¿Conoces a Juan José Arreola? El día de hoy Fidel Kevin Flores Benitez nos comparte un interesante ensayo para conocer más acerca de su obra.

Centro Universitario del Sur
Departamento de Ciencias Sociales y Humanidades
Licenciatura en Letras Hispánicas
Fidel Kevin Flores Benítez

Juanito el Recitador: De ser autodidacta, al nacimiento de un gran escritor y actor

Para enriquecer el ensayo, falta conocer la vida menos afamada de Juan José Arreola, a menos que el lector sea atento y curioso de seguir la trayectoria del autor, no solo en sus textos, sino también en la biografía del autor.

Juan José Arreola nació el 21 de septiembre de 1918 y falleció el 03 de diciembre de 2001; y es a la edad de 10 años que comenzó a escribir. Abandonó la primaria a una edad temprana porque los cristeros habían tomado las escuelas, acción que impulsó a que Arreola fuera autodidacta; antes de dejar el colegio, le gustaba memorizar poemas en los festivales para recitarlos delante de todos, por lo que se ganó el apodo de “Juanito el Recitador”.

A lo largo de su vida, tuvo múltiples empleos, tales como aprendiz de encuadernador, autoempleado (atendía un local de su propiedad), cobrador, obrero del campo, vendedor de tepache, panadero, periodista, conductor de TV, herrero, entre otros trabajos, sin embargo, Arreola mencionaba que, al pertenecer a una familia dedicada a los oficios del arte, el don de la creación se trasladó a sus textos: “Soy herrero por parte de mi madre y carpintero a título paterno. De allí mi pasión artesanal por el lenguaje” (1971 8).

Cabe mencionar que fue actor antes que escritor, pues al cumplir los 17 años de edad se mudó a la Ciudad de México para estudiar teatro en el Palacio de Bellas Artes, donde conoció a Fernando Wagner, Rodolfo Usigli y Xavier Villaurrutia (admirador de Ramón López Velarde). Por su dedicación y esfuerzo, en el año de 1914, le otorgaron al actor zapotlense una beca para estudiar Arte Dramático en Francia:

Sería injusto si no mencionara aquí al hombre que me cambió la vida. Louis Jouvet, a quien conocí a su paso por Guadalajara, me llevó a París hace veinticinco años. Ese viaje es un sueño que en vano tratará de revivir; pisé las tablas de la Comedia Francesa: esclavo desnudo en las galeras de Antonio y Cleopatra, bajo las órdenes de Jean Louis Barrault y a los pies de Marie Bell (10).

Infortunadamente, no todo fue un sueño como él lo comentó, puesto que su estancia como estudiante en París, no fungió como lo esperaba. Vivía en un departamento donde no había luz ni agua y por incomodidades tuvo que regresar a México. A la llegada a su tierra natal, colaboró como corrector en el Fondo de Cultura Económica (FCE): “A mi vuelta de Francia, el Fondo de Cultura Económica me acogió en su departamento técnico gracias a los buenos oficios de Antonio Alatorre, que me hizo pasar por filólogo y gramático” (10).

DE ACTOR A ESCRITOR

Cuando Arreola cumplió 23 años, en 1941, se publicó su primer cuento en un periódico de Zapotlán el Grande, Jalisco. Ocho años más tarde, se publicaría su segundo texto, o sea, Varia invención (1949), escrito comparado con una llama delgada, pobre y temerosa; de ahí el nombre del cuento. En opinión de Felipe Vázquez: “Los mejores cuentos de Arreola son los breves, ya que es compacta, sintética y formal” (Canal once 2017).

Borges, en un viaje que realizó a México, conoció a Juan José Arreola y, como era de esperarse, se hicieron amigos. Entre sus diálogos, Borges comentó que a él le hubiera gustado escribir el cuento El guardagujas, pues el argentino clasificaba ese cuento como único. El orgullo que tuvo Juan José entre sus escritos fue Confabulario (1952), pues se publicó no solo en México, sino también en Hispanoamérica; gracias a esa difusión comenzó a ser conocido.

Por otra parte, debido a sus aportes literarios y concursos en los que fue partícipe, Juanito el Recitador logró importantes reconocimientos, en los que destacan: el premio Internacional de Literatura Juan Rulfo (1992); el premio Xavier Villaurrutia (1963) y finalmente, pero no menos importante, el Nacional de Letras y Lingüística (1979).

LA DIVULGACIÓN CULTURAL DE JUAN JOSÉ ARREOLA

La Casa del Lago, ubicada en el Bosque de Chapultepec en la Ciudad de México, fue fundada por Arreola en 1959, por ende, nombraron al zapotlense como director y fundador. Asimismo, instituyó el cine de arte, exposiciones de pintura, música, obviamente el ajedrez, así como la literatura.

La Casa del Lago era constantemente visitada y animada por personajes importantes como Fernando del Paso (quien, en su juventud, fue alumno de Juan José Arreola), José Emilio Pacheco, Carlos Monsiváis, Sergio Pitol, entre otros literatos. Así que, por la asiduidad de convivios que organizaban los escribanos ya mencionados, el conjunto de escribientes ya eran conocidos como la Generación de la Casa del Lago.

