudes, ya que los occidentales estaban más acostumbrados a los hombres negros, hablaran o no las lenguas europeas (como los altos funcionarios de gobierno o los soldados africanos):

No eran tan exóticos. Mientras que Nuestra Hermana no sólo era mujer, sino que no hablaba ni una palabra de alemán. […] Pero la señorita africana, ah…h…h… ¡mira su vestido!. Qué preciosidad. Y la señalaban con el dedo, apuntando su sonrisa. Su nariz. Sus labios. Les brillaban los ojos y ni suponían que ella pudiera sentirse incómoda.

Aidoo, 2018, p.74.

En dicha línea, la autora critica también el mantenimiento de ciertas instituciones extranjeras en el continente tras la independencia de los países africanos, pues todavía ejercen poder sobre la población autóctona. Así, en el pasaje donde la protagonista se presenta a Marija, una señora alemana con la que compartirá largas tardes de ciruelas y comida fría, Sissie reflexiona sobre la importancia de los nombres, esa primera señal de identidad adquirida al nacer; y recuerda cómo los ghaneses (al menos por esa época) se veían obligados a cambiar los suyos, instados por una Iglesia de corte inglés (ya que Ghana fue durante siglos una colonia británica bajo el nombre de ‘Costa de Oro’). Además, Sissie apunta con tristeza cómo los nombres tradicionales de su país, relacionados con su historia y sus creencias, caen poco a poco en el olvido. Aquí un fragmento (Aidoo, 2018, pp.53-53):

Señor,

permítenos a tus siervos partir en paz

hacia nuestro descanso

hacia nuestro olvido, y no atrevernos

jamás a esperar

que ángeles que pasan lista en

Latín -muy probablemente-

tengan que retorcer sus delicadas lenguas

en torno a nombres como

Gyaemehara

puesto que, Dios bendito, tus

ángeles, como tú, son

occidentales

europeos

ingleses, para ser exactos.

Y no hay otra clase de

ángeles, salvo

Lucifer, pobre diablo negro.

Los comentarios afilados de la autora contra Europa no terminan ahí. Si bien la misma Aidoo acepta que el papel de la mujer en Ghana no ha sido equiparable al de los hombres ni siquiera en la Antigüedad; la educación, los estereotipos y los valores impuestos hoy en día a las africanas sí tienen como base la época colonial (una denuncia que puede encontrarse también en la poesía de Alda Lara): “en casa la mujer tenía claro cuál era su posición y todo eso. Por supuesto, esto ha sido así, en todas partes, la mayor parte del tiempo. Pero ¿acaso no era su posición entre nosotros un poco más compleja que la de las muñecas que traían consigo los colonizadores, que se desmayaban al ver sus propios dedos sangrar […]?” (Aidoo, 2018, p.172). Asimismo, acomete directamente en contra de esa falsa imagen occidental de ‘modernidad’ que dicta los cánones de civilidad política, económica y social (pues es quien decide qué es lo “correcto” para todo el mundo aún en la actualidad). Aquí señala algunas de sus contradicciones: “quemar granjas de la gente, envenenar sus ríos y matar todos sus árboles y plantas como parte del esfuerzo para salvarlos de una filosofía perversa. Dar a los hermanos metralletas y otras armas pesadas porque quieres evitar que se degüellen unos a otros. Construir artefactos peligrosos que pueden destruir la tierra entera en un minuto para salvaguardar la paz” (2018, p.170). De esta manera, apunta que Occidente siempre ha estado en la búsqueda permanente de una sola cosa:

Poder, chico, poder.

Porque de esto es de lo que va todo.

Poder para decidir

quién debe vivir,

quién debe morir,

dónde,

cuando,

cómo.

Aidoo, 2018, pp.35-38.

No obstante, los regímenes surgidos tras los movimientos de independencia africanos también son blanco constante de sus acérrimas críticas. Aidoo denuncia una y otra vez los excesos de los políticos africanos quienes, o se subyugan a intereses extranjeros o establecen dictaduras que siempre terminan afectando a la población. En aquel viaje, Sissie presencia los esfuerzos de sus compatriotas por agradar a los europeos, en busca de reconocimiento. Así, durante una cena con un Primer Secretario, se da cierta situación: “había un africano soltero, un compatriota suyo. Ella no tenía la menor idea de quién era y no se enteró de su nombre de pila cuando se lo presentaron. […] No paraba de reírse, incluso cuando no había nada de lo que reírse. O cuando a ella le parecía que no había nada de lo que reírse” (Aidoo, 2018, p.29). De hecho, a lo largo de su estadía por Inglaterra, la protagonista se topa con gran número de africanos viviendo precariamente, con sueldos mínimos que no los salvan de la discriminación y la pobreza. Al principio no logra entender qué los motiva a dejar su hogar (pues muchos de ellos han emigrado por iniciativa propia persiguiendo un falso sueño de progreso y bienestar): “nuestra hermana. […] Tan increíblemente ingenua entonces. Con el tiempo llegaría a entender que estas migraciones son parte de la ilusión colectiva por parte de una población oprimida acerca de lo bien que se lo pueden montar en otro sitio. Corriendo a toda velocidad para seguir parados, para siempre, en el mismo sitio” (2018, p.135). En realidad, las palabras más duras van dirigidas a los políticos africanos y a su clase privilegiada, a su corrupción y a sus abusos (como Daniel Obinim, que le ha seguido los pasos a la iglesia católica y ha fundado su propio imperio en Ghana, la Iglesia Internacional del Camino de Dios, haciéndose rico a costa de los fieles. Incluso ha llegado a afirmar que Jesucristo le ha concedido más de veinte casas, ocho Range Rovers, cinco todoterrenos ligeros y tres Chrysler). La indignación de Aidoo es palpable (2018, pp.93-94):

Tenemos que cantar y bailar,

Porque algunos africanos han triunfado.

LA EDUCACIÓN RESULTA HOY EN DÍA

DEMASIADO CARA. EL PAÍS NO SE PUEDE PERMITIR

QUE SEA GRATIS

PARA TODO EL MUNDO.

¡Dios bendito!

¿Y qué hacemos entonces

con los niños que no pueden ir a la escuela

cuando

nuestros representantes e intérpretes,

los académicos mediocres

y los políticos de pacotilla

se lo pasan divinamente

sonriendo en fiestas de cóctel

y en torno a mesas de conferencias?

Pero al menos ellos han triunfado, ¿no?

Ni nos importa

que cuando vuelven a casa

después de haber hipotecado el país

para mil y un años

de vivir a nuestra costa

con barcos capitalistas y aviones fascistas

nos

digan

que

el agua de sus pozos sépticos

es mejor que la que beben los

campesinos…

Así entonces, Our Sister Killjoy está cargada de constantes críticas político-sociales. Si bien las cuestiones de género las abordaré en una próxima columna (por razones de espacio en la presente), no resulta difícil entender por qué la novela ha sido una de las más revolucionarias del continente en los últimos años, y por qué ha comenzado a ganar un mayor reconocimiento dentro de los círculos académicos de Ghana. Un hecho que a la misma Aidoo no parece interesarle demasiado, ya que también ha denunciado los malos tratos que ha sufrido en las universidades de su propio país: “Sissie, tú ya sabes cómo son las cosas en casa. A la gente le fascinan los títulos. Así que, aunque a mí me da igual que me llamen Doctor-lo-que-sea, tendrás que admitir que sólo empiezan a tratarte como un ser humano cuando tienes un doctorado” (2018, p.177). Como marco de esa entrada posterior, anexo por último un pasaje descrito en el ensayo-epílogo de su obra, donde evidencia haber sido invitada, en calidad de oyente, a un panel sobre violencia en el que todos los ponentes presentados eran hombres. Tal cual relata, aquellas acusaciones de género que enmarcan su novela, publicada ya para ese entonces, permanecieron ignoradas a pesar de su vigencia:

Sin pararme a pensar, se lo comento a la persona sentada a mi lado, un profesor de universidad.

Colega: «Ya, ya, ahora que lo dices…

               Pero está bien, ¿no?».

Yo: «¿Ah, sí?».

Colega: «Claro… y además, ¿qué hay de malo en que los cuatro ponentes sean hombres?».

Yo: «Nada, sino fuera porque le piden a una mujer que les dé las gracias».

Colega: «Hm, ya te entiendo. Pero, hermana, ¿qué sabéis las mujeres de violencia

Aidoo, 2018, p.203.

Portada del libro Our Sister Killjoy de Ama Ata Aidoo en 1977.


Bibliografía

Aidoo, Ama Ata. (2018). Nuestra hermana aguafiestas. O reflexiones desde una neurosis antioccidental (Trad. Marta Sofía López). Cambalache Narrativa.

Alcojor, Aurora. (10 de enero del 2019). Nuestra hermana aguafiestas. Por fin en África.

Bajo Erro, Carlos. (16 de octubre del 2018). La madrina de la literatura feminista no es una aguafiestas. Wiriko. Artes y culturas africanas.

Clavarino, Tomaso. (13 de marzo del 2018). Lujo, fieles y resurrecciones en las iglesias cristianas de Ghana. El País.