UN AUTOR FAVORITO DE ARREOLA PRESENTE EN SU CUENTO PUEBLERINA

El cuento de Juan José Arreola, relacionado con una transformación es, sin duda, Pueblerina. Sin embargo, aunque el texto lleve tal nombre, el cuento no tiene toros (solo don Fulgencio, un hombre que, literalmente, de la noche a la mañana, a modo de interpretación, es transformado en un toro), ni torero ni una plaza taurina. Don Fulgencio, como ya mencioné, es convertido en un animal con cuernos, un ser antropomorfo que no le causa revuelo dicha metamorfosis, pues cuando despierta y nota los cambios que sufrió su cuerpo, únicamente decide cepillar los cuernos que le salieron en su cabeza, como si fuera una actividad cotidiana, empero de carácter fuerte cuando salía de su casa y se enfrentaba a la sociedad para defenderse de las burlas de la gente:

Y don Fulgencio embestía a diestro y siniestro, contra todos, por quitarme a mí esas pajas. A decir verdad, nadie le echaba sus cuernos en cara, nadie se los veía siquiera. Pero todos aprovechaban la menor distracción para ponerle un buen par de banderillas; cuando menos, los más tímidos se conformaban con hacerle unos burlescos y floridos galleos (1971 42-43).

Ahora bien, estoy seguro que el lector deduce a qué autor Arreola quiso hacer referencia. Cuando leí este cuento, recordé la novela del abogado y escritor judío Franz Kafka, ya que, en el principio de La metamorfosis, Gregorio Samsa despierta transformado en un insecto, es decir, no tiene representación antropomorfa de insecto ni era una forma híbrida entre humano e insecto, solo en insecto con una figura convexa en el estómago, característica principal de los artrópodos:

Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, encontróse en su cama convertido en un monstruoso insecto. Hallábase echado sobre el duro caparazón de su espalda, y, al alzar un poco la cabeza vio la figura convexa de su vientre oscuro. Innumerables patas, lamentablemente escuálidas en comparación con el grosor ordinario de sus piernas, ofrecían a sus ojos el espectáculo de una agitación sin consistencia (2006 15).

Mientras tanto, en el cuento de Pueblerina, don Fulgencio también despierta convertido en una forma animal, pero con una sola diferencia: el personaje no es un “toro” (en el primer párrafo menciono que es un toro por las embestidas que se dicen en el cuento, ya que incluso, pudiera ser un macho bovino de otra especie; el lector le puede dar una interpretación diferente al personaje), sino un hombre con características del bovino:

Al volver la cabeza sobre el lado derecho para dormir el último, breve y delgado sueño de la mañana, don Fulgencio tuvo que hacer un gran esfuerzo y empitonó la almohada. Abrió los ojos. Lo que hasta entonces fue una blanda sospecha, se volvió certeza puntiaguda. Con un poderoso movimiento del cuello don Fulgencio levantó la cabeza, y la almohada voló por los aires. Frente al espejo, no pudo ocultarse su admiración. Como tener cuernos no es una razón suficiente para que un hombre metódico interrumpa el curso de sus acciones, don Fulgencio emprendió la tarea de su ornamento personal, con minucioso esmero, de pies a cabeza (1971 44).

Cabe advertir que el cuento Pueblerina de Juan José Arreola y La metamorfosis de Franz Kafka pudieran tratarse de una intertextualidad, ya que Kafka era un autor que Arreola disfrutaba leer en su juventud:

No he tenido tiempo de ejercer la literatura. Pero he dedicado a todas las horas posibles para amarla. Amo el lenguaje por sobre todas las cosas y venero a los que mediante la palabra han manifestado el espíritu, desde Isaías a Franz Kafka (10).

Ahora, para dar cierre a este ensayo, es menester explicar al lector que, como se pudo dar cuenta, Arreola es una caja misteriosa, desde su vida transitada hasta en sus escritos más rigurosos, pues aunque fue interpretación de parte de su servidor, por ejemplo, la intertextualidad entre Pueblerina y La metamorfosis, estoy seguro que Juan José ha escondido otros gustos de su vida en sus escritos. Ya lo comentó mi maestro el Dr. Vicente Preciado Zacarías: “Arreola es el gran desconocido”.

Cómo no advertir al lector la necesidad de repasar las obras de Juan José Arreola, leyéndolas y releyéndolas una y otra vez hasta llegar a descubrir nuevos enigmas. Me complace mencionar que el leedor no volverá a hojear a Juanito el Recitador de la misma manera.

Referencias

Arreola, Juan José. Confabulario. Ciudad de México: Editorial Planeta Mexicana, S.A. de C.V. 1971. Impreso.

Arreola, Juan José. De fábulas, parábolas y prodigios: Cien años de Arreola. Guadalajara, Jalisco: Editorial Universitaria, 2018. Impreso.

Historias de vida – Juan José Arreola. YouTube, subido por Canal Once, 5 de abril de 2017, https://www.youtube.com/watch?v=Ldk0TKh7NhM Kafka, Franz. La metamorfosis. Ciudad de México: Editorial Colofón, 2006. Impreso.

Kafka, Franz. La metamorfosis. Ciudad de México: Editorial Colofón, 2006. Impreso.